Inquisición rima con Internet

El fotógrafo Joan Fontcuberta, ayer, en la sala Italcable con una de las piezas de ‘Googlegramas’ sobre el 11S.
El fotógrafo Joan Fontcuberta, ayer, en la sala Italcable con una de las piezas de ‘Googlegramas’ sobre el 11S. / Francis Silva
  • Joan Fontcuberta alerta de las nuevas formas de censura en la exposición ‘Ad Litteram’ en la sala Italcable

  • El fotógrafo catalán reúne las series ‘Deletrix’ y ‘Googlegramas’, en las que planea la idea común del control de la información y el papel del ciudadano

Recibió ayer un sms que le extrañó: «Vuelo retrasado por problemas metereológicos en destino». A botón seguido, Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) recibía una llamada desde Málaga, la ciudad de aterrizaje hacia la que todavía no había despegado. Y aunque la comunicación era para una entrevista sobre la exposición que lo traía volando con retraso a la Costa del Sol, él también tenía preguntas para el plumilla: «¿Qué tiempo hace en Málaga?». «Despejado y soleado», fue la respuesta a ojo. «¡Tú ves! De eso va la idea central de la muestra, del control de la información y de la censura», exclamó el fotógrafo catalán, al que los pequeños detalles le dieron ayer la razón sobre la tesis de la exposición fotográfica ‘Ad Litteram’, que se inauguró con la presencia del propio autor en la sala Italcable del Edificio Mena, sede en Málaga de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

La muestra, que está comisariada por Nathalie Pariente, es, en realidad, un dos en uno ya que congrega en el mismo espacio sendas series en las que ha trabajado el artista, historiador y Premio Nacional de Fotografía en la última década: ‘Googlegramas’ y ‘Deletrix’. «Aunque se habían exhibido de forma colectiva, esta es la primera vez que ambas propuestas se exhiben en diálogo directo», señaló Fontcuberta, que ilustra los peligros de la nueva era digital, la cual ha creado a su vez sus propios métodos inquisitoriales.

Así, ‘Googlegramas’ formula llamativas imágenes, como las torturas en Abu Ghraib, que es rescatada a través de una aplicación de mosaico de imágenes formada por pequeñas fotos elegidas por el propio buscador aleatoriamente y relacionadas con el tema central del maltrato y la guerra. «Internet es ese mundo duplicado en el que todo existe y del que aparentemente nos beneficiamos, pero que no deja de ser una utopía porque cuando nos fijamos está lleno de errores y de control de la información», sostiene el fotógrafo que desmonta el mito de Google como archivo universal al recordar la censura del propio capítulo de las torturas en la guerra de Irak cuando las fotos de los maltratos desaparecieron del buscador y fue la presión pública la que hizo que la plataforma no ocultara aquellas imágenes.

Ese trasfondo es también el que se prolonga hacía la serie ‘Deletrix’, en el que muestra la censura ejercida contra textos escritos, tomando como origen la forma de actuación de la Inquisición. «Muestro esas páginas expurgadas que son un acto de violencia contra la información, pero también se observa como un elemento gráfico de pintura abstracta al tachar e intentar eliminar esos textos», explica el reciente Premio de la Fundación Hasselblad –considerado el Nobel de la fotografía–, que añade que, frente a esta huella visual de tiempos pasados, sostiene que la «conducta del inquisidor sigue latente en nuestro ADN».

Perdida de posición

Yde nuevo, Fontcuberta recurre a la actualidad más caliente para apoyar su propuesta con las filtraciones de las conversaciones del Ministro del Interior con el responsable de la Oficina Antifraude de Cataluña. «Hoy el control de la información no se ejerce con el tachón, sino con el acceso difícil a la información que supone que este tema sea menor para algunos medios de comunicación cuando es el tema político del momento», ilustra el autor, al que le preocupa el lugar que ha perdido la instantánea en la era digital y de la masificación de las imágenes. «Antes teníamos la foto para comprobar que algo existía, pero ahora si queremos demostrar que algo es real lo buscamos en Google», constata el fotógrafo, cuya obra forma parte de las colecciones del MoMA, el Centre Pompidou o el Museo Reina Sofía.

Pero como apunta el título de la muestra, ‘Ad Litteram’ –al pie de la letra–, ese gran demiurgo que es el gran buscador de Internet no es más que un archivo sometido a las nuevas leyes de la censura. Una acumulación de información ante la que el usuario no puede abdicar. «Corresponde al ser humano manejar estos datos y sacar las conclusiones», invita el fotógrafo que, por fin, recibe la llamada para su vuelo. Y sabe que no es porque el tiempo en Málaga haya mejorado súbitamente.