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Chagall veranea en el Museo Ruso

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'El Paseo', una de las obras emblemáticas de Chagall. / Salvador Salas

  • La franquicia de Tabacalera estrena tres nuevas exposiciones con el artista de vanguardia como principal reclamo

Decía Federico García Lorca que él era poeta “por la gracia de Dios -o del demonio”. Marc Chagall era apenas un crío cuando decidió echar mano del primero para elevar una súplica: “Señor (…) haz que se revele mi pobre alma de niño tartamudo. Muéstrame mi camino. No quiero parecerme a los otros, quiero ver el mundo a mi manera”. Y ese camino le llevó por el terreno de la fantasía cuando los demás eran conducidos como borregos por el realismo al servicio del poder y de la patria. Mientras otros pintaban fábricas lustrosas y obreros felices, él se dejaba llevar por parejas azules de enamorados, por un paseo entre las nubes, por judíos de barba rojo sangre como una metáfora bien elocuente. Ahora Chagall pasa el verano en Málaga como principal reclamo en la renovada oferta del Museo Ruso, que de una tacada ha presentado tres nuevas exposiciones: una en torno a Chagall, otra sobre Cervantes y El Quijote y otra más alrededor del arte contemporáneo ruso.

Tres exposiciones y tres días de puertas abiertas (este viernes, sábado y domingo, de 9.30 a 20.00 horas) para conocer lo nuevo de la Colección del Museo Ruso. Conviene, por tanto, ir por partes. En cuanto a 'Chagall y sus contemporáneos rusos', el proyecto anuncia ya desde el título que el artista no estará solo. Más bien, todo lo contrario. No en vano, de las casi 60 obras que ofrece el montaje, apenas 16 llevan la firma del autor que sirve de gancho. “Presentamos no sólo las obras de nuestra colección, sino obras de coleccionistas privados de Rusia y de Europa que se conocen muy poco”, explicaba esta mañana la comisaria de la muestra Evgenia Petrova.

  • Vídeo.Inauguración de la muestra de Chagall en Málaga

Piezas casi todas de la etapa inicial de Chagall entre las que destacan, eso sí, algunas un poco más tardías, como 'Paseo' (1917), 'Judío en rojo' (1915) y 'Amantes azules' (1914). Junto a ellas, autores como Nathan Altman (cuyo autorretrato de 1912 ya pudo verse hace unos meses en el Museo Ruso), Robert Falk y Vera Pestel.

Las obras de Chagall ocupan el tramo final del paseo y sirven de pasarela hacia la siguiente propuesta del Museo Ruso: 'Resistencia, tradición y apertura'. Aquí una sugerente aproximación al arte ruso de las últimas cuatro décadas a partir del discurso planteado por Juan Francisco Rueda. A partir de 41 obras de 25 artistas, la muestra sobre el arte contemporáneo ruso se asoma a las propuestas que, justo por estar alejadas del discurso oficial, quedaron fuera de las colecciones de instituciones oficiales como el propio Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

El proyecto pretende, en palabras de Rueda, “ofrecer una visión muy panorámica para poder mostrar el arte ruso del último medio siglo”. La muestra se abre con guiños pop como la campesina convertida en modelo de portada en 'Vogue' (1999) de Igor Basakov y la escultura de Leonid Sokov 'Encuentro de dos culturas' (1987-1994) que enfrenta a Lenin con uno de los personajes escuálidos de Giacometti. Ahí estaría la resistencia de la que habla en primer lugar el título de la exposición, que luego pasa a la tradición recuperada por autores como Blinov o Yakolev, que regresaron a asuntos como la religión o el conceptualismo (proscritos durante el régimen soviético) como una suerte de declaración de intenciones. Y desemboca la muestra en la apertura que a partir de los años 80 asimilaría el arte ruso a la contemporaneidad. Desde la pintura matérica de Chemiakin hasta el expresionismo de Yakolev, pasando por la revisión de la pintura como soporte artístico que asume Punsenkoff.

De ese arte contemporáneo gira el Museo Ruso en una pirueta hacia Cervantes y El Quijote en una exposición que toma como excusa el cuatro centenario de la muerte del escritor para reunir más de medio centenar de obras procedentes del Museo de San Petersburgo. Piezas de filiación bien diversa. Reina aquí el cuadro del Ingenioso Hidalgo a cargo de Helium Korzhev, aunque bien merecen una parada detenida las acuarelas de Ilya Repin y los grabados de Ilya Bogdesko.

Mucho que ver -y que digerir- en el Museo Ruso este verano. Así que habrá que tener cuidado con los cortes de digestión, que los carga el diablo.