Torremolinos se reconcilia con su pasado

La presentación del libro reunió ayer en la Casa de los Navajas a más de una veintena de sus colaboradores. / A. G.

La mítica revista repasa la conversión del entonces barrio en la capital española de las pasiones y los excesos en plena dictadura. 'Litoral' dedica un número especial al pueblo que acabó transformado en un destino «insólito y libre»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

::La mítica revista 'Litoral' selló anoche su relación con Torremolinos, donde se edita desde hace casi medio siglo; una relación de lealtad mutua pero también de libertad, porque la que fuera capital española de los excesos y las pasiones en plena negrura franquista no se casa con nadie. Lejos de apropiaciones partidistas, lo único que permanece intocable aquí «es el sol, sus espejismos y el anonimato», como explica el escritor Alfredo Taján, coordinador del número especial en forma de libro de 248 páginas que la revista ha dedicado a la localidad malagueña. Editado en colaboración con el Ayuntamiento y cerca de una treintena de autores, la obra repasa acontecimientos y anécdotas del pasado glorioso de Torremolinos, transformado de pueblo a mito entre los años cuarenta y noventa, como recuerda el título de la publicación.

Pocos lugares en el mundo pueden presumir de una conversión tan radical como la que supone pasar de ser un enclave de pescadores a erigirse en santo y seña de la modernidad de todo un país. Torremolinos encierra esa historia, tejida a espaldas de las rancias crónicas del régimen, cuando la entonces barriada malagueña abrazó una revolución trufada de libertad y exceso, toda una conquista en plena dictadura. Aquí, lejos de donde era previsible que tuvieran lugar grandes historias y aterrizaran estrellas y estrellados, Anthony Quinn tocaba el saxo junto a una banda municipal, Frank Sinatra acabó en comisaría tras una pelea con un fotógrafo en el mítico hotel Pez Espada, Kirk Douglas no faltaba a su cita diaria con la discoteca Tiffanys y Gala Dalí protagonizaba el primer 'top less' de la Costa del Sol en las playas de El Bajondillo ante el gesto atónito de vecinos y turistas. Este y no otro era el lugar de descanso y fiesta elegido «por poetas, novelistas, presidentes derrocados, princesas repudiadas, suecas que resultaron ser suecos, aristócratas de costumbres helénicas, estrellas del rock y del celuloide, bailaoras, damas, transexuales, travestis, traficantes de mejunjes psicodélicos, anticuarios, escultores y pintores», como enumera Taján.

Torremolinos reivindicó ayer todo ese pasado durante la presentación del libro editado por 'Litoral', celebrada en la Casa de los Navajas. La obra, detalla el director de la revista, Lorenzo Saval, servirá como «brújula» de las futuras ediciones. El acto acabó convertido en un sano e incluso necesario ejercicio de nostalgia en torno a una localidad azotada por constantes conflictos políticos y económicos pero considerada pionera del turismo en España, un destino donde se tejen los recuerdos más confidenciales de varias generaciones de malagueños. «Torremolinos nació, se desarrolló, conoció el esplendor, llegó a su cénit y se abrasó como Ícaro», afirma el arquitecto Salvador Moreno Peralta, satisfecho de que «ahora, tras veinte años con su cadáver embalsamado, se afane por ser más bien un ave Fénix».

Pequeños hoteles

La cuidada edición de 'Litoral' relata cómo el turismo se instaló en la realidad de este barrio, donde crecieron pequeños hoteles hasta el hito de la apertura del Pez Espada en 1959, considerado primer gran hotel de lujo de la Costa del Sol. Su inauguración marcó una nueva etapa a partir de la que Torremolinos se hizo lugar de peregrinación también de la alta sociedad y la clase dirigente, con personajes como Soraya de Persia o Juan Domingo Perón. La eclosión turística de los años sesenta y setenta, el mito de las suecas y el espacio de intelectualidad y libertades que representó en plena dictadura se narran en el libro con los nombres y apellidos de sus protagonistas. El alcalde, José Ortiz, destaca «la capacidad camaleónica de Torremolinos de adaptarse a la modernidad del momento y seguir marcando los hitos de la provincia ya en los ochenta, porque se convirtió en capital del 'underground' musical y en espacio de convivencia de punks, mods y rockers».

La revolución protagonizada por Torremolinos trascendió la mera excentricidad de unas cuantas celebridades para dejar un poso de progreso y riqueza cultural palpable durante lustros en la arquitectura y la decoración del municipio, en la heterogeneidad de su oferta nocturna e incluso en el carácter de sus habitantes. José Luis Cabrera y Lutz Petry rescatan desde hace más de una década imágenes, postales y anécdotas de esos años en la página web Torremolinos Chic, que ha dado lugar a la exposición 'Hijos de Torremolinos' y de cuyo archivo fotográfico se nutre la obra de 'Litoral'. Cabrera señala el carácter «insólito y libre» de la localidad y considera que su marca «sigue generando interés».

Guillermo Busutil, Tecla Lumbreras, Francisco Griñán, Javier Ojeda, Miguel Ángel Bustamante, Mónica López, Estrella de Diego, Teodoro León Gross, Emelina Fernández o Eugenio Chicano son algunas de las firmas que colaboran en la obra, un proyecto que Ortiz considera que «traspasa fronteras ideológicas y permite que los más jóvenes conozcan la historia» del municipio, un pasado libérrimo con el que Torremolinos se reconcilió anoche tras años de ceguera.

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