Susana Díaz le pide a Pedro Sánchez que no le haga elegir entre el PSOE y Andalucía

Pedro Sánchez saluda a Susana Díaz en presencia de Juan Cornejo y Micaela Navarro en la clausura del congreso de los socialistas andaluces.
Pedro Sánchez saluda a Susana Díaz en presencia de Juan Cornejo y Micaela Navarro en la clausura del congreso de los socialistas andaluces. / Efe

El líder socialista cierra el congreso andaluz en un clima tenso pese a la mano tendida a la presidenta andaluza: «Sumemos y seamos imparables»

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Pedro Sánchez y Susana Díaz se prometieron ayer en la clausura del congreso regional de los socialistas andaluces lealtad y unidad «para ganar elecciones», pero los antiguos rivales en la pelea por la dirección del PSOE dieron muestras de que las diferencias y desconfianza siguen intactas aunque hicieran esfuerzos en guardar las formas. La expectación por el reencuentro radicaba en si el congreso que afianzaba el liderazgo de Díaz en Andalucía y la voluntad de Sánchez de tender puentes con sus antiguos adversarios iba a hacer posible la paz entre ambos. Fue evidente que la tensión sigue, aunque con otro escenario de guerra, el de las diferencias por el modelo territorial.

Pedro Sánchez insistió en defender una España «nación de naciones» como solución al problema catalán, aunque obvió pronunciar la palabra plurinacionalidad. Término que Díaz e históricos del PSOE andaluz consideran una puerta a la asimetría de unas comunidades con otras en financiación y derechos que Andalucía logró atajar con su 28F de 1980. Es decir, volver a lo que algunos padres de la Constitución defendieron en 1978, nombres que ayer recordó Sánchez como Peces Barba y Miquel Roca. «Andalucía va a levantar la voz, no pidiendo solidaridad, sino equidad», sostuvo Díaz.

Una ejecutiva continuista con mayoría de mujeres

Susana Díaz ha diseñado una Ejecutiva continuista en la que mantiene al núcleo duro de su actual equipo, con Juan Cornejo como secretario de Organización y Micaela Navarro como presidenta, con composición paritaria y mayoría femenina por primera vez –22 mujeres y 21 hombres–, a la que incorpora 23 caras nuevas, y en la que no cuenta con ningún representante afín al secretario general del partido, Pedro Sánchez. Su ejecutiva recibió el voto favorable de 425 de los 467 delegados (91,1%) que ejercieron el derecho al voto, mientras que se registraron 33 votos en blanco y 9 nulos, lo que representa el 8,99 por ciento restante.

Como novedades destacan la presencia de la cordobesa María Jesús Serrano como ‘número tres’ al frente de Política Municipal tras haber formado parte de la gestora socialista a nivel federal, la creación de una Secretaría de Memoria Histórica y Democrática liderada por Carlos Perales y la incorporación del catedrático granadino Gregorio Cámara, como secretario de Libertades y Política Territorial.

Como trasfondo de este nuevo pulso está la necesidad de Susana Díaz de volver a ganar las elecciones en Andalucía en 2019 para sobrevivir políticamente, cuando los socialistas llevarán gobernando 37 años seguidos. Díaz no está ahora en moverle la silla a Sánchez, después del varapalo de las primarias de mayo, aseguran en su entorno. Se ha envuelto en la bandera andaluza con el mismo mensaje que siempre ha sostenido sobre la unidad de España y la igualdad de todos los territorios, añaden los suyos.

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También está la necesidad de Pedro Sánchez de ganarse a la principal federación socialista para conquistar la Moncloa. Y esa federación es el capital político de Susana Díaz, además de un fortín al que no va a facilitar el acceso a los sanchistas, por ahora sus críticos en Andalucía. Así ha quedado claro en los órganos elegidos en el cónclave, con miembros cien por cien de Díaz.

En este clima de caracteres e intereses personales cruzados se produjo el siguiente cóctel de gestos y mensajes. La presidenta andaluza intervino primero. Prometió lealtad al secretario general y le dijo que «ésta es tu casa». «Vas a tener la lealtad de todos los socialistas andaluces y la mía, la primera. Sé que esa lealtad también la vas a tener con Andalucía». A continuación le recordó su doble condición de socialista y presidenta con una advertencia: «Lo único que pido es que no me hagas elegir entre las dos lealtades, porque soy la presidenta de todos los andaluces». Esta frase, que dejó estupefacto a Pedro Sánchez, llegó a interpretarse incluso como la amenaza de una escisión en el PSOE. Su entorno desmintió rápidamente este sentido.

Díaz, subrayan, solo busca defender los intereses de Andalucía y dice lo mismo que siempre, la unidad de España y la de la igualdad como «el mayor legado y herencia» de los socialistas. Pero la andaluza no se resistió a señalarle el camino a Sánchez: «Cuando alguien pretende que las singularidades y la diversidad se imponga a otro que piensa de otra manera, eso daña la convivencia», dijo la presidenta, quien anunció una cumbre de alcaldes este otoño en Antequera para defender una financiación justa para esta comunidad. Un nuevo Pacto de Antequera.

«Susana, tú y yo hablamos el mismo idioma, el de la igualdad, la fraternidad y la libertad de todos los humanos», le respondió Pedro Sánchez. «Tienes todo mi apoyo, sumemos y seamos imparables» frente a la derecha «que quiere un PSOE desunido», añadió con reiterados mensajes para tender puentes. «Eres mi presidenta de la Junta de Andalucía», dijo coincidiendo con Díaz en el daño de los recortes de Rajoy y elogiando su gestión en el Gobierno andaluz durante la crisis. «Hagamos del PSOE un partido unido y ganemos las elecciones», remarcó.

Sánchez, sin embargo, ratificó su defensa de la idea de una España, «nación de naciones», a la que se oponen los socialistas andaluces. «Esta es nuestra propuesta y la vamos a defender porque es integradora y tiene vocación de unir y no de separar». Aseguró que garantiza la «igualdad» de los territorios y de los españoles vivan donde vivan. Idea de España, anotó, que defendió la Fundación Alfonso Perales, en alusión al documento de Carmona que dio pie a la declaración de Granada de 2013, que ya excluyó la polémica definición. Aquel documento, auspiciado por José Antonio Griñán, fue dirigido por dos personas presentes en la clausura, profesores de Derecho Constitucional y ahora en bandos opuestos: Carmen Calvo, exministra de Cultura, sentada en primera fila junto a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, ambos de la ejecutiva federal; y Gregorio Cámara, nuevo miembro en la ejecutiva de Díaz.

Las diferencias entre Sánchez y Díaz tuvo momentos tensos. Medio centenar de seguidores de Sánchez se hicieron invitar par arropar al secretario general, al que recibieron con gritos de «¡Pedro, Pedro!» en la antesala del plenario. Sánchez aguantó el tipo cuando los miembros de la nueva ejecutiva le saludaban de forma fría frente a la efusividad con la que abrazaban a Susana Díaz. El colofón del pulso llegó al final: Los sanchistas cantaron fuera del recinto la Internacional socialista mientras dentro sonaba el himno de Andalucía.

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