Le piden un año de cárcel por agredir a su mujer, que pidió auxilio en los deberes de su hijo en Benalmádena

Carta que la denunciante remitió a la tutora de su hijo oculta en su cuaderno de clase./SUR
Carta que la denunciante remitió a la tutora de su hijo oculta en su cuaderno de clase. / SUR

La acusación particular y la Fiscalía atribuyen al marido unas lesiones sufridas por su esposa, mientras que la defensa pide la absolución por «denuncia falsa»

Juan Cano
JUAN CANOMálaga

«Le escribo esta carta para pedirle ayuda. Estamos mis hijos y yo sobre todo sufriendo violencia doméstica por parte de mi esposo». Así empezaba la misiva que una mujer supuestamente maltratada escondió en el cuaderno de deberes de su hijo con la esperanza de que su tutora la descubriera. La maestra, que da clase en un colegio de Benalmádena, encontró la nota de auxilio y avisó a la policía, que detuvo al marido.

Un año después, la instrucción del caso, que alcanzó un gran eco mediático que se extendió incluso al extranjero, ha llegado a su fin. La Fiscalía y la acusación particular, ejercida por la esposa, han solicitado para el presunto agresor una pena de un año de prisión por un delito de lesiones leves sobre la mujer, mientras que la defensa pide la libre absolución al considerar que se trata de una «denuncia falsa».

La investigación comenzó el 18 abril de 2016, cuando la maestra recibió la nota de socorro oculta entre los deberes de uno de sus alumnos. «No puedo denunciarlo porque estoy todo el tiempo con él y no me deja por supuesto que haga la denuncia y me esconde la llave cuando sospecha que puedo hacerlo», relataba la madre a la profesora, a la que se dirigía por su nombre. «En Uruguay –de donde la pareja es oriunda– nunca pude hacer la denuncia porque en una sociedad machista es inútil hacerlo». La mujer termina diciéndole a la docente que no sabe dónde dirigirse y que teme por ella y por sus hijos ante las «represalias» que su marido pueda llegar a tomar.

Una falsa tutoría

A las 10.30 horas, la comisaría de Torremolinos-Benalmádena recibió una llamada del centro escolar alertando del contenido de la carta. Agentes de la Unidad de Familia y Atención a la Mujer (UFAM) de la policía se desplazaron al colegio para entrevistarse con la profesora. Allí pudieron comprobar que los niños, de 5 y 8 años, no presentaban signos aparentes de estar sufriendo malos tratos.

La mujer aseguraba en su carta que temía las represalias que su marido pudiera tomar

Los investigadores idearon un plan. Con ayuda de los maestros, convocaron a la pareja a una tutoría y se las ingeniaron para quedarse a solas con ella. Fue entonces cuando les contó el calvario que, supuestamente, estaba viviendo. Según declaró, fue víctima de violencia machista casi desde el inicio de la relación (llevaban 16 años juntos y 13 casados).

Al principio, dijo, sólo fueron malos tratos psicológicos, con insultos y vejaciones; más tarde llegarían las agresiones físicas, según su versión. Ambos estaban desempleados. Ella encontró un trabajo, pero sólo le duró cinco días «por los celos» de su marido. La mujer explicó a los agentes que su esposo le controlaba el acceso a redes sociales y al correo electrónico, por lo que decidió escribir una nota y enviársela a la «seño» de su hijo.

La acusación pide que se prohíba al denunciado acercarse o comunicarse con ella durante tres años

La Fiscalía, sin embargo, no hace referencia a esa habitualidad en los supuestos malos tratos. La representante del Ministerio Público alude a un episodio concreto que se habría producido el 16 de abril –un día antes de que ella escribiera la carta– en el domicilio familiar y estando presentes los dos hijos de la pareja, ambos menores de edad. Según el escrito de conclusiones provisionales de la fiscal, el matrimonio mantuvo ese día una discusión en el transcurso de la cual él «agarró con fuerza del brazo» a su esposa, que estaba en el lavadero, «la arrastró hasta el dormitorio, la subió a la cama e intentó morderle la nariz».

El relato de la fiscal sobre este episodio concreto, que coincide con el que hace la acusación particular, continúa así: «Ella consiguió zafarse y él cogió un bote de pastillas para dormir, echándoselas todas a la boca. Salió del dormitorio hacia el salón y se despidió de sus hijos, quienes se asustaron y se pusieron a llorar, y a continuación volvió a entrar en el cuarto y se sacó las pastillas de la boca». La mujer, que ha renunciado a cualquier indemnización por este asunto, sufrió hematomas en el antebrazo izquierdo, en la muñeca derecha y en la rodilla izquierda –además de un importante cuadro de ansiedad– que tardaron siete días en curarse.

El escrito de acusación particular, firmado por el abogado Pablo Lazárraga, sí destaca episodios de malos tratos anteriores: «Como consecuencia de los celos del acusado, se han venido produciendo diversos episodios de violencia física contra mi representada por parte de su marido, que empezaron antes de venir a España (16-12-2005), con empujones y zarandeos, que pasaron a ser cada vez más violentos. Una vez en el país, se han repetido estos hechos».

Tanto la Fiscalía como la acusación particular solicitan, además de la pena de un año de prisión, una orden de alejamiento de un radio de 500 metros del domicilio, centro de trabajo o lugar donde se encuentre la denunciante, así como la prohibición de comunicarse con ella por cualquier medio. Piden que ambas medidas se apliquen durante un periodo de tres años.

«Asesorada por familiares»

En cambio, el acusado, que está representado por el abogado José Ignacio Francés, del bufete IFS abogados, siempre ha mantenido su inocencia y niega haber maltratado a su mujer. La defensa argumenta que el marido ha sido «víctima de una maniobra torticera efectuada por la denunciante quien, a sabiendas, ha orquestado todas estas actuaciones destinadas a crear una enorme alarma sobre su situación, siendo que una vez que se desciende a la realidad de los hechos, se demuestra claramente la falta de veracidad de lo denunciado».

El letrado malagueño, que se ha especializado en investigar casos de posibles denuncias falsas, asegura en su escrito de defensa que la mujer, «asesorada por sus múltiples parientes letrados en Chile», quiso dar una «falsa impresión de estar recluida por su marido a través de la carta dirigida a la tutora de sus hijos y debidamente escondida entre los deberes de éstos, a los que utiliza como instrumento de su actuación».

Según explica, cuando ella remitió esa nota de auxilio, tenía «total libertad» para hacer su vida «tal y como reconoce en su declaración y por mensajes de WhatsApp que serán aportados». Francés añade: «Podía haber acudido por sí misma a comisaría e interponer la denuncia, o realizar una mera llamada. [...] Es más, la vivienda en la que decía estar secuestrada es un ático con terraza situado justo enfrente de la comisaría de policía».

El abogado defensor apoya su argumentación en que sólo cinco días después de la detención, la valoración policial del riesgo de la víctima disminuyó de alto a bajo. Seis meses más tarde, el nivel de peligro volvió a descender a «no apreciado», según Francés, por la «absoluta falta de interés de la denunciante en continuar con este proceso tras haber conseguido medidas civiles por la vía penal».

El letrado sostiene que, una vez logró el objetivo de la denuncia, «que no es otro que tener el pleno y unilateral acceso a los fondos de la familia, se dejan completamente de lado las gravísimas acusaciones que se habían formulado, llegando solo a enjuiciarse en este proceso unas lesiones».

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