Investigadores de la UMA describen la corriente del golfo de Cádiz

CRÓNICA MÁLAGA.

Cuando se habla del mar Mediterráneo se suelen recordar las oportunidades de ocio que ofrece, la famosa dieta que lleva su nombre e, incluso, las civilizaciones de Europa que se han desarrollado en el entorno, además de utilizarlo como vía de comunicación. Sin embargo, son pocos los que pueden pensar que de él depende la temperatura de un lugar tan alejado como Noruega. Y es que estas aguas no se diluyen rápidamente al entrar en contacto con el océano Atlántico en el Estrecho de Gibraltar, sino que lo van haciendo lentamente hasta llegar al norte del hemisferio pudiendo así formar parte de la circulación 'termohalina', proceso de vital importancia en el clima global de la Tierra.

Con el objetivo de conocer el recorrido que realizan estos flujos un equipo de expertos del Grupo de Oceanografía Física de la Universidad de Málaga (GOFIMA), del Laboratorio Oceanográfico de Cádiz del Instituto Español de Oceanografía (equipo que lidera el estudio) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha desarrollado una línea de estudio que analiza las corrientes del Golfo de Cádiz y sus consecuencias erosivas en el fondo marino.

Densidad del agua

«El Mediterráneo tiene una densidad mayor que la del Atlántico debido a su alta salinidad. Esto junto con los obstáculos que tiene que salvar debido al escarpado relieve submarino de la zona, le confieren una gran energía y como resultado, una alta capacidad erosiva», explica Jesús García Lafuente, catedrático de Física de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicación y responsable de GOFIMA.

Estas salidas y entradas han ido dando forma a la topografía del fondo del mar. «El intercambio bidireccional a través del Estrecho de Gibraltar está próximo a un millón de metros cúbicos por segundo, unas cinco veces el caudal del Amazonas», subraya García Lafuente.

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