Ingresa en prisión el conserje de un colegio de La Cala del Moral condenado por abusos a dos niñas

Panorámica de La Cala del Moral./E. Cabezas
Panorámica de La Cala del Moral. / E. Cabezas

Fue condenado a una pena total de diez años de cárcel

EFEMálaga

El conserje de un colegio público de La Cala del Moral, en Rincón de la Victoria, que fue condenado a una pena total de diez años de prisión por abusar sexualmente de dos niñas, ha ingresado en prisión.

Los familiares de las víctimas se han mostrado satisfechos porque consideran que «por fin se ha hecho justicia y la verdad ha salido a la luz», según ha asegurado a Efe la letrada que ha ejercido la acusación particular, Susana Bellido García.

Tras la condena, el procesado presentó un recurso ante el Tribunal Supremo pero la Sala de lo Penal no lo ha admitido, según el auto, al que ha tenido acceso Efe.

En la resolución del Tribunal Supremo se señala que no existe «oscuridad o insuficiencia en el relato de hechos probados» y se advierte de que el recurrente realizó los hechos por los que fue condenado sobre ambas víctimas, además de destacar la «gravedad de los hechos, su reiteración en el tiempo y la forma y lugar».

Tras dicha resolución, el que fuera conserje del mencionado colegio ha tenido que ingresar en la cárcel para cumplir dos penas de cinco años de prisión por sendos delitos de abusos sexuales.

En la sentencia de la Sección Novena de la Audiencia Provincial de Málaga también se le prohíbe acercarse a las menores a 500 metros y se le condena a cumplir con un curso de reeducación sexual.

El Tribunal consideró probado que el condenado, «empleando distintas argucias como ofrecerles caramelos o dibujos para colorear» guiaba a las menores, de 5 y 6 años en ese momento, a la conserjería, donde abusaba de ellas.

El comportamiento del conserje en los hechos, sucedidos en el curso escolar 2013-2014 entre los meses de octubre y enero, fue calificado por el Tribunal como «aberrante, improcedente y abusivo», ya que utilizó a las niñas «como instrumentos para satisfacer sus deseos lúbricos».

Durante el juicio, el condenado manifestó no haber tocado nunca a las menores pero no ofreció argumento ni razón que pudiera justificar las acusaciones a las que se enfrentaba.

Sin embargo, el testimonio de las víctimas, en el que narraban cómo les conducía hasta la consejería y cómo lo descubrieron sus madres, es la prueba de cargo válida sobre la que se apoya la Sala.

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