La risa que trasciende

Entre los mayores logros de nuestras coplas figura el haber realizado el escrutinio de la religiosidad popular desde los diversos géneros de la risa, configurando un relato bufo nutrido por la estética, los ritos y la visión popular del sentir religioso. Una chispa humorística cultivada desde la imaginación intelectual, y que al recrear situaciones inverosímiles, su mayor valor ha sido y es no ofrecer una carga positiva ni negativa sobre nuestra práctica religiosa.

Sin duda, el contexto carnavalesco es clave, ya que favorece un estado de conexión entre autores e intérpretes, y público; todos, inmersos en un espacio ideado para la comicidad y en el que, a menudo, se revelan posibilidades no previsibles con un relato religioso que parte de lo conocido y culmina en un desenlace imprevisto con capacidad de hacernos reír.

Pero, ¿qué complicidades concurren para que las coplas que parodian este indiscutible sentir provoquen la risa y no el rechazo? Diversas, y entre las más importantes, el ya referido contexto carnavalesco. Se trata de una celebración realizada por quienes participan de ella y bajo el conocimiento que todos tienen de todos; ciudadanos que se ríen de sí mismos, en primera persona y en voz alta. Esto es, una expresión de lo divertido que no altera la percepción o la convicción real que sobre lo religioso tenemos los andaluces, ni individual ni como colectivo; y todos los festejantes se sienten liberados y a salvo de poder reír y de reír juntos, y tras haber alcanzado una gran madurez psicológica como grupo social.

Luego esta risa que resulta una vía de escape a la subversión es, al abordar lo religioso, una forma de recordarnos las obligaciones y en qué consiste el culto durante la Semana Santa en Andalucía, y en mi opinión, una forma de afianzar su tradición y valores indiscutibles. Los seres humanos vivimos en entornos generados y organizados por nuestros semejantes, y por lo tanto, imperfectos, mejorables, sujetos a la crítica y la risa; envolturas con las que se reviste la copla carnavalesca. Y ya que como humanos no podemos aceptar que todo sea absoluto es, por esta razón, por la que necesitamos expresar los contrarios de nuestra cultura, incluida la religiosa, desde el humor absurdo y compasivo. Un relato hoy únicamente visible en las coplas del carnaval andaluz.

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