Susana Díaz y Pedro Sánchez, condenados a entenderse

Pedro Sánchez y Susana Díaz. /EFE
Pedro Sánchez y Susana Díaz. / EFE

PP y Cs, el bloque con más posibilidades de desbancarle, tratarán de socavar la credibilidad de la presidenta con las decisiones de Sánchez sobre Cataluña, la financiación autonómica y el caso de los ERE

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

En los cálculos del PSOE andaluz y el Gobierno de la Junta andaluza no entraban en la víspera del debate sobre la moción de censura que esta prosperase y llevase a Pedro Sánchez a La Moncloa. Aunque desde el primer momento Susana Díaz ha respaldado la moción y ha dado por «inhabilitado» a Mariano Rajoy, en su entorno daban por hecho que el PP impediría en el último momento perder el poder a manos de Sánchez. «Rajoy dimitirá antes», sostenía un miembro del ejecutivo regional la tarde del miércoles convencido de que el PP llegaría a un acuerdo con el PNV y Ciudadanos para un relevo y una fecha electoral pactados.

No parece que vaya a ser así y si, como se prevé, hoy se consuma la moción y Pedro Sánchez recibe el aval del Congreso para convertirse en el séptimo presidente de España, habrá consecuencias en la política andaluza. Empezando por la propia presidenta de la Junta, que ayer guardó silencio y que a partir de hoy tendrá que volver a reinventarse como hizo hace un año cuando perdió las primarias socialistas frente a Sánchez y dijo que iba a centrarse en Andalucía. Es conocida la rivalidad de Sánchez y Díaz cuando pelearon a cara de perro por el liderazgo del PSOE después de un año de bronca interna y de que la andaluza participara en el derrocamiento del madrileño como secretario general del PSOE en octubre de 2016.

Sánchez no dejó hueco en la dirección del PSOE a ningún susanista y lo mismo hizo Díaz cuando revalidó su control total del PSOE andaluz con los sanchistas. Tras meses de desencuentro, el pasado enero iniciaron un acercamiento a instancias de Sánchez, que quería recorrer las sedes socialistas andaluzas sin palos en las ruedas. Se vieron en un hotel en Sevilla y luego coincidieron en la feria de abril en la caseta de la Prensa, pero la realidad es que no hay ninguna relación entre ellos, lo nunca visto entre un secretario general del PSOE y un presidente de la Junta andaluza.

Díaz ya gobernó siendo el PSOE la segunda fuerza en Andalucía cuando sucedió a Griñán en 2013

«Para trabajar en el mismo proyecto no hay que quererse», dijo un dirigente del equipo de Sánchez. Es lo que tendrán que poner en práctica a partir de ahora. Pedro Sánchez y Susana Díaz están condenados a entenderse si quieren hacer remontar al PSOE en el largo ciclo electoral que se avecina, incluidas las andaluzas, las generales prometidas, municipales, otras autonómicas y europeas. Para Sánchez la Presidencia es una oportunidad de relanzar un PSOE maltrecho. Andalucía sigue siendo el principal granero de votos socialistas, pero es conocido en este partido que cuando va tan mal en España, como le pronosticaban las encuestas, también le debe ir regular en las provincias del sur. A los dos les puede venir bien unir fuerzas.

Salvo nuevas sorpresas, las andaluzas parece que seguirán siendo las primeras elecciones en celebrarse. Ciudadanos, aliado de Susana Díaz en Andalucía, se convierte a partir de esta moción en el principal rival de Pedro Sánchez. Tanto el partido de Albert Rivera como el PP, el bloque con más posibilidades de desbancar al PSOE en la Junta, intentarán a partir de ahora socavar la credibilidad de Susana Díaz con las decisiones que tome Pedro Sánchez.

La presidenta andaluza ha frenado de alguna manera a Cs en Andalucía por su posición rotunda frente a los secesionistas catalanes. En el comité federal de este lunes cuando se debatió la moción, Díaz dejó claro que los votantes socialistas no entenderían cesiones a los independentistas catalanes para lograr la Moncloa o mantenerse en esta. Una aseveración pensando sobre todo en no perder terreno en Andalucía frente a Ciudadanos. Tanto PP como el partido naranja arremeterán contra Díaz por cualquier forma de diálogo que empiece Sánchez con los catalanes.

Díaz ha situado la necesidad de una nueva financiación autonómica como una de sus principales reivindicaciones al Gobierno de Rajoy. Incluso arrancó a este el compromiso de echar a andar este pasado mayo la negociación de las comunidades sobre el futuro modelo. Tiene además el apoyo de los principales grupos del Parlamento (todos menos Cs) para defender un incremento de 4.000 millones de euros anuales. Toda esa estrategia de un año ahora se pone en entredicho. El mismo Sánchez reconoció al portavoz de Compromís en el Congreso que tiene difícil aprobar un nuevo sistema de financiación sin consenso suficiente, aunque luego matizó en otra intervención y lo situó como un objetivo junto a mejorar las aportaciones a la dependencia, también reclamada por Andalucía.

El Boletín Oficial de la Junta (BOJA) publicó ayer la orden de la consejera de Hacienda para la elaboración del Presupuesto de 2019, en el que se menciona de forma explícita la reclamación de la nueva financiación autonómica, además de nuevas inversiones. La coincidencia de la publicación con el debate de la moción de censura parece un aviso a Sánchez si ganaba.

Presupuesto y ERE

Sánchez asume el Presupuesto de Rajoy, al que Díaz ha criticado de forma furibunda por las escasas inversiones en Andalucía y apenas dotar el proyecto del enlace Algeciras-Bobadilla para los corredores ferroviarios. La oposición conservadora tendrá en este asunto otro motivo de presión contra Susana Díaz.

La principal arma contra esta por parte de la oposición seré el 'caso de los ERE'. Se vio ayer en el debate de Sánchez con Rajoy, cuando este le inquirió si dimitiría si hay condena contra los expresidentes Chaves y Griñán u otros de los 20 procesados. Ciudadanos se acaba de sumar al PP en esta estrategia y ya ha anunciado que pedirá la dimisión de Díaz si hay condena.

Díaz tiene la ventaja que no ha propiciado Rajoy: Lo que hizo José Antonio Griñán el verano de 2013 al verse cercado por el 'caso ERE' cuando la jueza Mercedes Alaya imputó a Magdalena Álvarez, su antecesora en la Consejería de Economía y Hacienda. Negoció con Izquierda Unida, su socio de gobierno, su dimisión y el traspaso de poder a Susana Díaz. Está por ver si las nuevas presiones políticas y la sentencia de los ERE, prevista para el primer semestre del próximo año, puede condicionar la fecha de las elecciones andaluzas. El entorno de Díaz ha transmitido estos días la preocupación por las concesiones de un gobierno sin apoyo parlamentario y solo con 84 diputados. Por ello defiende como mejor opción unas elecciones generales cuanto antes. Sánchez ha eludido anunciar la fecha electoral, como quería el PSOE andaluz, lo cual también deja en suspenso la estrategia de Díaz, que no quiere que las andaluzas coincidan con las generales.

Como curiosidad de la nueva relación de Sánchez y Díaz. En Andalucía ya se produjo una situación parecida a la que puede suceder en España, que el segundo partido en votos gobierne el país con el solo apoyo de la izquierda. Griñán primero y luego Díaz ya gobernaron de esta forma desde 2012 a 2015, en un pacto con IU, cuando el PP era el grupo mayoritario en el Parlamento. Solo que PSOE e IU sumaban mayoría absoluta, lo que no pasa con Pedro Sánchez.

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