Diario Sur

Dos policías y una médico salvan de morir ahogado a un hombre en Fuengirola

Rafael y Pablo, policías y, a la derecha, Pilar Moreno.
Rafael y Pablo, policías y, a la derecha, Pilar Moreno. / SUR
  • Consiguieron reanimarle en la orilla y fue trasladado al Hospital Costa del Sol, donde fue dado de alta horas más tarde

Pilar disfrutaba de su día de descanso. Tomaba el sol en una playa de Fuengirola, esa misma que se iba a convertir en el escenario en el que su vida y la de los policías nacionales Rafael y Pablo se cruzarían para salvar a un hombre que estuvo a punto de morir ahogado.

Todo ocurrió el pasado jueves. Sobre las 14.30 horas, Pilar Moreno, que es médico especialista en urología en el hospital de Antequera, estaba descansando en una tumbona de la playa situada frente al chiringuito Los Marinos Paco, cuando la dueña del establecimiento la llamó a gritos.

Sabía que Pilar es médico, de hecho ya había ayudado a algún cliente del restaurante alguna que otra vez, pero nunca en una situación de la gravedad de este caso. «Salí corriendo detrás de ella, y al llegar me encontré al hombre, estaba en parada cardiorrespiratoria. Su color era azul, clínicamente estaba muerto», recuerda la especialista.

Se trataba de un hombre corpulento y de 58 años de edad. De origen lituano, se encontraba en la localidad pasando unos días de vacaciones junto a su familia. Pilar ya estaba junto a él mientras, por las radios de los vehículos patrulla, se escuchaba por primera vez el aviso. Se solicitaba la presencia de los agentes en la playa.

«No sabíamos lo que pasaba. Solo nos decían que había una persona en la orilla, no sabíamos si estaba viva o muerta, así que puse los prioritarios y fuimos hacia la playa», cuenta Rafael. Pablo, en otro vehículo, también estaba de camino.

Pilar ya había comenzado a practicarle las maniobras de reanimación y, en poco tiempo, iba a contar con la ayuda de los dos agentes. Rafael explica que, cuando llegó, Pablo le sujetaba al hombre la lengua para liberarle las vías respiratorias, mientras la médico le daba golpes en la espalda para que expulsara el agua.

«Le estuve dando unos masajes al hombre a la altura de la espalda y del estómago», apunta el agente. Hasta que, finalmente, el turista expulsó una gran cantidad de agua y acabó recuperando el pulso.

El tiempo había pasado muy lento para ellos, pero al final consiguieron salvarle la vida al hombre, que fue trasladado en ambulancia hasta el hospital Costa del Sol. Estaba bien. Se recuperó hasta el punto de que esa misma tarde recibió el alta y pudo irse con su familia.

Pilar regresó al apartamento que tiene en Fuengirola y más tarde se marchó para Antequera a descansar después del gran esfuerzo físico que hizo con las maniobras de reanimación. Los agentes también tuvieron que pasar por sus viviendas para cambiarse el uniforme, estaban empapados de agua del mar y repletos de arena.

Sus vidas volvían a separarse de nuevo. Cada una tomaba su rumbo. Eso sí, a todos les quedaba el mismo sabor de boca: satisfacción por haber ayudado a una persona que estuvo a punto de perder la vida. Esa vocación que a los tres les empujó a elegir sus profesiones.