Susana Díaz confía el control del PSOE en las provincias a presidentes de las diputaciones

Antonio Ruiz, nuevo secretario del PSOE en Córdoba, es también presidente de la diputación provincial. /SUR
Antonio Ruiz, nuevo secretario del PSOE en Córdoba, es también presidente de la diputación provincial. / SUR

Los socialistas comienzan en noviembre los congresos locales con vista a las municipales

MARÍA DOLORES TORTOSA SEVILLA.

Dos de los tres nuevos secretarios provinciales del PSOE en Andalucía son presidentes de diputaciones. En concreto José Entrena en Granada y Antonio Ruiz en Córdoba. Con ellos son ya cinco de los ocho secretarios provinciales los que coinciden con ambos cargos, ya que continúan Francisco Reyes en Jaén, Irene García en Cádiz e Ignacio Caraballo en Huelva. O lo que es igual: Cinco de los presidentes de las seis diputaciones provinciales gobernadas por el PSOE en Andalucía son también los que llevan las riendas del partido en sus territorios.

La única excepción es Sevilla, aunque es una excepción relativa: el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos, es presidente del PSOE sevillano además de presidente de la FAMP (federación andaluza de municipios y provincias). La secretaria general es la diputada regional Verónica Pérez. Los dos son de la máxima confianza de Díaz y nadie discute el poder que Rodríguez Villalobos ejerce en el partido en la provincia.

Control territorial

Cinco de los ocho secretarios provinciales del partido también llevan las riendas de los entes supramunicipales

Puede decirse que Susana Díaz confia el control territorial del partido a presidentes de las diputaciones allí donde el PSOE gobierna estas instituciones. Esta fórmula no es exclusiva del PSOE. El PP la ha utilizado también. En la actualidad los dos presidentes de las diputaciones provinciales gobernadas por el PP, Almería y Málaga, son también máximos dirigentes del partido en dichos territorios: Gabriel Amat en Almería y Elías Bendodo en Málaga.

Las diputaciones provinciales prestan servicios sobre todo a los 768 municipios que no son capitales de provincia, especialmente a los de menos de 20.000 habitantes. Son la mayoría en Andalucía y en ellos se libra el poder municipal en su conjunto, quién gana y quién pierde los comicios locales en la comunidad. Y su principal consecuencia, la capacidad de influencia posterior para ganar las elecciones autonómicas.

El principal granero de votos del PSOE ha estado en el interior andaluz, el de pueblos pequeños y medianos. Cuando Javier Arenas diseñó su estrategia para ganar las elecciones y gobernar en la Junta en 2012 puso todo su empeño en que el PP ganara primero las municipales en medianos y pequeños municipios. Así ocurrió en 2011, cuando el PP llegó a gobernar el 65% de la población andaluza a través del poder local, aunque en número los socialistas seguían teniendo más alcaldes y concejales. Luego en 2015 el PSOE recuperó poder y obtuvo 443 alcaldías frente a 185 del PP, aunque mociones de censura posteriores han modificado este mapa inicial. La novedad esa vez, además, es que las autonómicas fueron anteriores a las locales.

La fórmula de Arenas tampoco servirá esta vez si Susana Díaz convoca las autonómicas cuando corresponde, en marzo de 2019, siendo las municipales a finales de mayo de ese año. Aún así, los dos grandes partidos andaluces han centrado su trabajo orgánico este otoño en la renovación de cargos locales con vistas a las elecciones de los 776 municipios. El PP casi tiene ultimado el proceso de renovación y Moreno ha dado instrucciones para que antes de final de año los candidatos a alcaldes sean designados.

El PSOE no tiene tanta prisa. En noviembre comenzará el proceso de renovación de órganos locales en los municipios. Estos se harán sin primarias, como ha sido siempre, aunque a las asambleas pueden presentarse cuantas candidaturas quieran. Lo que la dirección regional ha dejado claro a los nuevos secretarios provinciales y a los antiguos es que los procesos locales deben hacerse con vistas a las elecciones municipales, para afianzar el actual poder, sobre todo en las capitales, y recuperar las ciudades medias perdidas.

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