Rincón decreta un día de luto por la muerte de José Marfil, el último malagueño superviviente de Mauthausen

José Marfil Peralta, en el Ayuntamiento rinconero en octubre de 2010./Eugenio Cabezas
José Marfil Peralta, en el Ayuntamiento rinconero en octubre de 2010. / Eugenio Cabezas

Pasó cinco años recluido en «el infierno» del campo de exterminio nazi de donde salió porque fue «fuerte y útil»

EFEMálaga

El Ayuntamiento de Rincón de la Victoria ha decretado hoy un día de luto oficial por el fallecimiento de José Marfil, hijo predilecto del municipio, que combatió en Dunkerque y sobrevivió a lo que él definió como el infierno nazi en el campo de exterminio de Mauthausen.

La corporación municipal ha expresado sus condolencias a los familiares de Marfil, que fue incinerado el pasado viernes en Perpiñán (Francia), localidad en la que residió en el exilio.

Nacido en Rincón de la Victoria en 1921, combatió en la Guerra Civil por el bando republicano y tras la victoria franquista se exilió con su familia en Francia, donde se integró en el ejército galo en una de las seis Compañías de Trabajadores Españoles (CTE) que luchó contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Fue capturado por las tropas alemanas en Dunkerque, después de que los británicos no permitiesen a los combatientes españoles subir a los barcos que rescataron al grueso del ejército aliado, y fue trasladado al campo de Sagan (Polonia), en el que tuvo la condición de prisionero de guerra y un buen trato gracias a su pericia como carpintero.

Sin embargo, el régimen franquista pidió a sus aliados nazis que revocasen tal estatus, lo que significó para Marfil y el resto de soldados prisioneros españoles abandonar este campo en el que se respetaba la Convención de Ginebra y ser conducidos al de concentración de Mauthausen (Austria) en enero de 1941.

Allí, Marfil descubrió que su padre, del que fue separado en Dunkerque tras su captura, se había convertido en el primer deportado español en morir en este campo de exterminio.

A los pocos días de su llegada, enfermó de sarna y fue enviado al subcampo de Gusen, situado a unos cinco kilómetros del complejo principal y conocido como 'El Matadero', pero logró sobrevivir y regresar a Mauthausen, donde permaneció hasta la liberación del campo en mayo de 1945 por los estadounidenses.

Desde entonces, Marfil se marcó como propósito dar a conocer sus vivencias, que plasmó en el libro 'Yo sobreviví al infierno nazi', y en 2010 regresó a su municipio natal, que le homenajeó poniendo su nombre a una glorieta e inició los trámites para su nombramiento como hijo predilecto.

En aquella visita, manifestó que su «última misión» era trasladar a los jóvenes lo que él había vivido y aseguró que tuvo «suerte» por sobrevivir a «ese infierno», algo que consiguió «corriendo siempre para ser el primero en el reparto de trabajos o de comida».

El pleno de Rincón de la Victoria aprobó su nombramiento como hijo predilecto el 31 de enero de este año, aunque el acto para entregarle el reconocimiento no llegó a celebrarse.

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