Diario Sur

D.Darko 'vs' Montijano: pelea de arte a pie de calle

D.Darko oculta su rostro con las tenazas que emplea para sortear algunas alambradas
D.Darko oculta su rostro con las tenazas que emplea para sortear algunas alambradas / Álvaro Cabrera
  • Los jóvenes creadores malagueños unen sus propuestas en la nueva exposición de la galería El Pacto Invisible

«Esto no es una pose, esto ha caído ahí». D.Darko asiente con la cabeza en silencio después de soltar la frase como quien suelta un arma, una navaja, un cincel y un martillo como los que usó durante horas en esa pared para escribir a golpes la palabra ‘POETRY’ (poesía), ahora impresa en el marrón del muro que asoma bajo la mampostería blanca. Lo que ha caído en el suelo, lo que señala D.Darko, son los restos de pintura y yeso de la pared.

También ha quemado, con disolvente en una mano y agua en la otra, un bastidor de madera con un lienzo tensado en su perímetro ahora ennegrecido. Hay cuatro metros de alambrada y concertinas pintadas que le llevó semanas comprar a una empresa malagueña para pintarla en dorado. Hay 50 metros de soga de cáñamo y tres horas de trabajo envolviendo como un cíngulo una de las columnas del patio interior. Es una de las piezas de Marc Montijano, que libra con D.Darko un combate sugerente y vibrante, una lucha por el espacio, en el espacio de la galería El Pacto Invisible.

Marc Montijano combina la performance con la fotografía y la pintura.

Marc Montijano combina la performance con la fotografía y la pintura. / Álvaro Cabrera

La sala de Carretería reúne dos trayectorias en apariencia muy distintas pero con nexos evidentes: el grafitero D.Darko (1981) y el ‘performer’ Marc Montijano (1978). Dos jóvenes artistas malagueños firman ‘D.Darko vs. Montijano’, la exposición que podrá visitarse hasta el próximo 17 de septiembre y que combina las propuestas de ambos, juntas pero no revueltas. Ni siquiera en la sala compartida por ambos, el «cerebro de este experimento» en palabras de D.Darko, con el hemisferio derecho para Montijano y el izquierdo para D.Darko.

En el primero, el radiocasete lleno de pintura que Montijano coloca bajo el caballete cuando pinta, sus anotaciones para los proyectos, los metros de soga que compra en una tienda a la ribera del Guadalmedina donde deben pensar que está loco. A la izquierda, el pasamontañas, las tenazas enormes, los botes de ‘spray’ y las bambas negras de D.Darko, más amigo de mirar que de hablar. Aun así, se arranca: «Hemos querido usar el espacio hasta los últimos límites». Ese uso del espacio, el viaje de ida y vuelta que ambos emprenden entre la escena pública de la calle y el recinto privado de la galería, surge como uno de los vasos comunicantes entre ambos autores.

Otro llega desde cuestiones como la destrucción, el dolor, el arte como acción o el concepto de lo efímero. En relación a esto último, Montijano ofrece una muestra de por dónde pueden ir sus tiros en el futuro. Una pintura, una equis marrón realizada con el café de la mañana, empleado como tinta para escribir un texto místico que, con el paso del tiempo, irá desapareciendo, quizá, como algunos grafitis de Darko.

La vertiente mística da paso en Montijano a las piezas incluidas en su ‘Proyecto 47’. Sus característicos encapuchados con sogas alrededor del cuerpo sostiene aquí, a modo de una Piedad sin rostro, los cuerpos yacentes de mujeres desnudas en una serie que encuentra una de sus espoletas en el artículo de la Constitución que presenta el derecho de cualquiera a tener una vivienda digna. Y va a ser que no.

La nueva exposición de El Pacto Invisible hace convivir las dos propuestas

La nueva exposición de El Pacto Invisible hace convivir las dos propuestas / Álvaro Cabrera

Y justo esa mirada sobre lo que acontece en la calle aparece como una nueva línea de exploración para El Pacto Invisible, que va camino de su segundo aniversario. «Contactamos con D.Darko porque queríamos dar un giro de tuerca y ser más arriesgados», avanza Gregorio Martínez, uno de los promotores de la galería del entorno de la calle Carretería. «Creíamos que nos había faltado perspectiva social, no permanecer indiferentes ante determinadas realidades», abrocha el galerista.

Realidades dolorosas, a menudo escurridizas, ambiguas, como los «poemas visuales» elaborados por D.Darko. Al fin y al cabo, cada una de sus piezas en la exposición lleva por título ‘Poema’ y un número. Salvo una, bautizada como ‘Last poem’ (Último poema), la inscripción grabada sobre una bala dorada cuya sombra, proyectada en la pared, se confunde con una barra de labios.