Diario Sur

Alain Vigneau: «Estamos enfermos de seriedad»

Alain Vigneau es fundador de la compañía de teatro La Stravagante y profesor de Arteterapia. :: sur
Alain Vigneau es fundador de la compañía de teatro La Stravagante y profesor de Arteterapia. :: sur
  • El clown y pedagogo explica hoy en la Térmica cómo ayuda a «sanar heridas» el colocarse una nariz roja de payaso

Es la «máscara más pequeña del mundo», no cubre ni un tercio de la cara, pero Alain Vigneau (Francia, 1959) está convencido de que la nariz roja del payaso puede producir «cambios en las personas». En él lo hizo y ahora ayuda a que otras personas lo logren. El actor, clown y pedagogo lleva años volcado en «sanar heridas» que no se ven uniendo la terapia y el arte, una experiencia que ahora recoge en el libro 'Clown esencial. El arte de reírse de sí mismo'. Hoy lo presenta en La Térmica.

La nariz roja de payaso, más que comicidad, «da ingenuidad». «De alguna forma pone las cosas en su justo lugar», explica Alain. Cuando en un grupo todos se colocan ese simple detalle, el abogado, el ama de casa, el maestro o la dependienta se igualan. «Todos lloramos y reímos en el mismo idioma», indica.

Aclara que los problemas no desaparecen, no se borran al instante la tristeza o el dramatismo, pero sirve de punto de partida para trabajar. De entrada, porque resta gravedad a la situación. Asegura el clown que «esto de estar vivos se ha vuelto demasiado serio». «Estamos enfermos de una santa seriedad. Nadie entiende nada, pero todos hacemos como si fuéramos expertos en el arte del vivir. Y no se adapta a la realidad. Somos personitas torpes que intentamos, con mayor o menor suerte, entender algo en este mundo absolutamente complejo», dice.

Alain Vigneau apunta al «ego», a «ese carácter que hemos ido construyendo durante la infancia para adaptarnos a una familia y a un modo de vida», como la principal barrera para reírnos de nosotros mismo y «buscar una vida con más plenitud». Tenemos, dice, apego «a una forma de ser determinada», en la que nos sentimos seguros, y de la que cuesta liberarse.

No se trata, en cualquier caso, de cambiar la personalidad de nadie. De hecho, «el primer paso para el cambio es legitimar a la persona tal y como es, ya sea rígido, miedoso, con rabia, celos...», explica. Y dentro de cada uno de ellos, en cualquier tipo de persona, «hay una gran comicidad» que puede salir a la luz con sus técnicas de improvisación y otras herramientas. «Cae el ego, el carácter, la máscara... y sale la esencia de la persona», dice.

Él habla desde la experiencia. «No sé a quién le hizo más bien tantos años de payaso, si al público o a mí», reconoce. Con solo siete años tuvo que sobreponerse al asesinato de su madre y a la pérdida posterior de otro ser querido. Reconoce que tanto tiempo después aún está en proceso de superarlo, de conseguir esa paz interior que ayuda a buscar. «Dice un proverbio que uno enseña bien lo que tiene que aprender. Y en eso estoy», concluye.