La fórmula de Workkola

De izquierda a derecha, Nacho Ponce, Álvaro Mancilla, Antonio Negrillo, Ángel Cañete, Jesús Cautivo Chacón e Ignacio León.
De izquierda a derecha, Nacho Ponce, Álvaro Mancilla, Antonio Negrillo, Ángel Cañete, Jesús Cautivo Chacón e Ignacio León. / Workkola
  • Un proyecto realizado para una asignatura de la carrera fue el germen de la startup tecnológica que está de moda en el ámbito universitario

Los viernes a las cinco de la tarde en la ampliación de Teatinos apenas se ve gente paseando por su bulevar, ya que la cercanía del fin de semana invita a estar en cualquier sitio alejado de la facultad. Sin embargo, en el edificio del Rayo Verde hay despachos que funcionan a pleno rendimiento. Entre las empresas incubadas en estas instalaciones, en el despacho 106 se encuentra Workkola.

En su coqueta estancia no falta la decoración de Google -unos vasos de colores-, una pequeña nevera con refrescos y una pared que funciona a modo de pizarra para no olvidar ideas clave o para dibujar bromas. Nada más atravesar la puerta que da acceso a su oficina, la imagen que ofrece el equipo de trabajo es similar a la que se puede ver en la serie de HBO 'Silicon Valley', que trata sobre un grupo de personas que crean una startup desde cero en la Meca tecnológica de San Francisco.

Precisamente, esa fue la sensación que tuvo Nacho Ponce, uno de los encargados de la parte técnica de Workkola, cuando entró por primera vez: «Los problemas que te vas encontrando recuerdan mucho a los de la serie», indica.

Workkola nació a principios del año pasado, con el objetivo de conectar a estudiantes y startups para el desarrollo conjunto de proyectos. La idea, sin embargo, surgió unos años antes, como un proyecto elaborado para una asignatura de la carrera de Marketing, en la que se encontraban estudiando Ignacio León, Antonio Negrillo y Álvaro Mancilla. «Hicimos un trabajo basado en un briefing del Servicio de Atención a la Ciudadanía (SAIC) del Ayuntamiento de Málaga. Cuando lo presentamos en clase, a los compañeros y la profesora les encantó», señala Mancilla, CEO de la compañía.

Convencidos de que el trabajo en el que habían invertido tanto tiempo y esfuerzo no podía quedar olvidado en el disco duro de sus ordenadores, estos tres alumnos decidieron contactar con el Ayuntamiento para regalarle el proyecto. La única condición que le impusieron al Consistorio fue, tal y como comenta Mancilla, que se le reconociera «la autoría si finalmente decidían llevarlo a cabo e implementarlo en su oferta de servicios».

Un ascenso meteórico

Pensando en todos aquellos que realizan elaborados proyectos que involucran a empresas reales para clase, y que luego quedan en saco roto, surgió el esbozo de lo que hoy día es Workkola. «Le dimos muchas vueltas a la idea hasta lo que es hoy. El concepto inicial pretendía abarcar demasiado», señala Mancilla, que apunta que uno de los primeros pasos de los tres estudiantes fue encontrar a alguien de perfil técnico para incorporarlo al equipo. Tardaron tres meses en dar con Jesús Cautivo Chacón, que aportaba ese rol que Workkola buscaba.

El ascenso a partir de entonces fue meteórico. Entraron en el concurso de ideas Yuzz, organizado por el banco Santander, en el que perfilaron el modelo de negocio.

De ahí dieron el salto a Boston, en Massachussets, donde continuaron desarrollando el proyecto en una aceleradora de empresas. «Fue estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Íbamos a todos los eventos sobre emprendimiento que se organizaban en Málaga, hasta que en uno de ellos conocimos a un profesor de Harvard que nos dio una charla sobre las diferencias entre el ecosistema emprendedor americano y el europeo», indica Mancilla.

Pese a que en un principio no se habían planteado trasladar sus operaciones a Estados Unidos, sí que tenían claro que el proyecto iba a ser de carácter global. De nuevo, la casualidad les hizo cruzarse con Dat Ventures, una aceleradora de empresas -cuyo equipo cuenta con personal español- que adapta startups extranjeras al mercado empresarial estadounidense, durante un periodo de tres meses.

Ya en Boston, desarrollaron un concepto piloto ante una clase de Harvard y un grupo de empresas internacionales. «El resultado fue positivo -indica Mancilla- y comenzamos a crear la plataforma, para lo que necesitábamos más personal técnico dentro del equipo». Así se incorporaron Nacho Luque y Ángel Cañete, que completan la división técnica de la startup. Con el fin del proceso de aceleración en Boston, el grupo volvió a Málaga, para instalarse en el edificio del Rayo Verde.

Sin horario de salida

La jornada laboral en Workkola comienza muy temprano, a las ocho de la mañana, y se prolonga hasta altas horas de la noche, puesto que «cada día surgen problemas diferentes, a los que hay que dar solución. Cada semana nos reunimos para ver lo que hemos hecho», según indica Mancilla. «Al principio nos impusimos las cinco de la tarde como hora límite de salida, pero más de una vez ha tenido que venir el encargado de seguridad para decirnos que nos fuéramos», cuenta Antonio Negrillo.

Uno de los principales objetivos de la startup es comenzar a recibir inyecciones de capital inversor, puesto que hasta ahora la puesta en marcha de la empresa ha corrido por cuenta de ellos. «Hemos puesto todo nuestro tiempo y nuestro dinero, al igual que nuestros padres», afirma entre risas Mancilla.

Uno de los retos que se marcan para conseguir financiación privada es mejorar la cantidad de usuarios que utilizan la plataforma. «Estamos en un punto en el que queremos volumen para ver lo que falla y lo que necesita mejorarse», añade Ignacio León.

Workkola fue lanzada hace seis semanas en formato beta, y ya se pueden apuntar alumnos y empresas interesadas. Se ha llevado a cabo de este modo para recibir el mayor número de 'feedback' antes de lanzar el producto definitivo, que está previsto para principios del curso que viene. «Obtener información de uso es clave de un proyecto como éste, porque nos permite adaptar la plataforma a partir de la opinión que recibimos», comenta León.