El irlandés acusado de matar a otro en Mijas: «No lo hice. Esa mañana estaba con resaca y una prostituta en la cama»

El acusado, durante la sesión./A.F.
El acusado, durante la sesión. / A.F.

El procesado, que se enfrenta a una pena de prisión permanente revisarle, ha indicado que conocía a la víctima del gimnasio en el que practicaban boxeo, pero que no tenía ningún problema con él

ALVARO FRÍAS y JUAN CANOMálaga

Fue una guerra entre grupos mafiosos irlandeses que dejó varios muertos «tanto en España como en el extranjero», según la Fiscalía, que acusa a un hombre de haber cometido en Mijas uno de estos crímenes por encargo. El procesado, que se enfrenta a una pena de prisión permanente revisable, ha insistido en que no acabó con la vida de la víctima, y que aquella mañana se encontraba en la cama con resaca y en compañía de una prostituta.

Quien se sienta en el banquillo es el irlandés James Q., que está siendo enjuiciado ante el Tribunal del Jurado por el asesinato de su compatriota Gary Patrick Hutch, al que supuestamente acribilló a tiros en la urbanización Ángel de Miraflores de Mijas el 24 de septiembre de 2015. El Ministerio Público considera que actuó «por encargo de una persona desconocida» y se ampara en una de las circunstancias agravantes recogidas en la ley que permiten solicitar la prisión permanente revisable, como son los casos de asesinatos cometidos por miembros de una organización criminal.

Tras la selección de los miembros del jurado y la exposición de las diferentes partes, el procesado ha declarado por primera vez ante las autoridades. Con unas fuertes medidas de seguridad en la sala, donde ha estado custodiado por cuatro agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional, ha expuesto que conocía a la víctima, ya que ambos entrenaban en el mismo gimnasio de boxeo en España, pero que no eran amigos ni tuvo nunca ningún problema con el fallecido.

James Q. ha manifestado que no residía entonces en España y que se dedicaba a viajar por el mundo contratando mesas en clubs exclusivos y cruceros para diversos clientes, una actividad que también llevó a cabo en Puerto Banús. Ha apuntado que cobraba en metálico y que nunca declaraba el dinero que ganaba.

Ha precisado que un par de días antes de los hechos, regresó a España de uno de estos viajes de negocios para asistir a una boda. Así, ha negado haber participado en el crimen, ya que la mañana en la que ocurrieron los hechos estaba de resaca en la cama con una prostituta.

El relato de la Fiscalía

Según el escrito de acusación del fiscal, James Q. se dirigió a la urbanización, en compañía de otra u otras personas cuya identidad no ha quedado acreditada, a bordo de un automóvil BMW X-3, que había sido sustraído días antes en Mijas. Una vez allí, «mientras su acompañante o acompañantes aguardaban en el interior del vehículo, el acusado accedió al recinto».

La Fiscalía sostiene que James Q. se quitó la gorra que llevaba, se colocó un pasamontañas y presuntamente se dispuso a esperar a Hutch provisto de dos armas de fuego en el aparcamiento. «El acusado lo abordó de forma sorpresiva, comenzando a disparar sobre el mismo», relata el Ministerio Público. «Aun cuando –continúa el escrito– inicialmente la víctima pudo huir a la carrera hacia el interior de la zona comunitaria, el acusado lo persiguió llegando a efectuar más de 15 disparos».

Finalmente, el procesado habría dado alcance a Hutch, «evitando cualquier posibilidad de defensa», ya que la víctima se hallaba en el suelo casi inmóvil como consecuencia de los tiros recibidos, y habría efectuado dos disparos a corta distancia en su cabeza causándole la muerte de inmediato. Tras el crimen, el acusado se habría dado a la fuga en el coche que le esperaba fuera, sobre el que dice que intentaron incendiar para destruir pruebas, aunque no llegaron a lograrlo por la intervención de terceros que apagaron las llamas.

El fiscal asegura que «por inteligencia policial» se tuvo conocimiento de la que la muerte de Hutch «se sitúa en el contexto de un enfrentamiento entre organizaciones de carácter criminal –dedicadas entre otras actividades al tráfico de estupefacientes– que operan a nivel internacional y que han causado ya varias muertes.

También afirma el Ministerio Público que el acusado, «actuando al servicio de una de estas organizaciones», ostentaba un elevado nivel de vida en España, «disfrutando de casas de lujo, coches de alta gama, múltiples viajes al extranjero (Dubai o Tailandia), llegando a adquirir una embarcación valorada en 100.000 euros, todo ello pese a carecer de trabajo o medios de vida conocidos».

Por todo lo anterior, el fiscal atribuye a James Q. un supuesto delito de asesinato, con el agravante de disfraz, y otro de tenencia ilícita de armas, y pide que indemnice a los herederos legales del fallecido con la suma de 90.000 euros.

Se trata de un relato en el que el procesado en este caso ha negado haber participado. Ha asegurado que no pertenece a ningún grupo criminal irlandés, que nunca compró un barco, pese a que puso un depósito de 10.000 euros para ello con un amigo, y que tampoco habló con otra persona por teléfono sobre un crimen relacionado con los enfrentamientos entre las citadas organizaciones.

El acusado ha dicho que desconoce cómo pudo aparecer una gorra con su ADN en el vehículo que se usó para el crimen. Su abogado, Pedro Apalategui, ha insistido en las sospechas que suscita el hecho de que el interior del vehículo así como toda la ropa que había en el mismo, incluida otra gorra, resultaran calcinados salvo la prenda que, supuestamente, relacionaría al procesado con el crimen.

En cuanto a la pistola que fue hallada con su ADN, el procesado ha señalado que no sabe cómo estaban ahí esos rastros y que, teniendo en cuenta que se encontraba en un armario, lo único que se le ocurre es que dejara su ropa en el armario y que de esta forma se produjera la trasferencia al arma de fuego.

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