Edu, el piloto de avionetas más joven de Málaga

Edouard se ha marcado como objetivo ahora ser piloto comercial./Agustín Peláez
Edouard se ha marcado como objetivo ahora ser piloto comercial. / Agustín Peláez

Edouard de Hennin, un belga residente en la provincia, ha obtenido licencia para volar antes de la mayoría de edad

Agustín Peláez
AGUSTÍN PELÁEZ

Edouard de Hennin es un joven adolescente como cualquier otro. Le gusta la juerga, estar con los amigos, correr, jugar al tenis, los videojuegos, salir en bicicleta... La lista de aficiones es larga. Pero hace dos años, recién cumplido los 16, acudió al aeródromo de la Axarquía a un bautismo de vuelo organizado por el Real Aeroclub de Málaga Leoní Benabú con motivo de la celebración de la patrona de la aviación, la Virgen de Loreto. Aquello, que en principio no iba a ser otra cosa que una experiencia singular, terminó por márcale de tal manera que decidió que lo suyo era volar, pilotar aviones. Había acudido junto a su padre, Xavier. Sin embargo, el instructor jefe de la Escuela de Pilotos del Aeroclub, la más antigua de Málaga, Ignacio Gil, que a la postre terminaría convirtiéndose en su maestro, permitió que Edu se colocara delante y cogiera los mandos durante el despegue.

Belga de nacimiento, aunque malagueño y español de corazón, acaba de conseguir la licencia antes de cumplir los 18 en la Escuela de Pilotos del Aeroclub Leoni Benabú

«Fue entonces cuando me dije que quería ser piloto. Lo que sentí fue muy particular, me marcó. Ahora puedo decir que volar es la definición perfecta de libertad, es impresionante», dice convencido.

Comenzó a trabajar los veranos para ahorrar y pagarse el curso para conseguir la licencia. «Ha limpiado muchos coches», dice con orgullo su padre, que también está en la misma escuela de pilotos para hacerse con la licencia que ya ha logrado su hijo. El pasado 26 de mayo, Edu consiguió su sueño. Es el primer paso para su nueva meta, ser piloto comercial. Acaba de ser aceptado en la escuela Flight Training Europe (FTE) de Jerez. Aunque se irá antes un año a Irlanda a realizar un grado superior en ingeniería aeronáutica.

Edu a los mandos de la avioneta en la que se ha formado.
Edu a los mandos de la avioneta en la que se ha formado. / Agustín Peláez

Edu ha tenido que compatibilizar su formación para ser piloto de avioneta, con sus estudios en el Liceo Francés en Málaga, que prevé terminar este curso. Ha tenido que superar exámenes teóricos sobre Navegación, Meteorología, Comunicación, Factores Humanos o Conocimiento General de Aeronaves, entre otros temas. Han sido en total nueve asignaturas diferentes de las que se ha tenido que examinar. «No ha sido fácil, puesto que he tenido que hacerlo después de clases. Han sido seis horas semanales -cien en total- de formación teórica. Y una vez aprobada la teórica iniciar las prácticas, empezar a volar. No he podido salir desde diciembre, pero ha merecido la pena. La mayoría de mis amigos me envidian y bromean diciendo que he conseguido antes el carné de piloto que el de conducir», señala.

Horas de vuelo

La formación práctica de Edouard de Hennin ha sido intensa. Ha necesitado 53 horas de vuelo, aunque la Escuela del Aeroclub exige como mínimo 45. De ellas, unas 13 han sido volando sólo, sin la compañía del instructor. Asegura que, aunque se realizan simulaciones de emergencias, «nunca he sentido miedo. De hecho, creo son las maniobras que más le gustan».

«Mis amigos me dicen que tengo la licencia de piloto antes que el carné de conducir»

Entre esas situaciones de emergencia se encuentran las paradas de motor en pleno vuelo en la montaña y buscar una zona de para tomar tierra, paradas de motor durante el despegue e incluso en el aterrizaje, así como fallos de comunicación durante el vuelo. «Se realizan miles de simulaciones, pero el secreto es mantener la calma y estar tranquilo en todo momento, no entrar en pánico», asegura Edu.

Este joven malagueño de corazón lleva residiendo en la capital desde hace ocho años, aunque con anterioridad residió otros ocho años en Barcelona con su familia. Llegó a España con apenas dos años de edad. Por ello no es extraño que asegure que «se siento español y malagueño».

El instructor jefe de la escuela del Aeroclub, Ignacio Gil, con su joven alumno.
El instructor jefe de la escuela del Aeroclub, Ignacio Gil, con su joven alumno. / SUR

Edu siente verdadera admiración por su instructor, Ignacio Gil, ya que le ha enseñado lo que sabe sobre volar y de quien destaca su «calidad de vuelo». Por ello ánima a los jóvenes a hacerse pilotos en la escuela del aeroclub. «Sólo es necesario proponérselo», declara, mientras que quien ha sido su maestro le recuerda, mirando al cielo, que cuando vuele a los mandos de un avión comercial sobre la pista del aeródromo le llame y le salude. «Son muchos los pilotos, que han sido alumnos míos, que lo hacen», afirma orgulloso.

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