Alejandro Castillo, el 'chico de oro' del arte

Alejandro Castillo reúne en sus dos exposiciones casi 150 obras de diverso formato.
Alejandro Castillo reúne en sus dos exposiciones casi 150 obras de diverso formato. / Álvaro Cabrera
  • Hasta 24 coleccionistas han cedido obras para el doble proyecto expositivo del joven creador melillense

  • La Facultad de Bellas Artes y la Galería JM presentan la propuesta colorista, intensa y por momentos rabiosa de un autor bendecido por el mercado

Hay algo de animal agazapado en Alejandro Castillo. La mirada felina, las maneras pausadas, la voz tenue... Una mansedumbre que salta como un depredador sobre su presa, sólo que aquí la presa es el que mira sus cuadros, coloridos, intensos, entre infantiles y rabiosos, libérrimos, pura intuición. Una mezcla que ha seducido a sus profesores en la Facultad de Bellas Artes, al galerista Javier Marín y a un buen puñado de coleccionistas. Desde quien se ha hecho con piezas de gran formato hasta la niña de 11 años que el día de la inauguración en Bellas Artes logró que le compraran una pequeña pieza.

La mezcla de técnicas y el protagonismo de la masa pictórica marcan algunas de las pautas en la obra del joven artista melillense.

La mezcla de técnicas y el protagonismo de la masa pictórica marcan algunas de las pautas en la obra del joven artista melillense. / Álvaro Cabrera

No en vano, hasta 24 coleccionistas privados han prestado obras para nutrir la doble presencia de Alejandro Castillo (Melilla, 1992) en la cartelera expositiva. Lo destaca el profesor de Bellas Artes y artista Carlos Miranda, comisario de ‘my lovely forbidden rooms’, la muestra de Castillo en la facultad malagueña programada hasta el 1 de julio. En paralelo, el espacio ColumnaJM de la Galería de Javier Marín acaba de estrenar ‘Adrenalina bendita con mis pollos’, en cartel hasta el 30 de julio.

«Los cuadros tardan mucho en resolverse, por eso puedo trabajar con 20 o 30 piezas a la vez y al final unas y otras se van relacionando entre sí», avanza Castillo que entre ambos proyectos presenta más de un centenar de obras entre pinturas, dibujos, acuarelas y collages.

Una versatilidad que resalta Miranda: «Alejandro posee una extraordinaria capacidad para absorber lenguajes. Eso le hace evolucionar muy rápido, sin olvidar la amplitud de recursos que demuestra en su obra». Miranda se refiere a un tránsito que va desde las piezas donde el dibujo y el trazo marcan la pauta hasta las obras más recientes, protagonizadas por una carga de pintura que Castillo llega a aplicar sobre el lienzo desde el mismo tubo.

Estas últimas, más «salvajes, agresivas y violentas», en palabras del propio autor, reinan en ColumnaJM, el espacio de la galería malagueña que en los últimos meses ha dado la alternativa a jóvenes talentos salidos de la facultad malagueña como Hadaly Villasclaras, José Luis Valverde y Gonzalo Fuentes.

Castillo reflexiona sobre los distintos planteamientos que mueven cada montaje. «Las pinturas expuestas en ‘my lovely forbidden rooms’ las he centrado en atender a lo privado y a lo íntimo de una forma perversa, construyendo espacios cotidianos en los que se puede intuir cierta decadencia y desenfreno a través de una pintura que resulte tan agresiva en su presencia como medida y controlada es en su producción», explica el autor.

Violencia y repostería

La doble cita con la obra de Castillo representa además la presentación más ambiciosa de su trabajo realizada hasta la fecha. Apunto de graduarse en Bellas Artes por la Universidad de Málaga, Castillo obtuvo en 2014 la beca para la Real Academia de España en Roma y está incluido en ‘Divergencias’, que muestra desde el jueves en el Rectorado algunos trabajos de fin de Grado de alumnos de Bellas Artes.

La mezcla de técnicas y el protagonismo de la masa pictórica marcan algunas de las pautas en la obra del joven artista melillense.

La mezcla de técnicas y el protagonismo de la masa pictórica marcan algunas de las pautas en la obra del joven artista melillense. / Álvaro Cabrera

Y sigue Castillo, en este caso, sobre lo expuesto en ColumnaJM: «Las pinturas toman un carácter más extrovertido y festivo, al mismo tiempo que hablan de una especie de libertinaje campestre. Las escenas suceden en espacios abiertos como granjas y lagos y su factura aparece menos compleja y bastante más inmediata y directa, generando una tensión que me interesa mucho entre la violencia producida por el modo de uso de la materia y el aspecto de repostería que genera».

Piezas como «pastelitos». Claro que la apariencia de la obra choca en ocasiones con escenas tensas, grotescas, a menudo con animales desquiciados, agazapados, esperando a su presa.