Javier Artero, María Dávila, Gonzalo Fuentes, José Luis Valverde y Hadaly Villasclaras posan en uno de los talleres de la Facultad de Bellas Artes.
Javier Artero, María Dávila, Gonzalo Fuentes, José Luis Valverde y Hadaly Villasclaras posan en uno de los talleres de la Facultad de Bellas Artes. / Álvaro Cabrera

Málaga, epicentro del arte joven andaluz

  • Cinco de los trece nuevos talentos seleccionados por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en su proyecto ‘A secas’ han nacido y se han formado en la provincia

Es una mañana de sábado en medio de un puente festivo y antes de que den las diez –hora fijada para la cita–, a las puertas de la Facultad de Bellas Artes de Málaga ya esperan cuatro de los cinco convocados. Falta Hadaly Villasclaras, que repite tres o cuatro «Lo siento, lo siento mucho» por cada minuto (que han sido pocos) de retraso. No es día lectivo, pero en casi todos los talleres hay algún alumno con las manos en la masa; es decir, en la obra.

María Dávila, Javier Artero, José Luis Valverde, Hadaly Villasclaras y Gonzalo Fuentes posan para el fotógrafo en el jardín de El Ejido y en el interior del centro del que acaban –o están a punto– de salir con el título bajo el brazo. Los cinco han sido seleccionados por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) en la convocatoria del proyecto ‘A secas’ que pone el foco en los nuevos talentos de la creación visual andaluza. Al proceso se presentaron 92 candidatos, el jurado seleccionó a 13, de los que cinco han nacido y se han formado en Málaga. Son ellos.

La notable presencia de creadores malagueños en la propuesta del CAAC da cuenta del protagonismo creciente de estos nuevos talentos en la escena regional y nacional. No en vano, Gonzalo Fuentes figuraba esta semana entre los diez finalistas del prestigioso premio BMW de Pintura, mientras que Javier Artero desarrolla en la actualidad un proyecto a partir de la Beca DKV-Es Baluard para artistas menores de 35 años. «Por supuesto que hay una nueva generación de artistas salidos de la facultad. Es una realidad. Y para nosotros es no sólo un orgullo, sino la mejor manera de medir la eficiencia del trabajo que en docencia e investigación allí realizamos», sostiene el decano de Bellas Artes, Salvador Haro.

La facultad malagueña acaba de cumplir una década y su presencia y actividad explica en buena medida la aparición de una nueva hornada no sólo de artistas, sino de colectivos que nutren la agenda de actividades culturales. «Parece evidente que aquella histórica reclamación, previa al establecimiento de la Facultad de Bellas Artes en la ciudad, de la necesidad de formar una ‘masa crítica’ en el ámbito del arte está bien cumplida desde que están entrando en el juego profesional las primeras promociones salidas del centro. Esa anhelada ‘masa crítica’ se establece desde su condición de productora, por lo que su aportación es muy significativa. La facultad imparte una docencia que cualifica a nivel universitario y ello implica una alta sistematización de la investigación artística cuyos mejores ejemplos son las obras de nuestros exalumnos», aporta Carlos Miranda, artista y profesor de Bellas Artes, señalado por los seleccionados en el ciclo del CAAC como referente dentro del plantel docente de la escuela malagueña.

«El motivo más obvio a la hora de presentar una propuesta en ‘A secas’ quizá sea el de dar visibilidad a tu trabajo, sin embargo, más allá de la difusión, considero indispensable el intercambio que tiene lugar en jornadas como esta. Presentar mi trabajo a otros profesionales me ayuda a depurar ideas a través de su verbalización y del posterior diálogo con artistas, comisarios, críticos, etc. La elaboración de una presentación acerca de tu trabajo supone una tarea de síntesis muy enriquecedora. Por otro lado, dirigirte a un ‘público’ diferente al que acostumbras, el malagueño, es una motivación extra, hay que evitar los localismos», sostiene Javier Artero.

Tras la sesión de fotos en la facultad, la charla se traslada a una panadería-cafetería de El Ejido. Allí empiezan a aflorar algunas preocupaciones soterradas y compartidas por los jóvenes autores. «En la sociedad actual existe un interés evidente por lo último, por lo nuevo y emergente y eso te puede llevar a producir, producir y producir sin pararte a reflexionar lo suficiente sobre lo que están haciendo y sobre el camino que quieres tomar. Para nosotros ese interés puede ser beneficioso ahora, pero a veces da la impresión de que los artistas mayores de 35 años se vuelven invisibles para determinados ciclos, premios y proyectos», reflexiona María Dávila, que ha presentado su obra en el Centro Cultural Provincial, la Sala Iniciarte, el Palacio de los Condes de Gabia y la Galería Yusto/Giner, entre otros espacios expositivos.

Se busca estudio

La «sobreexposición» se une a otras preocupaciones de índole más doméstica y logística. Gonzalo Fuentes, José Luis Valverde y Hadaly Villasclaras coinciden al plantear las dificultades para tener un espacio de producción. «No dispongo de estudio propio, y por ello un factor importante para mí es obtener ayudas y becas que me cedan un espacio para producir, como la Beca de Artista Residente de Postgrado de la Facultad de Bellas Artes, que obtuve el curso pasado, o la Beca de Producción del Espacio Cienfuegos, que me encuentro actualmente realizando», detalla Fuentes.

Del mismo hilo tira Valverde: «El problema que me preocupa y que creo que es el mas común entre la mayoría de artistas emergentes es algo tan simple pero a la vez tan importante como un espacio para producir, cuando salimos de la facultad nos encontramos desamparados, entre comillas, tenemos que buscarnos la vida ya sea con becas o con otras cosas y conseguir un espacio no es fácil».

En esa línea sigue Javier Artero: «Se podría decir que trabas hay muchas y muy variadas, dependiendo del lugar y de las personas con las que trabajes, sin embargo el principal problema que encuentro es la falta de consideración de la producción artística como una actividad profesional y, por lo tanto, remunerada a día de hoy. No sólo consiste en que te ayuden a producir tu obra, también debe contemplarse el trabajo que el artista desarrolla para dicha producción».

Hadaly Villasclaras –que acaba de inaugurar en el nuevo espacio Columna JM de la Galería JM su primera exposición individual– va un paso más allá: «El principal obstáculo que encuentra cualquier artista (que esté empezando o no) a la hora de producir es el factor económico. Desafortunadamente, el trabajo del artista no es legítimo a los ojos de la sociedad de consumo, no entra en los parámetros de oferta y demanda del sistema comercial mayoritario. No está considerada una profesión –al menos en España–, y por lo tanto, se cree que no merecemos un salario por nuestro trabajo (que es excesivo y duro en la mayoría de las ocasiones)».

Con fecha de caducidad

«Esto nos lleva –sigue la joven creadora– a vernos en la obligación de buscar otro trabajo que sí sea ‘dignamente’ recompensado. Por ello, los que nos dedicamos al trabajo artístico, debemos depender mucho de las instituciones; becas, premios… Pero estas ayudas tienen fecha de caducidad; normalmente, a partir de los 35 años ya no se puede participar en ellas. En este sentido, tener oportunidades para dar a conocer nuestro trabajo en el sector profesional del arte es importante».

Justo una de esas oportunidades –con la fecha de caducidad puesta en los 35– es el ciclo ‘A secas’ escenificado este fin de semana en el CAAC de Sevilla, al que han acudido profesionales del sector artístico como la comisaria Luisa Espino o el también comisario de exposiciones y crítico de arte de SUR Juan Francisco Rueda.

Para esa cita, los autores malagueños seleccionados han elaborado un repaso de sus trabajos más recientes. José Luis Valverde ofrece algunos detalles sobre sus bazas: «La propuesta que presento en el CAAC es un proyecto pictórico que llevo desarrollando aproximadamente desde hace un año y medio y que parte de la descontextualización de fotogramas de películas para producir cuadros aparentemente monocromos que me permitan crear un discurso narrativo entre diferentes pinturas, cuyo planteamiento representacional disuelve las fronteras entre la figuración y la abstracción».

Queda por saber si a las presentaciones de este fin de semana le sigue una exposición en el CAACprotagonizada por los autores seleccionados. La posibilidad queda abierta en las bases del certamen que reúne a los nuevos talentos de la creación visual andaluza. Aunque a Carlos Miranda prefiere no hablar de ‘generación’.

«Más bien aprecio que están funcionando muy bien un gran número de egresados, si bien la poética y los discursos de cada uno de ellos se diferencia del resto: en este sentido, podemos decir que son voces muy propias, lo cual indica esa autoconciencia como investigadores que asumen riesgos para plantear proyectos que pretenden aportar nuevos puntos de vista y modos de producción más que mimetizar lenguajes a la moda», matiza Miranda, profesor de la facultad y al mismo tiempo artista.

Doble vertiente

Una dualidad reivindicada por él mismo a la hora de explicar la buena acogida de las propuestas salidas de la facultad malagueña: «Poco a poco vamos pudiendo contar con cada vez más profesores que son artistas en activo, lo cual indudablemente eleva mucho la calidad de la docencia porque actúan desde la experiencia real».

Junto a ese doble perfil, desde el centro docente reivindican una característica que podría plantearse como un hándicap, aquí enarbolado como una virtud. Habla el decano de Bellas Artes, Salvador Haro: «Somos una facultad pequeña, lo que permite afrontar metodologías que en centros masificados serían imposibles. Por ejemplo, en nuestro máster, cada alumno matriculado dispone de un estudio individual, lo que es impensable en ninguna otra facultad de Bellas Artes de España».

Ahí están los frutos.