Diversión pasada por agua

Los tres parques acuáticos de la provincia, clásicos del ocio estival, atraen cada año a más de medio millón de personas

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Tras su inauguración en 1984, la publicidad de Aquapark presentaba todo un reto al que era difícil resistirse: «Baja por el kamikaze, el tobogán más alto y rápido de Europa. Lucha con las olas gigantes del Waikiki Sur y desciende las aguas enfurecidas del Monte Cascada». Más de tres décadas después, los parques acuáticos continúan siendo una visita casi obligada en los sofocantes veranos de la Costa del Sol, donde cada verano atraen a más de medio millón de personas. La fórmula, basada en velocidades y alturas de vértigo, apenas ha variado desde entonces, pero la tecnología ha permitido incorporar atracciones impensables hace algunos años. Toboganes, piscinas con olas, cascadas, túneles de agua y otras instalaciones con giros y trazados imposibles, que aquí encuentran cobijo nominal bajo el delicioso malagueñismo ‘chorraera’, conviven con zonas de esparcimiento, hamacas, restaurantes y espacios infantiles.

La apertura de Aquapark, ahora Aqualand, revolucionó el concepto de los parques de ocio en la provincia, que poco después comenzó a acumular complejos similares con suerte y rentabilidad dispares. El de Torremolinos, sin embargo, presume de ser el primer complejo con atracciones de agua construido en España, el segundo en Europa. Una empresa inglesa había elegido Málaga, cuna del turismo en Andalucía, para importar el modelo nacido en Estados Unidos varios años antes. En marzo de 1984, el entonces alcalde, Pedro Aparicio, colocó la piedra fundacional de este parque que conserva su esencia, aunque haya cambiado hasta de nombre.

Cada parque cuenta con decenas de atracciones. / Salvador Salas

Los encorsetados trajes de baño y las setecientas pesetas que costaba cada entrada han dado paso a una clientela heterogénea pero fidelizada. «Decenas de miles de nuestros visitantes vienen cada año», cuentan orgullosos desde el departamento de Marketing. La visita a Aqualand, ya sea en la versión opulenta del «hoy todo está permitido» o bajo la clásica opción económica de ‘tupper’ y refresco, forma parte de la rutina estival de buena parte de los malagueños. Sus cerca de 70.000 metros cuadrados albergan atracciones como el ‘boomerang’, los conos locos o la anaconda.

Precios y ofertas

Los precios de las entradas a los parques acuáticos malagueños rondan los veinticinco euros para adultos, quince euros en el caso de los niños, aunque todos ofrecen ‘pracks’ de ofertas temporales y para grupos o familias. Además, la mayoría también cuenta con reducciones para usuarios que reserven sus pases a través de Internet. En los últimos años, estos complejos han añadido nuevos reclamos para mantener su flujo de visitantes y combatir el aumento de atracciones en playas y hoteles de la Costa del Sol. Es el caso de Aquavelis, que esta temporada ha habilitado una sala con juegos de realidad virtual. A los retos de agua se suman ahora hordas de ‘zombies’ contra las que pelear, simulaciones de conducción, defensas de castillos o combates contra drones espaciales bajo modo arcade.

Aqualand es el pionero de los parques españoles. / Salvador Salas

«Hay que reinventarse. Hace dos años ya ampliamos las zonas infantiles con nuevos toboganes para menores de diez años», explica el director comercial de Aquavelis, Rafael Gálvez. Los usuarios del complejo axárquico, cerca de 70.000 cada verano, valoran la distribución de las atracciones y las zonas comunes, diseñadas para poder tener vigilados a los niños: «Es un parque menos masificado que otros y la gente agradece tener más libertad de movimiento y esperar menos colas». También en AquaMijas el ambiente predominante es familiar, como detalla su directora, María del Mar Asesio: «Vienen varias generaciones, y el ‘río lento’, con bañeras y flotadores, es la atracción más demandada. Es bonito ver cómo las familias se divierten juntas».

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