«Es increíble la cantidad de españoles que hay ya en Oslo»

La familia González Villasclaras, en la capital noruega. /
La familia González Villasclaras, en la capital noruega.

Esta nerjeña de 44 años se marchó el pasado verano al país nórdico con sus dos hijos, de 14 y 9 años, para reencontrarse con su marido, pintor, quien se había ido tres meses antes

EUGENIO CABEZAS

Cambiar de país, de colegio, de amistades y de modo de vida nunca es fácil, y menos cuando esto afecta a toda una familia. Esto es lo que le ha pasado a los González Villasclaras, de Nerja, que desde el pasado 12 de agosto viven en el pequeño pueblo noruego de Gjerdrum, después de que Antonio González llegase allí tres meses antes buscando trabajo. «En Nerja no teníamos nada fijo ni estable, estábamos los dos en paro, y en Noruega vive mi cuñado desde hace bastantes años», confiesa Mari Carmen Villasclaras, de 44 años.

Hasta Gjredrum (Noruega)

Datos Mari Carmen Villasclaras Fernández.
Estudios Formación básica.
Idiomas Está aprendiendo inglés y noruego.
¿Qué está haciendo? Trabaja en una empresa de montaje de toldos en Oslo, a cuarenta minutos de Gjerdrum, el pueblo en el que vive con su marido, Antonio González, de 47 años, y sus dos hijos, Olga y Germán, de 14 y 9 años, respectivamente.

Con una mezcla de pena, añoranza, miedo e incertidumbre, llegaron al país nórdico, junto a sus dos hijos, Olga y Germán, de 14 y 9 años, respectivamente. «La adaptación no ha sido difícil, en el colegio y en el instituto les han puesto muchas facilidades con el tema de los idiomas, reciben clases de noruego intensivas dos días a la semana y además están aprendiendo inglés para desenvolverse mejor», cuenta esta ama de casa, con estudios básicos, y que ha trabajado como limpiadora de hogar.

«Fíjate la mala pata que tuve que unos días antes de coger el avión tuve un percance y me fracturé una pierna. Aún así nos fuimos, y allí ha sido donde he tenido que recuperarme y hacer la rehabilitación», confiesa Villasclaras, quien a los pocos meses encontró, poco antes de las pasadas Navidades, un trabajo en una empresa de montaje de toldos. «La verdad es que trabajo hay, aunque nosotros tenemos la ventaja de tener allí a mi cuñado, que lleva muchos años viviendo, conoce el país, y está casado con una noruega», confiesa la nerjeña.

El pequeño pueblo en el que viven, Gjerdrum, de apenas 6.300 habitantes, está situado a unos 40 minutos en coche de la capital noruega, Oslo, una ciudad que ya han visitado con asiduidad, ya que es donde trabajan tanto ella como su marido, Antonio, que es pintor de profesión. «Está en una empresa especializada en rehabilitar edificios antiguos. La construcción está aquí muy bien, porque se está invirtiendo mucho en esto, en recuperar bloques y viviendas abandonadas o que necesitan de una reforma», cuenta esta nerjeña.

Entre las cosas que más le sorprendieron a Mari Carmen Villasclaras cuando llegó a la capital noruega es «la gran cantidad de españoles que ves por las calles». «Vas caminando y casi en cada esquina se oyen más a españoles hablando que a noruegos o ingleses», dice. «Lamentablemente, han sido muchos los que han venido hasta aquí en busca de una oportunidad laboral que no siempre se encuentra», continúa. El alto nivel de vida del país dificulta el día a día para los emigrantes, aunque hay soluciones para ahorrarse unas coronas al final de mes como viajar hasta la vecina Suecia, «que es bastante más barata», apostilla Olga González.

Lo más negativo de vivir en Noruega, a más de 3.000 kilómetros de distancia de su añorada Nerja y del Balcón de Europa, es el clima tan adverso que hay. «Se hace de noche a las tres y media de la tarde, y hemos llegado a estar ya a más de 20 grados bajo cero, y hasta marzo puede ser aún peor», confiesan.

Eso sí, las viviendas están totalmente preparadas para el frío, con calefacción en todas las habitaciones y aislamientos térmicos muy potentes. «La mayor parte del tiempo la pasamos en casa, porque en la calle no se puede estar», dice la primogénita del matrimonio nerjeño, quien no esconde su añoranza de Nerja, a donde ha dejado atrás a su familia y amigos. «Por suerte ahora en Semana Santa va a venir una amiga a verme, ya le he dicho que se traiga muchos abrigos para el frío tan tremendo», concluye.

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