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¿Sabes por qué se llama Bil-Bil el castillo de Benalmádena?

Imagen actual del Castillo Bil-Bil
Imagen actual del Castillo Bil-Bil / Sur
  • Pese a su denominación y estilo árabe, el emblemático palacete le debe su nombre y construcción a un empresario norteamericano

Cualquiera que pase por delante concluirá que esa construcción fortificada tiene varios siglos y que es de época árabe. Las almenas del exterior, su decoración interior morisca y el nombre, Castillo de Bil-Bil, parecen indicios más que concluyentes del origen musulmán de este emblemático palacete costero de Benalmádena, una localidad cuyo nombre procede, precisamente y según la teoría más extendida, de la época de Al-Andalus y de la denominación 'Ibn al-ma'din'. Pero las apariencias engañan y, en el caso del arabesco Bil-Bil, todavía más. Porque lejos de ese origen medieval, la fortificación nació como una residencia de descanso en la primera mitad del siglo XX y le debe su nombre a uno de sus dueños, el norteamericano William Schenstrom.

Según recogen la mayoría de textos históricos sobre esta residencia costera, el origen está en Leon Hermann, un acaudalado ciudadano de origen francófono que, según las fuentes consultadas, era de procedencia belga o gala. Junto a su mujer, Fernanda o Francisca Fernández -tampoco está claro este detalle-, encargó la construcción al arquitecto Enrique Atencia en 1927. No obstante, otras teorías sitúan más tarde la edificación, en los años 34 a 36, aunque lo que parece evidente es que la guerra civil hizo desistir a la familia de esta propiedad. Así, tras las contienda española, el edificio fue adquirido por la familia estadounidense Schenstrom, de donde saldría el conocido nombre de Bil-Bil.

¿Sabes por qué se llama Bil-Bil el castillo de Benalmádena?

Así, el empresario William Schenstrom llegó a Benalmádena con su mujer, Elsie, y su hijo, también William. Ingeniero e inventor, el nuevo propietario nació en París pero se nacionalizó norteamericano tras instalarse en Nueva York y hacer su fortuna con una patente de estructuras soldadas para la construcción. William volvió a Europa para instalarse en la Costa del Sol y terminar las obras de su nuevo castillo, ampliando y adaptando el proyecto original. Fue entonces cuando los obreros se referían al nuevo dueño por su apodo, Bill, y a la residencia como el Castillo de Bill. La popularización de este nombre y que el hijo también respondiera al nombre de Bill fue lo que definitivamente acabó por denominar esta construcción como el Castillo de Bil-Bil. Es decir, nada que ver con el pasado árabe de la localidad o del propio edificio.

Fue en esta etapa en la que la familia Schenstrom vivió en el castillo, cuando la residencia se convirtió en un emblema de Benalmádena por el lujo de la decoración morisca de su interior y su situación privilegiada en una playa a la que acabaría dando su nombre de Bil-Bil. La muerte del empresario William Schenstrom, que fue enterrado en julio de 1964 en el Cementerio Inglés de Málaga, dio paso a la etapa más oscura del palacete. Meses después de su fallecimiento, su hijo presentaba un proyecto para convertir la residencia en un hotel-club al disponer de una superficie de 7.000 metros cuadrados, de los que solo estaban construidos unos 1.000 metros cuadrados. Pero el municipio se oponía a la desaparición del ya consolidado Castillo de Bil-Bil.

Una sociedad belga, Benalbeach, se hizo con la propiedad en 1973 y presentó otro proyecto para construir apartamentos. Además, esta empresa pintó de blanco el característico edificio rojizo, lo que provocó numerosas protestas de los vecinos que llegaron incluso a la prensa al considerarse un atentado contra una construcción que ya muchos consideraban un emblema de Benalmádena. El abandono del edificio por los nuevos dueños tras la negativa municipal a su proyecto turístico abrió también un largo tira y afloja con el Ayuntamiento que se saldó con su compra en 1980 y rehabilitación como edificio cultural y social para la localidad. El Ayuntamiento pagó 28 millones de pesetas de la época -al cambio de hoy serían unos 168.000 euros-, a los que sumó otros siete millones de pesetas -42.000 euros- para reformar el edificio.