La Casa Natal expone por primer vez en 24 años una rara edición ilustrada por Picasso

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Exposición en la Casa Natal. / Fernando González

  • La exposición vincula las estampas para el libro ‘Le Chant des Morts’ con obras anteriores y posteriores del artista

Ningún enemigo más peligroso para el estilismo personal que las semanas de entretiempo. En apenas 48 horas se pasa del terral y los 40 grados a una brisa de poniente casi fresca y el resultado es un perchero donde la manga larga convive con el pantalón corto y las primeras sandalias con los últimos zapatos robustos. La Casa Natal de Picasso puede presumir de fondo de armario: su colección supera las 4.000 obras, más de 800 del ilustre malagueño. Y, sin embargo, cuesta creer que hasta ahora no se haya decidido a mostrar una de sus prendas más selectas: un ejemplar del libro de Pierre Reverdy ‘Le Chant des Morts’ (El Canto de los Muertos) que Picasso ilustró en 1948.

Fue una de las nueve obras que Christine Ruiz-Picasso regaló a la Casa Natal hace ya 24 años. Pero la nuera del genio encontró entonces más reciprocidad en la Junta de Andalucía que en la entidad municipal y acabó convirtiéndose en la principal mecenas, junto a su hijo Bernard, del Museo Picasso Málaga promovido por la Junta.

En este tiempo, el volumen nunca ha protagonizado una exposición, tal y como recordaba ayer el Jefe de Promoción Cultural de la agencia municipal que gestiona la Casa Natal de Picasso, así como las filiales del Centro Pompidou y del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo, Mario Virgilio Montañez, a la sazón comisario de la muestra ‘Picasso: el canto de los signos’.

Así, el montaje pone primera vez ante los ojos del público malagueño –y visitante– una pieza de extraordinaria singularidad. «De los 152 libros que ilustró Picasso, este es el único en el que recurre a elementos abstractos. En ese sentido, y dadas las presiones a las que quería someterlo el Partido Comunista, se trata de una gran declaración de independencia artística», argumentaba ayer Montañez durante la presentación del proyecto.

Aludía el comisario de la exposición al particular momento histórico en que Picasso alumbra las 125 litografías que ilustran ‘Le Chant des Morts’: «En 1948, el Partido Comunista le pide un arte al servicio de su propaganda política y Picasso quiso reafirmar su independencia creadora con estas obras. Hay quien las ha relacionado con las capitulares de los textos medievales, también se ha planteado su vínculo con el alfabeto coreano, pero lo cierto es que Picasso parece querer decir: ‘No tengo que contar nada’».

Porque, en esta ocasión, el relato va por cuenta de la nueva exposición de la Casa Natal. El montaje que podrá visitarse hasta el próximo 9 de octubre va un paso más allá de la exhibición de las ilustraciones picassianas para ‘Le Chant des Morts’ y pone en relación esos elementos abstractos con otras propuestas del genio, hasta el punto de revelar esas formas en apariencia aleatorias como el andamiaje de otras creaciones.

Plantea la Casa Natal ese discurso sin salir de su extensa colección y teje un proyecto de producción propia con fondos también propios que brinda sugerentes relaciones entre las ilustraciones de ‘Le Chant des Morts’ y obras tanto anteriores como posteriores en el tiempo. Así, ‘Picasso: el canto de los signos’ desvela cómo las siluetas de ‘Le Chant des Morts’ aparecen luego en grabados como el casi figurativo ‘El gran búho’ (también de 1948), en varios bustos femeninos de corte clasicista realizados el año siguiente, se insinúan en bodegones de muy diversa factura como ‘Naturaleza muerta con florero’ y ‘El bogavante’ (ambos de 1949) y se proyectan hasta brotar años después en ‘Paloma y su muñeca, fondo negro’ (1952) y ‘La madre y los niños’ (1953).

De este modo, la nueva propuesta de la Fundación Picasso combina diez estampas dobles de ‘Le Chant des Morts’ con otras 34 piezas de la colección municipal que ilustran «cómo Picasso reaprovecha esos signos como elementos compositivos en otras obras», en palabras de Montañez, comisario de un proyecto sugerente en lo conceptual y bien resuelto en lo expositivo.

Además, ‘Picasso: el Canto de los Signos’ echa la vista atrás desde las ilustraciones del libro que sirven de punto de partida y muestra las estampas picassianas realizadas en 1931. Una serie de puntos y líneas casi a modo de constelaciones, enigmáticas y libres, ideadas para otro volumen, el libro de Honoré de Balzac ‘La obra maestra desconocida’.

Algo así podría decirse, quizá con algo de hipérbole, sobre las estampas de Picasso que la Casa Natal pone, al fin, ante los ojos del público más cercano.