Francisco Javier Rodríguez: «La cultura ha quedado para los flashes de moda»

Francisco Javier Rodríguez: «La cultura ha quedado para los flashes de moda»
/ Francis Silva
  • «Los editores independientes como yo sólo podemos editar libros buenos si queremos sobrevivir», admite el profesor malagueño

Málaga siempre ha sido un lugar que acoge a literatos y artistas de diferentes disciplinas. Por eso no es extraño que el profesor y escritor Francisco Javier Rodríguez haya creado Ediciones Azimut, como una relación de amor a lo que considera la única opción válida para ser libres. De hecho, lo incierto del panorama cultural no le quita la ilusión y el entusiasmo que derrocha cuando habla de literatura, de un modo jovial y cómplice. Y es que como asevera: «A los editores independientes nos ocurre que sólo podemos permitirnos libros buenos si queremos sobrevivir».

Es usted un valiente montando una nueva editorial en una sociedad que no da ningún valor a la lectura…

Es un desafío al que no me pude resistir, porque es obvio que vivimos en la sociedad de la imagen. Pero, aunque suene un pretencioso, he querido aportar mi granito de arena para mantener la literatura en la dignidad que le corresponde, porque la situación del editor es óptima para dinamizar el mundo de la lectura.

Con las nuevas tecnologías parece que la permanente crisis del libro es aún más acuciante, ¿qué opina?

Parece que los quemadores de libros no serán los bomberos que preconizaba ‘Farenheit 451’, pero siempre quedaremos los hombres-libro. Creo que la desaparición de los libros de papel implicaría un punto sin retorno en la pérdida del romanticismo. No desprecio los libros electrónicos, pero a mí me gusta sentir que mi ADN se distribuye generosamente en un sinfín de volúmenes en papel.

Los apocalípticos aseguran que el libro como lo entendemos desaparecerá. Que sólo permanecerá el libro-objeto…

(Risas). O los libros ornamentales, que es una posibilidad que también se da mucho, pero yo quiero ser optimista, o quizá fetichista. Además, ¿dónde quedaría la firma de libros? Para mí el libro es una cuestión de amor y yo no creo que el amor desaparezca.

Puede ser, pero en un mundo con tantos estímulos, ¿cómo conseguir que las nuevas generaciones tengan ganas de leer y formarse?

Creo que la respuesta es obvia. Mire, cuando era niño mis padres me llevaron al médico porque, a su entender, yo comía poco y mal, algo que negué rotundamente alegando que comía muy bien todo aquello que me gustaba. La prescripción del médico fue evidente: “Señora, dijo dirigiéndose a mi madre, ya sabe usted lo que tiene que hacer”. Es una cuestión de motivación. Por mi experiencia como padre sé que un niño es capaz de escalar montañas siempre y cuando lo disfrute, pero no es capaz de dar ni un paso si no encuentra algún aliciente.

¿Qué propone entonces?

En mis años de instituto leíamos a Herman Hesse, sobre todo ‘Siddharta’ o ‘Bajo las ruedas’, con el mismo regustillo insolente que ‘El planeta de los simios’, porque esas lecturas formaban parte de nuestras vivencias cotidianas. Hay que hablar a los adolescentes en un lenguaje que ellos sientan como suyo, y una lectura bien llevada de Werther puede hacer llorar a nuestras quinceañeras.

Y sin embargo se afirma que conectar con los jóvenes no es fácil…

Hay que conectar con el mundo de los adolescentes sin imponerles nada. Eso es contraproducente. La literatura es una cuestión de enamoramiento, nunca me cansaré de repetirlo. De lo que se trata es de crear un ambiente propicio para el amor.

La función del ‘best-seller’

Pero se asegura que son los ‘best sellers’ lo que mantienen el mercado…

Yo creo que los ‘best-sellers’ cumplen una función social importantísima: uno puede leerlos mientras está pensando tranquilamente en sus cosas.

Acaba de editar a Enrique Gallud Jardiel, nieto de Enrique Jardiel Poncela, está a la altura del humor irónico del abuelo…

Necesité releer el nombre del autor que figuraba en la portada para convencerme de que no era el mismísimo Enrique Jardiel Poncela quien me había enviado ese manuscrito. Fiel al estilo de su abuelo, Enrique Gallud nos ofrece un libro desternillante, donde la realidad se descompone y se recompone luego bajo un prisma hilarante. Puedo adelantar que el título es ‘Majaderos ilustres’ y que consiste en un conjunto de semblanzas cómicas, desde Adán y Eva hasta personajes de nuestros días.

¿Qué libro le daría a leer a los políticos?

‘La República’, de Platón.

¿Qué futuro le ve a una editorial en un país con unos gobernantes que parecen despreciar la cultura?

¿Sólo lo parece? A nivel oficial, la cultura ha quedado para los flashes de moda. Poco más que un guarismo perfectamente manipulable en las estadísticas anuales. Nadie apuesta realmente por la cultura, ni la derecha ni la izquierda, quizá porque no lo ven como un valor fiable a la hora de conseguir votos.