Aquel verano de la carnavalera Paqui Prieto

Paqui Prieto, durante un verano de los 70, junto a su novio y actual marido Antonio.
Paqui Prieto, durante un verano de los 70, junto a su novio y actual marido Antonio.

Fue en las playas de la capital donde pasó sus veranos en la adolescencia y donde se enamoró. Y fue en las playas de Rincón donde surgió la idea de crear una murga infantil

Raquel Merino
RAQUEL MERINOMálaga

De su ciudad natal, Isla Cristina, Paqui Prieto lleva en su corazón, además de a su familia y una infinidad de recuerdos, los carnavales y el mar. Dos pasiones que se trajo consigo cuando, por el trabajo de su padre, tuvieron que hacer las maletas y trasladarse a Málaga. Tenía seis o siete años. No obstante, durante su niñez, Isla Cristina siguió siendo su lugar de veraneo. Recuerda sobre todo los ratos que pasaba en las salinas. «La casa de mi abuelo estaba justo enfrente de las salinas y cerca se encontraba la playa dónde íbamos a coger camarones y cangrejos aprovechando las mareas. Aquello me encantaba. Era apenas una cría y me divertía mucho».

Ya en la adolescencia, Paqui Prieto prefería quedarse en Málaga con su pandilla de amigos. Iban a la playa de La Malagueta, junto al restaurante Antonio Martín, que por aquel entonces, en los años 70, apenas contaba con unos metros de arena. «Nos llevábamos el radiocasete a la playa, ‘el loro’ como se llamaba por aquel entonces. Nos poníamos en las rocas porque es donde había más espacio, ya que en esa playa apenas había arena, no como ahora; y no llevábamos nevera, no hacía falta, porque enterrábamos las bebidas y la sandía en la orilla y con las olas se mantenían frescas. Eso sí, a veces venía una grande y nos quedábamos sin nada».

«A la playa íbamos con el ‘loro’ y manteníamos frescas las bebidas y la sandía en la orilla»

Fue en estos días de playa cuando, con 14 años, se enamoró de un joven de la pandilla, Antonio, al que, a día de hoy, sigue unida. Pero no fue el único matrimonio que se fraguó durante estos veranos de juventud. Más de una pareja se formalizó a la orilla de la playa de La Malagueta. Con muchos de estos amigos, Paqui Prieto mantiene aún hoy el contacto y eso que han pasado ya unos 40 años. Incluso han creado un grupo en Facebook, ‘Los niños de Martiricos’, para compartir sus recuerdos. Como cuando se reunían en los futbolines, montaban sus fiestas y de ahí a la playa de La Malagueta o a la del Peñón del Cuervo. «Íbamos todos a una, si alguno tenía un problema, era un problema de todos. Nuestra relación me recuerda mucho a la de los protagonistas de la serie ‘Verano Azul’. Siempre estábamos juntos». Y los días de playa no acababan nunca. «Cuando llegaba a casa, tenía que echarme vinagre en la espalda para calmar el dolor. La protección solar no se llevaba, me echaba aceite de oliva con vinagre, o crema Nivea. Después tenía que aguantar la regañina de mi madre».

En detalle

El nombre de Paqui Prieto está ligado de manera irremediable a los carnavales de Málaga. A sus espaldas lleva 26 murgas infantiles y ya trabaja en la que será la 27. Puede presumir de haber dado forma a las nuevas generaciones de carnavaleros y de que algunos ya tengan en sus casas algún que otro primer premio

Ya, en los años 80, con veintitantos y un hijo fruto de esa relación que se inició unos cuantos veranos atrás, los días de playa se trasladaron a Rincón de la Victoria y la Cala del Moral, junto a los componentes de la murga de Carlinda. Ya sí llevaban toldos y las neveras repletas. «A veces se acercaban para comprarnos refrescos o agua creyendo que eramos una tienda, de todas las cosas que llevábamos», relata Paqui Prieto. Había fines de semana que se iban el sábado, montaban varios toldos (la estructura del suyo estaba hecha con tuberías ya que su marido es fontanero), acondicionaban una zona para los más pequeños y pasaban la noche en la playa con las toallas sobre la arena, acompañados de la guitarra y cantando letras de carnavales. «Podíamos montar unos 40 o 50 metros de tela», asegura.

Recuerda los baños en el mar por la noche, los impresionantes amaneceres en la playa y también aquella vez en La Misericordia que, al despertarse, se dieron cuenta de que les habían quitado todo lo que dejaron fuera de las improvisadas tiendas de campaña. De aquella época, Paqui Prieto añora sobre todo el carácter familiar de los días de playa. «Casi siempre nos encontrábamos los mismos en la playa y cada uno tenía un rinconcito donde se colocaba cada fin de semana».

Y, aunque los carnavales suelen celebrarse en febrero, esas reuniones con los integrantes de la agrupación de Carlinda dieron como resultado lel nacimiento, en pleno verano, de la primera murga infantil que Prieto dirigió en 1995. «Como teníamos un montón de niños, dijimos: ¿por qué no creamos un grupo con todos ellos?». Desde entonces hasta ahora, ha presentado al Carnaval de Málaga 26 murgas infantiles, la última ‘El ejército de Pérez’. Agrupaciones de las que han salido los componentes de muchas de las murgas y comparsas que actualmente participan en estas fiestas de Don Carnal. Algunos de ellos pueden presumir incluso de tener en sus casas algún que otro primer premio del concurso.

«A la playa íbamos con el ‘loro’ y manteníamos frescas las bebidas y la sandía en la orilla»

Y todo surgió de aquellas murgas infantiles de Paqui Prieto, que no se concede un descanso y ya está pensando en el tipo de la que será su agrupación infantil número 27. «Las niñas quieren ir de princesas todos los años, pero no puede ser. Así que ahí estamos, barajando varios disfraces», que ella misma elabora porque se le da bien la costura.

Mientras tanto, organiza con los que ella llama «sus niños» y los padres de estos jornadas en la playa para no perder el contacto. Tampoco pierde la oportunidad de escaparse de vez en cuando a su tierra natal, a Isla Cristina, para que su hijo y ahora también su nieto conozcan sus raíces.

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