Futbolistas de carrera

Cristina Postigo y Marina Ramírez posan en las instalaciones del Campo José Gallardo, donde entrenan y compiten. :: m. rivas
Cristina Postigo y Marina Ramírez posan en las instalaciones del Campo José Gallardo, donde entrenan y compiten. :: m. rivas
  • Cristina Postigo y Marina Ramírez, jugadoras del Málaga femenino, compiten en Segunda División mientras cursan Criminología y Educación Primaria en la UMA

Estudian, entrenan e incluso trabajan. Cristina Postigo y Marina Ramírez son jugadoras de la primera plantilla del Málaga femenino -que disputa la Segunda División nacional- y sus historias podrían ser casos extraordinarios, aislados, sin embargo, forman parte de la realidad que vive el fútbol femenino. «Los jugadores de las categorías masculinas cobran sueldos más altos, eso provoca que dejen de lado los estudios; en mi opinión, creo que siempre hay que contar con formación, porque la vida profesional de los deportistas se acaba pronto», se sincera Postigo. Y añade: «Un día estás jugando en un equipo y el siguiente no. Hay que tener una segunda opción».

En una sociedad acostumbrada a la fama y a los estratosféricos salarios algunos jugadores de fútbol, el debate sigue sobre la mesa. ¿Por qué ellos sí y ellas no? «Ya tengo casi 25 años y tengo que ser objetiva. Disfruto mucho con esto, pero tengo que mirar al futuro y no creo que pueda llegar a vivir económicamente de esto. El fútbol femenino avanza muy poco a poco y lo más seguro es que, aunque subiésemos a Primera, no contaríamos con un sueldo como para vivir de ello», argumenta Ramírez.

Compaginar estudios

Una realidad que hace que los estudios ya no sean sólo una opción para las jugadoras, aunque ellas sí que lo hagan por vocación. Ramírez cursa segundo de Criminología en la UMA. La central del Málaga, además de calzarse los tacos, aspira a vestir de uniforme. «Me gustaría opositar para policía. Esta una carrera en la que se estudia mucho derecho, hay asignaturas que no me gustan tanto pero al final hay que luchar por lo que una quiere. Llevo mucho tiempo con esto en la cabeza y hasta que no lo consiga no voy a parar», argumenta. Y aunque le dedica buena parte de su tiempo a la Universidad, es capaz de compaginar los estudios con las sesiones de entreno e incluso con una actividad extra. «Entre semana voy a la facultad y a entrenar, y los fines de semana estoy trabajando en una cadena de comida rápida para conseguir algunos ahorros», comenta. A lo que añade: «A veces tengo que cambiar los turnos para poder ir a los partidos».

Por su parte, Postigo (18 años) estudia primero de Educación Primaria y, además, con una motivación especial. «Me gustaría hacer la especialización en Educación Física y también en Educación Especial. Tengo un primo con Síndrome de Down y siempre estoy con él; me ha servido como ejemplo. Estaría muy bien poder relacionar las dos especialidades», comenta. «Si uno quiere, puede sacar tiempo para todo. Es verdad que te quita horas de estudio, pero sabiendo organizarse no hay ningún problema. En mi caso, tengo las clases por la tarde y después me vengo a entrenar», explica sobre su rutina.

Las dos son centrales y llevan tres temporadas en el Málaga. Quizá por eso se parecen tanto, además de que también compiten juntas con el equipo de fútbol sala de la UMA y, en el caso de Ramírez, también en el de fútbol 7. Llegaban al entrenamiento y su complicidad hacía que parecieran hasta hermanas. El hecho de tener un sueño común es una buena excusa para unir a las personas, comentan. Ambas explican que comenzaron practicando este deporte en equipos del sexo contrario. «Siempre jugaba con los niños en el Santa Rosalía Maqueda. No había suficientes categorías para niñas, eran todo chicos. De hecho, hasta que llegué al Málaga nunca antes había jugado en un equipo femenino. Empecé a jugar con cinco años y estuve hasta los quince con niños», señala Postigo.

Comienzos

Por suerte, la historia comienza a cambiar y cada vez son más las niñas las que manifiestan su pasión por este deporte desde pequeñas. Aunque por su parte, ella sí jugó profesionalmente en equipos femeninos, Ramírez explica: «Yo comencé muy pequeña a jugar a fútbol en la calle y con otros niños. Eso sí, cuando vi que ya no podía seguir jugando con ellos, entré en un equipo femenino». Y es que las diferencias, al fin y al cabo, las marca uno mismo. «Nunca he tenido ningún problema con ellos, siempre he sido una más del equipo. Cuando crecen, los chicos suelen ser más corpulentos, pero a la hora del juego, no había grandes diferencias», recuerda Postigo.

A ellas les toca seguir luchando por mejorar la realidad de las futbolistas. Pero, con ello, servirán de ejemplo. «A las que estén empezando sólo podemos decirles que no dejen el fútbol por lo que puedan decir los demás, si les gusta, adelante, que hagan lo que les apasiona. No porque digan que este es un deporte de hombres hay que dejarlo de lado. Hay que luchar por lo que uno quiere», anima Postigo.

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