Torremolinos rinde homenaje póstumo a Lamela como símbolo de modernidad

José Ortiz entrega la distinción al hijo del arquitecto, Carlos Lamela, durante el pleno extraordinario. / SUR
José Ortiz entrega la distinción al hijo del arquitecto, Carlos Lamela, durante el pleno extraordinario. / SUR

El alcalde reivindica el papel «vanguardista, avanzado y visionario» del autor de La Nogalera y Playamar, «por quien nos sentimos inspirados»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Torremolinos conmemoró ayer su segregación de Málaga capital, obtenida hace ahora 29 años. El Ayuntamiento convocó un pleno extraordinario para otorgar la Medalla de la Ciudad a título póstumo al arquitecto Antonio Lamela como símbolo de la modernidad y la vanguardia que caracterizaron a la icónica localidad costera entre los años sesenta y ochenta. Lamela, fallecido en abril de este año y autor de obras como las Torres de Colón, el aeropuerto de Barajas o el Estadio Santiago Bernabéu, diseñó las urbanizaciones de La Nogalera y Playamar, auténticos hitos en la fisonomía urbana de Torremolinos. La distinción fue recogida por su hijo, el también arquitecto Carlos Lamela.

La Medalla de la Ciudad, que en ediciones anteriores recibieron Málaga capital (en la figura de su alcalde, Francisco de la Torre, como símbolo del final del largo litigio mantenido entre ambas localidades y del reconocimiento de la deuda contraída durante la segregación por parte de Torremolinos) y los miembros de la junta pro-autonomía, es el máximo galardón que otorga el Ayuntamiento. «Es un inmenso orgullo contar con el talento imperdurable de este ilustre urbanista y arquitecto», afirmó el alcalde, José Ortiz, en su discurso institucional, durante el que se refirió a Lamela como un «icono de la arquitectura nacional y parte intrínseca de la historia, crecimiento y evolución hacia la modernidad de un pueblo que se reinventó de la mano del turismo».

«El legado de Antonio Lamela está inserto en el ADN no solo del urbanismo de esta ciudad, sino también en el terreno de las oportunidades turísticas que llegaron a Torremolinos de su mano, porque nos situó en un puesto privilegiado en una incipiente Costa del Sol que no podría ser entendida sin Torremolinos, lugar que lo sedujo y fue testigo de su creatividad», explicó Ortiz, que recordó que Lamela también diseñó en 1962 el Hotel Meliá Tres Carabelas por un encargo del propio José Meliá. La Nogalera fue concebida como el primer gran complejo comercial, residencial de lujo y turístico de la provincia y es considerada una de las promociones inmobiliarias más importantes de la época en España.

Ortiz ensalzó el papel «vanguardista, avanzado y visionario en sus propuestas» del arquitecto madrileño: «Somos una ciudad que tiene el privilegio de contar con su obra. Sus planteamientos y su coherencia superaban lo establecido y nosotros nos sentimos inspirados por esa capacidad de transformar la realidad». El Ayuntamiento organiza desde la semana pasada varias actividades en homenaje a Lamela, entre ellas una serie de conferencias que reunieron, entre otros, al presidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), Luis Callejón, quien destacó el papel del autor de La Nogalera «para tender puentes entre la provincia de Málaga y el turismo», o al decano del Colegio de Arquitectos de Málaga, Francisco Sarabia, que reivindicó «el valor patrimonial que tiene la arquitectura contemporánea y que sentimos como propio porque nadie es ajeno a que hay edificaciones que pertenecen por su singularidad a todos los ciudadanos, no solo a sus propietarios».

Arquitectura del relax

«Antonio Lamela es a la arquitectura del relax lo que el turismo es a Torremolinos, y la arquitectura del relax es a Antonio Lamela lo que fue su pensamiento: La vanguardia es para todos», concluyó el regidor, encargado de entregar la distinción a Carlos Lamela. El hijo del arquitecto madrileño agradeció la «amistad, el cariño y el reconocimiento» a la figura de su padre por parte del Ayuntamiento e hizo extensivo el homenaje «a toda una generación de arquitectos y de profesionales excepcionales que supieron, en unos tiempos muy difíciles de una España muy pobre, estar a la altura de las circunstancias y poner todo su empeño por mejorar la vida de sus conciudadanos».

Lamela defendió que «aún se está a tiempo de conservar el patrimonio arquitectónico que tenemos y el poso cultural de la arquitectura turística» de la que Torremolinos y la Costa del Sol fueron espacios aventajados a partir de la obra de su padre, de quien recordó su incursión en la arquitectura turística a comienzos de los años sesenta en Palma de Mallorca y en la Costa del Sol: «Puso a España en la órbita de la arquitectura moderna».

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