Los efectos de la 'invasión' de gallinas en el Parque de La Paloma de Benalmádena: cruzan la carretera y se cuelan en bloques y negocios

Los efectos de la 'invasión' de gallinas en el Parque de La Paloma de Benalmádena: cruzan la carretera y se cuelan en bloques y negocios

La superpoblación de aves en este parque de Benalmádena mantiene divididos a vecinos y comerciantes; para unos resulta «el mayor encanto» de la zona y otros denuncian suciedad y falta de control

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

La presencia de animales en el parque de La Paloma, en Benalmádena, resulta uno de sus principales reclamos. Cientos de familias se acercan a diario para contemplar gallinas, gallos, conejos, erizos, gatos, pavos reales, patos o cisnes en libertad, hasta el punto de situar el recinto como primera visita recomendada en la localidad costera según los usuarios de la página web TripAdvisor, por encima de Puerto Marina, Tívoli o sus playas. La falta de control sobre parte de su fauna, sin embargo, lleva meses provocando quebraderos de cabeza a vecinos y comerciantes de la zona.El aumento del número de gallinas y gallos provoca que a menudo salgan del parque y crucen la carretera colindante, que conduce a varias urbanizaciones y negocios donde estas aves suelen incubar y pasar la noche hasta que, por lo general tras alguna queja vecinal, son reconducidas a La Paloma.

«A veces hablamos con los clientes por teléfono y creen que estamos en mitad del campo», explica una trabajadora de la compañía de seguros situada frente al parque, que también reconoce los problemas de circulación que el paso de estos animales suele generar: «Muchas veces vemos vehículos en cola esperando, nos asomamos y comprobamos que están esperando a que pasen varias gallinas y gallos». Desde la tienda de artículos de hogar contigua las vistas resultan privilegiadas porque dan a una de las entradas al parque, como detalla su propietaria: «Es tierno porque a veces cruza la familia entera y la madre espera si algún pollito se queda atrás. A mí no me molesta, pero entiendo que a la gente que vive aquí les resulten incómodos los ruidos».

El canto de los machos y el cacareo de las hembras se ha convertido en el hilo musical, celestial para algunos y odioso para otros, con que los vecinos de la zona se despiertan cada mañana. «Hay días que es terrible, porque parece que se ponen de acuerdo para cantar todos a la vez, pero otras veces es más llevadero», reconoce uno de los dueños de los pisos cercanos. El Ayuntamiento cifra en unos 400 ejemplares el número de gallos y gallinas que viven en el parque, aunque lo cierto es que la falta de un censo oficial hace imposible establecerlo con exactitud. Desde la coalición de gobierno achacan el aumento de aves a su abandono: «Las sueltan aquí cuando quieren librarse de ellas». La empresa encargada del mantenimiento de las zonas verdes municipales ha iniciado un proceso de anillado por concluir que permitirá saber qué animales pertenecen al parque.

Los negocios de hostelería son los que más sufren los efectos de las escapadas habituales de estos animales. Atraídos por las migas y los restos de comida que quedan en el suelo y en las mesas, los bares y restaurantes del entorno se han convertido en el lugar predilecto para su asentamiento. «La verdad es que ensucian y algunos clientes se quejan, aunque a otros les parece divertido verlos por aquí», sostiene una de las empleadas del restaurante situado frente a la entrada principal al parque. No solo cruzan gallos y gallinas, sino también patos: «Alguna vez los hemos visto y coincide con los momentos en que el lago del parque tiene menos agua, pero no sabemos si está relacionado».

Aunque en un primer momento el Consistorio hizo un llamamiento entre quienes quisieran acoger gallos y gallinas del parque, fuentes municipales matizan que la adopción debe estar regulada por un convenio que garantice el cuidado de los animales, acuerdos que están firmándose con asociaciones y granjas-escuela de toda la provincia «pero en ningún caso con particulares». El cuidado del parque, objeto de numerosas críticas por su mal estado tras los recortes aplicados a la partida presupuestaria destinada a parques y jardines a comienzos de legislatura, está externalizado. La adjudicataria, Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), también presta servicio veterinario, aunque no han querido hacer declaraciones a este periódico «por política de empresa».

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