Un tímido con grandes admiradores

  • Nunca fue amigo de medallas ni homenajes, un deporte de salón que nunca practicó. A su pesar ha ganado ya el de humorista gráfico en la categoría de nonagenarios con chispa

«Es de oro», ratifica después de dejar de apretar con los dientes la medalla que le otorgó en 2007 la Asociación de la Prensa de Málaga y que coge de un mueble del salón. «Sin ser periodista tengo esa medalla, sin ser aparejador soy aparejador de honor, sin ser malagueño, soy malagueño del año y sin conocer Mijas, van y un día me ponen una calle», resume las paradojas de algunos de los reconocimientos lo largo de su vida.

El afecto recíproco con personajes de su mundo gráfico como Mingote, Ricardo o los hermanos Idígoras está en su íntimo cuadro de honor.

De todos ellos hay pruebas que guarda cuidadosamente o exhibe en divertidos dibujos en el estudio y de las que se jacta sin alharacas, como del cruce de cartas con Cela, que le enviaba dedicados todos sus libros.

Es un tímido fácil a la emoción y por eso hasta el discurso del homenaje por su jubilación en el Colegio de Aparejadores lo escribió él, pero se lo leyó su gran amigo el periodista Francisco Lancha. Sus afectos han estado y están en el planeta de los humoristas, y también en el del periodismo y la literatura.

Un tímido con grandes admiradores

De Manuel Alcántara, su vecino y amigo rinconero, elogia su gran capacidad, su prodigiosa memoria y una resistencia descomunal. «He estado en sus tertulias cinco o seis veces, pero yo no tengo el aguante de Manolo y me iba», se apena. Donde no se le conoce tregua a Elgar es en el oficio de dibujar. «Yo siempre estoy pensando y dibujando, aunque antes de estar tan mal con la vista leía mucho», apunta con el dedo a las viejas ediciones de Simenon, Agata Christie, Malaparte, Blasco Ibáñez, Jardiel...sobre su cabeza.

Nunca fue amigo de medallas ni homenajes, un deporte de salón que nunca practicó. A su pesar ha ganado ya el de humorista gráfico en la categoría de nonagenarios con chispa.