El Ateneo enarbola el discurso de género en su nueva exposición

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En primer término, ‘Mamá fuente’, obra de Carmen Singler incluida en la exposición ‘Verdades encriptadas’. / NURIA FAZ

  • La institución malagueña inaugura la colectiva ‘Verdades encriptadas’, que pone el foco en el trabajo de una veintena de mujeres artistas

Los alfileres de un sastre tienen la función de marcar por dónde cortar, doblar o arreglar una prenda para que caiga sobre el cuerpo de la mejor manera posible; pero también pinchan, hieren, cuando olvidamos que están ahí. La capa negra de Teresa Fernanda García está llena de alfileres, el vestido blanco, ¿de novia?, parece tener polillas. Es ‘Notas para una obra en el tiempo’, la instalación que ocupa el piso superior del Ateneo de Málaga, que enarbola la bandera y el discurso de género en su nueva exposición, ‘Verdades encriptadas’, donde el foco recae sobre la obra de una veintena de artistas, todas ellas centradas, justo, en realidades que a veces pasan inadvertidas, pero que siguen doliendo.

«La exposición quiere sobre todo visibilizar el trabajo de las mujeres artistas», resume Inmaculada López Liñán, creadora y comisaria de la muestra junto a Mabel Hechevarría. El proyecto está impulsado por la Asociación Azul Violeta y podrá visitarse en el Ateneo malagueño hasta el próximo día 29, como avanza el vocal de Artes Plásticas de la institución, Antonio Abad.

«Las distintas artistas que participan en estas verdades encriptadas parten de la performance y del vídeo, aunque también de la escultura, la fotografía o el collage para representar el cuerpo como ese lugar donde se producen las identidades cambiantes. Estamos pues ante unas obras que cuestionan la sexualidad normativa, que trata de dinamitar el modelo patriarcal dominante», sigue Abad.

Un discurso reivindicativo planteado en multitud de soportes y a partir de planteamientos formales bien distintos. Abre el paseo la instalación de Inmaculada López Liñán titulada ‘La trampa’ donde la desnudez y la belleza se ofrecen como motivo de goce, pero también como jaula. Jaulas presentes en las fotografías de Ángela Aznarez expuestas justo al lado. La delicadeza de ‘Familia’ de Asunción Jódar queda enfrentada a la aparente rudeza del retrato duplicado a cargo de Valle Galera. Cierran el recorrido de la planta baja el políptico ‘Compartir y extender’ de Mar Garrido y el autorretrato fotográfico de Carmen Singler titulado ‘Mamá fuente’.

Huellas y corazas

Los vídeos de Eulalia Valldosera, María Núñez, Mar Garrido, Lucía Egañas, Eulalia Grau, Mabel Hecheverría y Mariadel Villaespesa se podrán ver los jueves y los viernes por la tarde en el salón de actos, flanqueado por las obras de Stella Kamazon y ‘Tengo memoria de 100 años’ a cargo de Charo Carrera. Dos sutiles retratos combinados con impresiones de huellas dactilares –«únicas en cada persona»– y con conchas marinas en las cabezas para simbolizar el caparazón que, en palabras de la autora, «cuanto más creces, más duro se vuelve». Aunque siempre hay alfileres, espinas, que duelen.