El informe del escape de gas en Cantabria revela el mal estado de las calderas

E. CABEZAS / AGENCIAS

«Un deficiente estado de las calderas». Ésta es la conclusión más destacada del primer informe pericial sobre el escape de gas que se produjo el pasado 21 de septiembre en un hotel de Cantabria que provocó la muerte de uno de los afectados, un vecino de Rincón de la Victoria de 62 años. El documento técnico revela que la caldera del hotel presentaba «un funcionamiento claramente de riesgo y un «grado importante de deterioro».

En el informe emitido por la Dirección General de Industria del Gobierno de Cantabria, relacionado con el procedimiento de diligencias previas sobre las causas que provocaron el incidente, se señala que la sala de calderas no dispone de mantenimiento reglamentario y «evidencia una falta de mantenimiento adecuado».

El informe técnico concluye que el suceso se generó por la «confluencia de dos circunstancias», una de ellas de carácter constructivo, que puede provenir «de hace mucho tiempo, incluso de origen», y es que los baños no disponen de conexiones a los conductos verticales de ventilación.

La otra es de la chimenea de la caldera que originó la filtración de monóxido de carbono en el espacio existente entre la escayola y el forjado de la segunda planta y en el techo de la planta baja.

El despacho de abogados Sejuri, que representa a dos de los malagueños que resultaron intoxicados con monóxido de carbono en el hotel Campomar de la localidad de Isla, ha señalado que en dicho informe pericial se constata el mal estado de la conservación de las calderas y la posible falta de mantenimiento de las mismas.

Según Francisco Palacios, socio del despacho, sus representados presentan «claras secuelas físicas y psicológicas, provocadas por este suceso, cuya máxima responsabilidad radica en la mala gestión en la conservación y mantenimiento del hotel».

El escape de gas producido en el hotel de la localidad cántabra de Isla obligó a desalojar el inmueble, en el que había dos grupos de turistas, uno de diecisiete menores británicos con monitores y otro de 45 malagueños, uno de los cuales falleció al día siguiente en el hospital de Valdecilla de Santander, en el que fue ingresado en estado grave tras el suceso.

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