El CAC de Vélez presenta una ambiciosa panorámica del arte contemporáneo polaco

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Inés R. Artola, Krzysztof Musiał y Mariluz Reguero posan junto a ‘Niked’ (2009) de Adam Adach. / A. J. L.

  • El centro acoge un amplio proyecto a partir de los fondos del coleccionista Krzysztof Musiał, residente en la provincia de Málaga

A la hora de buscar un país lejano, casi exótico, donde ubicar a su ‘Ubú Rey’, Alfred Jarry eligió Polonia. Siglos antes hizo algo parecido Calderón de la Barca y, más acá en el tiempo, el escritor Witold Gombrowicz decidió que su país de origen en realidad estaba en las Antípodas de Europa. Inés R. Artola reúne estos tres ejemplos para ilustrar la distancia que nos separa del vecino del norte.

Una distancia más mental que física, más prejuzgada que real, también en el ámbito artístico. Porque esa podría ser la primera conclusión después de visitar la exposición que Inés R. Artola ha comisariado en el CAC de Vélez: el arte contemporáneo realizado en Polonia es homologable al del resto del continente, integrable en el devenir de la plástica de los últimos 70 años a ambos lados del Atlántico.

Es la tesis esencial de ‘Entre sistemas. Pintura polaca contemporánea en la colección de Krzysztof Musiał’, el proyecto comisariado por la malagueña Inés R. Artola. La historiadora, traductora y docente en la Universidad de Varsovia ha seleccionado para la ocasión casi 70 piezas de 38 autores diferentes. Para ello ha tenido como materia prima las más de 800 obras incluidas en la colección de Musiał, empresario polaco del sector tecnológico con residencia en la provincia de Málaga desde hace más de una década.

De este modo, la exposición que podrá visitarse en el CAC veleño hasta el próximo mes de septiembre surge en el cruce de caminos entre la especialista malagueña que desarrolla su carrera en Polonia y el empresario polaco que pasa largas temporadas en Málaga. «Me parece fantástico cómo se han seleccionado las obras y cómo se ha organizado la exposición, porque hace realidad la idea que mueve toda mi colección: ofrecer una historia del arte polaco desde mediados del siglo XX hasta la actualidad», resume el coleccionista, que presenta la muestra como «la mayor exposición de arte contemporáneo polaco realizada hasta la fecha en España».

Tanto Musiał comoArtola confían en que esta sea la primera parada de una itinerancia que ayude a divulgar el arte de aquel país, «injustamente desconocido en España». Eso sí, Artola no olvida proyectos recientes como la exposición del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en torno a la obra de Andrzej Wróblewski o el proyecto dedicado a Tadeusz Peiper por la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que han ayudado a divulgar las propuestas llegadas desde esta parte del mapa continental.

Tres generaciones

El montaje que hoy abre sus puertas se expande por todo el CAC veleño en un discurso que descarta el orden cronológico para presentar las propuestas en función de las afinidades estéticas surgidas entre las piezas. «La exposición reúne tres generaciones de artistas, desde los clásicos (Wróblewski, Fangor, Lebenstein, Stażewski, Nowosielski), pasando por una generación intermedia y crucial (Tarasewicz, Grzyb, Modzelewski, Ćwiertniewicz, Sobczyk) y haciendo hincapié en la generación de jóvenes autores (Adach, Bańda,Dziaczkowski, Kozera, Starowieyski, Wilk)», detalla la comisaria del montaje.

Artola ha buscado el «impacto» en la sala inaugural del proyecto, donde destacan el ‘Retrato de Krzysztof Musiał’ (2010) de Wojciech Fangor y ‘Aniquilación’ (1978) de Jonasz Stern, elaborado a partir de huesos y expuesto junto a ‘Cierto tipo de jueguecitos con un oficial’ (1956) de Ryszard Gryb en un sugerente juego de contrastes.

Jóvenes autores

«Si tuviera que elegir, creo que me identifico más con los artistas jóvenes, porque los conozco personalmente y están más cerca de mí», comparte Musiał sobre los autores de su colección que están representados en la primera planta del CAC de Vélez. Brillan aquí la delicadeza de Rafał Wilf –exquisita su ‘Mujer ante la mezquita’, (2012)–, la inquietante desnudez de las figuras blanquecinas de Lukasz Stołosa y esa chica flotando en una piscina que Agata Borowa ofrece como un presagio de nada bueno.

Tras la intensidad de los jóvenes artistas, la sala dedicada a la abstracción, casi a modo de remanso, donde reina otra pintura de Wojciech Fangor –‘M44’ (1970)– junto a la composición geométrica de Henryk Stazewski titulada ‘Relieve en cobre’ (1964). Y al final, personajes sin rostro y encuadres enigmáticos, casi al modo de Edwuard Hopper, pintados por Antoni Starwieyski y esa ‘Báscula infantil’ (1954) de Wróblewski que se queda en la retina y en la memoria largo tiempo.