la historia detrás de la mujer que transformó Torremolinos

Ciega y acomodada económicamente, María Barrabino cedió terrenos que acabaron convertidos en una iglesia y hasta en la famosa discoteca El Dorado

Fotografía de la familia Barrabino / Familia Barrabino
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

La Casa de María Barrabino se convertirá en uno de los emblemas del proyecto de regeneración del centro de Torremolinos, cuyas obras de peatonalización comenzarán en octubre. La recuperación de este espectacular edificio, situado en pleno corazón de la localidad malagueña y abandonado desde hace dos décadas, ha generado un aluvión de preguntas en torno a su propietarios. ¿Quién era María Barrabino, la mujer que, a través de sus donaciones, transformó la imagen del casco histórico? Nacida en 1866, pasó su infancia y juventud entre Córdoba y Torremolinos, donde acabó instalándose de forma definitiva. Heredó de su tía María Melgar la Hacienda San Miguel, nombre que por entonces recibían los terrenos donde se levantaba el inmueble.

María se casó con Rafael Sanz Noguer, con quien tuvo dos hijas, Lourdes y Carmen. En uno de los muchos terrenos que cedió pudo construirse la Iglesia Madre del Buen Consejo. Era propietaria de una gran finca que ocupaba buena parte del actual centro de Torremolinos, pero fue desprendiéndose de sus bienes de forma paulatina. Ciega y acomodada económicamente, dedicó su vida a realizar obras de caridad, como relata su bisnieta María Acacia López-Bachiller, decana de los comunicadores de golf y jefa de Prensa del Circuito Europeo en España: «Mi bisabuela era una mujer genial, muy adelantada a su tiempo». María Acacia, como gran parte de la familia, nació en la casa de Torremolinos.

Cuadro de la casa y del jardín, pintado por una de las nietas de María Barrabino; la entrada y planta baja, pintadas por Rafael Sanz, y la plaza Costa del Sol en un cuadro de Manuel Blasco, primo de Picasso / Familia Barrabino

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«Tenía una imaginación increíble. Recuerdo que una vez me compró una muñeca gigante y, cuando llegué a casa, me dijo que mirara en una habitación. Cuando encontré la muñeca, me dijo que los Reyes Magos iban camino de Oriente y habían atracado en el Puerto de Málaga para dejármela», recuerda María Acacia, que también detalla las visitas vespertinas que realizaban con asiduidad a las casas de otras familias de la zona, como los Manoja o los Muñoz Cobo. La vivienda pertenece ahora a cuatro ramas familiares, aunque permanece desocupada desde diciembre de 1998, cuando murió Lourdes, una de las dos hijas de María Barrabino y última inquilina.

Thays Vijande, otra de las bisnietas de María Barrabino, explica que la actual plaza Costa del Sol pertenecía a la familia, aunque finalmente fue expropiada por el Ayuntamiento en compensación por la cancelación de varios impuestos. Las dos hijas y los nietos de María adquirieron de forma paulatina los terrenos, que a su vez alquilaban a terceros, como ocurrió con el local donde se levantó la famosa discoteca El Dorado, que da nombre a una novela de Fernando Sánchez-Dragó: «Le dijeron a mi tía que iban a hacer un salón de té, pero en realidad era una de las primeras discotecas de la Costa del Sol».

Para «purgar penas» por haber alquilado un local que acabó convertido en un oasis hedonista en pleno franquismo, la familia donó uno solar al Obispado de Málaga. Thays recuerda que, en total, la finca donde se erigía la casa tenía más de 20.000 metros cuadrados. Otra de las aportaciones de Barrabino a Torremolinos fue la construcción de lavaderos públicos en la actual calle Cauce, denominada así porque encargó realizar obras para encauzar el agua.

El Ayuntamiento negocia la adquisición de la casa y ya ha incluido una partida para su restauración en el presupuesto del proyecto de peatonalización de la plaza Costa del Sol y parte de la avenida Palma de Mallorca. El arquitecto encargado del diseño, Salvador Moreno Peralta, propone la demolición de los comercios que separan la plaza de la Casa de María Barrabino con el objetivo de que el inmueble forme parte central de esta regeneración estética. Desde el Consistorio ya barajan posibilidades como ofrecer espacios alternativos a estos comercios.

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