La desprotección se ceba con el entorno de las tres torres vigía de Benalmádena

El restaurante colindante a la Torre del Muelle no respeta su zona de protección
El restaurante colindante a la Torre del Muelle no respeta su zona de protección / A. G.

Pintura blanca «para dar un aire ibicenco» a la zona o un parque infantil que no respeta el perímetro legal, entre las deficiencias que arrastran estos BIC

ALBERTO GÓMEZ

Hace cerca de dos siglos que dejaron de ser útiles para prevenir y combatir los ataques de piratas y otros enemigos, pero las torres vigías siguen coronando el litoral malagueño como testigos mudos de su historia. Benalmádena, con tres de estas edificaciones, todas declaradas Bien de Interés Cultural (BIC), es uno de los municipios de la provincia que mayor número de torres concentra. Estos monumentos, sin embargo, pasan la mayor parte del año rodeados de maleza y presentan un evidente estado de dejadez, una situación que llega a incumplir la Ley del Patrimonio Histórico de Andalucía al no respetar el entorno mínimo de protección, establecido en cincuenta metros.

La Consejería de Cultura acaba de denegar una petición del Ayuntamiento para instalar atracciones junto a Torre Bermeja, una construcción musulmana del siglo XIV ubicada en la plaza ajardinada que da entrada a Puerto Marina. La solicitud del Consistorio fue realizada después de que una empresa especializada en actividades de ocio colocara en primavera un parque infantil desmontable con camas elásticas y un castillo hinchable. Esta instalación estaba situada frente a dos locales vacíos del centro comercial del Puerto, pero el interés de dos franquicias en alquilar estos espacios provocó que el Gobierno municipal propusiera trasladar el parque a la zona colindante a la torre al «desconocer» que se trataba de un espacio protegido.

Las torres vigía

Torre Bermeja.
Se trata de una construcción musulmana del siglo XIV situada en la plaza ajardinada que da entrada a Puerto Marina. En su entorno de protección se ha instalado un parque infantil.
Torre del Muelle.
Con una altura superior a los once metros, su emplazamiento estratégico permitía visualizar la costa del Mar de Alborán. Un restaurante cercano ha pintado de blanco algunas piedras para «dar un aire ibicenco» a la zona
Torre Quebrada.
Debe su nombre a que estuvo rota durante décadas. Fue declarada BIC en 1985, como las otras dos torres. Parte de su vallado de seguridad está roto.

Tras las denuncias públicas de la oposición y de la Asociación de Vecinos de Torremuelle, que señalaron que la instalación incumplía la ley, el Ayuntamiento solicitó permiso a la Consejería, que finalmente ha rechazado la propuesta, con el agravante de que la petición debería haberse presentado antes de instalar el parque y no después. El patrimonio histórico es competencia autonómica, pero el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Benalmádena recuerda que corresponde a los ayuntamientos «la misión de ensalzar y dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del patrimonio histórico andaluz y adoptar las medidas cautelares necesarias para salvaguardarlos».

Lucha administrativa

El caso de la Torre del Muelle, también conocida como Torremuelle, ha llegado incluso a la Fiscalía después de que el propietario del restaurante colindante mandara construir una jardinera, un muro y varias estancias, además de pintar de blanco algunas piedras «para dar un aire ibicenco» a la zona, protegida por la cercanía del BIC. Tras años de lucha administrativa y vecinal, y desestimadas las alegaciones presentadas por la empresa, el Ayuntamiento exigió el año pasado el inicio inmediato del procedimiento de reposición del entorno, pero ni el muro ni la jardinera han sido aún demolidos y algunas zonas siguen pintadas de blanco. La torre y su entorno tampoco disponen de iluminación nocturna, como solicitó la formación local Vecinos por Benalmádena. El asunto le valió al alcalde, Víctor Navas, una reprobación del Defensor del Pueblo Andaluz por la falta de colaboración del Ayuntamiento en las inspecciones y en el restablecimiento de la legalidad urbanística y del orden jurídico perturbado.

Tampoco la Torre Quebrada, con parte de su vallado de seguridad roto y rodeada de maleza, presenta el mantenimiento necesario para su puesta en valor. Al mejorable estado de estos BIC se suma la falta de inversión y de mantenimiento de los yacimientos arqueológicos, convertidos en improvisados vertederos de residuos que hacen prácticamente imposible su visión. El Ayuntamiento solicitó una partida de más de un millón de euros para la puesta en valor de estos asentamientos como parte de su estrategia de desarrollo urbano, pero la petición fue rechazada por Bruselas.

Entre las villas romanas destacan las de Torremuelle, Benalmádena Costa (Benalroma) y Los Molinillos, aunque la Junta de Andalucía desestimó declararlos BIC, un reconocimiento que sí ostentan las tres torres vigía, asediadas ya no por piratas sino por intereses privados y la desprotección de la Administración.

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