Un espejo de la Historia

Un espejo de la Historia

El edificio del Rectorado cuenta con restos fenicios y romanos que lo convierten en una parada obligada en la ruta monumental de la ciudad

PABLO MARINETTO MÁLAGA.

Pocas ciudades guardan tantas huellas del paso de distintas culturas como la de Málaga. No cabe duda de que el patrimonio monumental que esconde el Centro Histórico invita a perderse y que los amantes de la Historia y de la arquitectura encuentran en sus calles una nutrida ruta que refleja con detalle la riqueza que las diferentes civilizaciones dejaron para la posteridad. La multiculturalidad ha sido desde su fundación en época fenicia un elemento imprescindible para entender por qué Málaga es lo que es a día de hoy. Y ese mestizaje cultural del que la sociedad malacitana presume también queda patente en muchos de sus edificios históricos. De hecho, algunos de ellos se han convertido en todo un baúl de los secretos, albergando en su interior vestigios de antiguas civilizaciones pero siendo, a su vez, patrimonio por sí mismos.

El edificio que acoge al Rectorado de la Universidad de Málaga es un claro reflejo de esa realidad y una parada obligada en ese paseo monumental por la ciudad. El inmueble, ubicado en la avenida Cervantes, fue construido entre 1916 y 1923 bajo el diseño del arquitecto Teodoro Anasagasti. Sus flancos redondeados, la torre y su característica mampostería lo convierten posiblemente en uno de los mejores ejemplos de estilo neomudéjar que pueden apreciarse en la capital.

Albergó la Casa de Correos y Telégrafos hasta 1986, cuando esta institución se trasladó al edificio de la prolongación de la Alameda, actualmente abandonado. En 1993, siendo rector José María Martín Delgado, fue adquirido por la Universidad de Málaga, encargada de devolverle todo su esplendor para acoger su sede principal. Fue entonces cuando, durante las obras de rehabilitación, se descubrieron 27 piletas de época romana utilizadas para la fabricación del 'garum', una salsa elaborada con pescado muy valorada por el pueblo romano. Las piletas formaban parte de las instalaciones de una factoría de salazones que los historiadores daban por perdida tras los desmontes en la ladera de Gibralfaro para la construcción a principios de siglo del Banco de España y del edificio protagonista de estas líneas.

Exposición permanente

Veinte años después del hallazgo, la Sala de la Muralla, en la planta sótano del Rectorado, se ha propuesto hacer relucir más que nunca su patrimonio con la exposición permanente 'Málaga. Un tiempo, todos los tiempos. Un viajero, todos los viajeros', recientemente inaugurada y ejecutada bajo la dirección científica de la arqueóloga Leticia Salvago. Aprovechando que el primitivo puerto de la ciudad se encontraba bajo los muros del actual edificio, la muestra traslada a malagueños y visitantes a otra época convirtiendo el espacio expositivo en una puerta de entrada a la ciudad. «Los restos arqueológicos prueban la importancia de este enclave como lugar de paso en todas las épocas. Ha sido eje en el pasado y continúa siéndolo en la actualidad», explica Salvago.

Velas de barco sirven como pantalla sobre la que proyectar imágenes del patrimonio histórico malagueño y ánforas de barro guardan en su interior una representación de los diferentes elementos que han forjado la idiosincrasia de la urbe contemporánea. Siempre con la muralla y las piletas como protagonistas. Dos tesoros de la historia que dan fe de la importancia de Malaca 2.700 años atrás. Dos vestigios por los que viajar al pasado para entender el presente.

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