Un hogar para los huérfanos ferroviarios en Torremolinos

Historia de Málaga

El centro educativo fue inaugurado el 7 de septiembre de 1935, con capacidad para 300 alumnos, y se cerró en 1973. En un principio, el colegio era masculino, luego fue mixto y finalmente albergó solo a niñas de hasta doce años

Alumnos de la primera promoción del colegio.
Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

El Colegio de Huérfanos Ferroviarios de Torremolinos aún está presente en la memoria de muchos malagueños. En sus 38 años de vida, por sus aulas pasaron miles de alumnos en régimen de internado. El nexo común de los niños y niñas que tuvieron su hogar en ese centro fue ser huérfanos de padre. Todos los trabajadores de los ferrocarriles aportaban una cuota obligatoria para el mantenimiento de los seis colegios que llegaron a funcionar: Madrid, Torremolinos, Alicante, Palencia, Ávila y León.

El de Torremolinos se inauguró el 7 de septiembre de 1935. La construcción se llevó a cabo impulsada por la Asociación Nacional de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España. La finalidad era garantizar la manutención, sostenimiento y educación de los huérfanos. El edificio de Torremolinos se abrió con una capacidad para acoger a 300 alumnos. El arquitecto fue Francisco Alonso Martínez. En un principio, el colegio era masculino, luego fue mixto y finalmente albergó solo a niñas de hasta doce años.

El centro, además de garantizar la correcta nutrición de los alumnos y facilitarles una educación que la falta de medios de muchas madres no habría podido ofrecerles, fue un verdadero hogar para los internos, además de permitirles una oportunidad para salir adelante una vez cumplida la edad de abandonar la institución, de ahí que aún muchos exalumnos recuerden con cariño esa etapa inicial de sus vidas.

El primer colegio de huérfanos de ferroviarios que se abrió fue el de Madrid (11 de mayo de 1930). Sus 500 plazas pronto se ocuparon y hubo una fuerte demanda para entrar. Esa situación hizo que la junta directiva de la Asociación de Ferroviarios de España decidiese la construcción de otro centro. La provincia elegida fue Málaga y el lugar, Torremolinos.

Como se recoge en el boletín del colegio de Madrid, «el terreno del nuevo centro de Torremolinos cuenta con una superficie de 23.180 metros cuadrados, con fachada a la carretera de Málaga a Cádiz y una profundidad media hacia el mar de ciento sesenta metros». El solar estaba treinta metros por encima del nivel de la playa y a unos 200 metros de distancia de esta. Era un enclave inmejorable. El arquitecto diseñó un centro que destacaba por su funcionalidad. El Colegio de Huérfanos de Ferroviarios de Torremolinos tenía forma de avión, como se apreciaba con nitidez viéndolo desde el aire.

El colegio en un principio fue dirigido por personal laico, aunque en su última etapa llegaron las Hermanas de la Caridad. La directora fue sor Carmen Fontela. En cada provincia había un delegado general que se encargaba de los asuntos relacionados con los huérfanos ferroviarios y sus familias. Los delegados se reunían en asamblea dos veces en el año en alguno de los seis colegios que funcionaban, junto al consejo de administración. En Málaga, cabe citar, entre otros, a los delegados generales Fulgencio Rubio, Ángel Escalera Hernández y Enrique Romera Rojas.

El colegio de Torremolinos se cerró en 1973. Durante 17 años sufrió un proceso de deterioro. La Junta de Andalucía lo declaró Bien de Interés Cultural en 1990. Tras ser restaurado por el Ayuntamiento de Torremolinos, se abrió al público en 2001 como Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso y sede de la Universidad Popular torremolinense.

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