Diario Sur

Arrieros en el siglo XXI

Francisco y Sebastián, con uno de sus mulos cargado de cañas. :: e. c.
Francisco y Sebastián, con uno de sus mulos cargado de cañas. :: e. c.
  • Una familia se gana la vida con el transporte de material de obra y cosechas agrícolas por las empinadas y estrechar calles del casco antiguo

Los animales de carga, como los burros, los caballos o los mulos, fueron durante siglos el único medio de transporte en numerosos pueblos y ciudades. Los llamados arrieros eran los encargados de transportar las mercancías, para garantizar que el pescado fresco que se extraía de las costas malagueñas llegara, por ejemplo, a Granada a la mañana siguiente como muy tarde. Para ello, estos trabajadores cruzaban la Sierra Almijara, a través del conocido como Puerto de Frigiliana, para alcanzar, en apenas ocho horas de camino, la vecina capital granadina.

Con la irrupción de los vehículos a motor, este tipo de profesiones y de rutas naturales fueron perdiendo terreno progresivamente, hasta desaparecer hace más de medio siglo. Sin embargo, en la localidad frigilianense aún se mantiene viva esta tradición, de la mano de una familia de arrieros que usan sus animales para ayudar al transporte de materiales de obras por las empinadas y estrechas calles del Barribarto, el casco antiguo del municipio, que presume de ser uno de los mejor conservados del mundo de herencia árabe, y donde no es posible el acceso de ningún tipo de vehículo a motor, ni siguiera de un pequeño 'dumper' o autovolquete.

Se trata de los hermanos Sebastián y Francisco Castillo Jiménez, de 48 y 49 años, respectivamente, así como del hijo del primero, José Francisco, de 18 años, quien tras terminar sus estudios de la ESO se ha incorporado al trabajo, dada su gran pasión por el mundo de los caballos. Su tío Francisco tiene tres mulos: Sevillano, de 7 años, Española, de 9, y Marqués, de 4, mientras que él y su padre poseen dos caballos: una yegua, Marismeña, con 10 años, y Dominante, que tiene 5 años. «Tenemos bastante trabajo, porque en los últimos meses hay muchos extranjeros que están comprando casas antiguas en el Barribarto y reformándolas, bien para irse a vivir o para alquilarlas», comenta el joven arriero, quien explica que la jornada de trabajo comienza muy temprano y se prolonga más allá del mediodía.

Hasta 150 kilos por viaje

Con gran paciencia y «escuchando siempre al animal», estando muy pendiente de su estado físico, los tres arrieros del pueblo suben y bajan decenas de veces las calles estrechas y empinadas, encaladas de blanco hasta el suelo, sin zócalos, portando el material sobre «pedreras», es decir, las alforjas donde se cargan los sacos, ya sea de escombros, arena, ladrillos o cemento. Cuando llega el mediodía se conviertenen todo un atractivo turístico, que no dejan de fotografiar los centenares de visitantes que durante todo el año se acercan a Frigiliana para dejarse maravillar por el encanto de su casco histórico, que está declarado como paisaje pintoresco.

Calles como Alta, Amargura, Hernando El Darra, El Zacatín o Real, son los itinerarios habituales por los que pasan a diarios estos arrieros. El padre de Sebastián y Francisco, ya fallecido y que igualmente se llamaba Sebastián, también se dedicó a la arriería, aunque en su época sí cruzaba con mercancías hacia la provincia de Granada, cuyo límite está a apenas 20 kilómetros de recorrido desde el centro urbano de Frigiliana.

En las «pedreras», los tres vecinos llegan a montar hasta seis sacos repletos, con unos 150 kilos de peso, una carga que transportada a mano tardarían horas en trasladar hasta el contenedor, donde sí es posible ser retirado con un vehículo a motor. Además de al traslado de materiales de construcción y escombros, estos tres arrieros de Frigiliana también se dedican a las labores agrícolas tradicionales, como el arado con yuntas o el transporte de aceitunas, aguacates, mangos, uvas moscatel o cualquier otro cultivo de las fincas de la zona. No en vano, los barrancos de las lomas del término municipal también presentan importantes pendientes, en las que el acceso de vehículos a motor resulta muy complicado.

Otra de las jornadas en que es posible ver a la familia Castillo en acción es en la fiesta de la miel de caña, que ha celebrado ya tres ediciones en abril. Los animales transportan por el casco antiguo las pilas de cañas, que luego son molidas en el Ingenio de Nuestra Señora del Carmen, que presume de ser la única fábrica de esta miel negra que aún permanece en activo en Europa. Como José Francisco, Sebastián y Francisco, los últimos arrieros de Frigiliana en el siglo XXI.