Un año a priori tranquilo para Susana Díaz

Susana Díaz, en San Telmo este pasado otoño. /Efe
Susana Díaz, en San Telmo este pasado otoño. / Efe

La presidenta deja atrás el traje de la derrota de 2017 y se viste de optimismo porque cree avalada su gestión con los buenos datos económicos en Andalucía

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El año 2018 se presenta, a priori, tranquilo para Susana Díaz, sobre todo si se le compara con otros eneros de los últimos años en los que se hallaba inmersa en el laberinto de pasiones de la pelea por el liderazgo del PSOE. Es tranquilo porque, salvo que se contradiga, es un año sin elecciones que le afecten y en las que se juegue algo, lo que le permite tomarse los tiempos de sus apariciones como le gusta, muy medidos. También lo es porque después de varios meses atrapada en una imagen de derrota por las primarias socialistas, la presidenta de Andalucía ha logrado resurgir de las cenizas gracias a numerosos datos económicos y políticos confabulados para favorecerle: La economía andaluza ha experimentado un gran crecimiento en 2017 con cifras récord en exportaciones (30.000 millones de euros) y turismo (29 millones visitantes) y el paro es una carga menos pesimista gracias a liderar esta comunidad el crecimiento de empleo en España y el de autónomos (5.010 de los 10.468 nuevos autónomos son andaluces).

Parece entonces que la estrategia que puso en marcha de refugiarse y centrarse en Andalucía le está dando resultado. Además de con datos económicos tan optimistas, Díaz arranca el año con la misma estabilidad política en la Junta de Andalucía que ha disfrutado desde 2015 gracias a la colaboración de Ciudadanos para aprobar el Presupuesto. Solo que este de 2018 le permite venderse como gestora de políticas muy populares como la supresión de impuestos como el de sucesiones, la renta básica para 45.000 familias, el refuerzo de personal en las urgencias hospitalarias, la gratuidad de la matrícula universitaria a los que aprueben y la convocatoria de miles de plazas de oposiciones.

La relación con Pedro Sánchez y el juicio del ‘caso ERE’, los dos nubarrones que debe sortear la presidenta

Este detalle no es baladí. Susana Díaz siempre ha ejercido su rol de presidenta de Andalucía como oposición a la gestión del PP en el Gobierno central. Una estrategia que unas veces se le ha querido mirar con el prisma de su carrera a la política nacional ahora aparcada. Pero no es del todo así: Todos los presidentes autonómicos de la Junta han ejercicio la misma función para confrontar con el PP nacional. Ocurrió con Chaves cuando gobernaba Aznar y con Griñán cuando llegó Mariano Rajoy a la Moncloa.

Este año el pulso con el Gobierno del PP se pondrá a prueba con un tema capital: el nuevo modelo de financiación autonómica. Díaz echará el resto para conseguir un sistema que acabe con el sambenito de que Andalucía es la que menos dinero por persona destina a sanidad, cuando debería decirse, en su opinión, que es la que menos recibe para poder dedicar a sanidad como otras con mejor ‘ranking’.

Ahora, además, Rajoy también cuenta como ella con C’s como principal aliado en el Presupuesto, pero su voto no es suficiente. El Gobierno de Rajoy también ha ‘vendido’ políticas muy populares que aliviarían la carga impositiva de los ciudadanos, como la rebaja del IRPF, la del IVA cultural y la ampliación de la baja por paternidad a cinco semanas. Todas estas medidas siguen congeladas y no podrán ponerse en práctica hasta que no se apruebe el Presupuesto General del Estado.

Con el partido de moda

De ahí que Susana Díaz insista en que la Junta que preside estrena 2018 con Presupuesto en vigor, frente a lo contrario del Gobierno central y de otros territorios de gran población como Cataluña, dada su quiebra política actual. Ante este panorama, Díaz se siente reina de un oasis de paz social: Las cuentas andaluzas ascienden a 34.759,5 millones de euros, de los que más de 30.000 millones van para gasto.

Tampoco hay que olvidar que otras comunidades ‘hermanas’ en lo político, como Extremadura, Aragón y Asturias, están pendientes de que los diputados de Podemos accedan a darles el visto bueno a sus presupuestos.

Con Ciudadanos como aliado, Díaz ha evitado tener que negociar con Podemos, un partido con cuya líder en Andalucía, Teresa Rodríguez, no tiene ‘feeling’ ninguno. Todo lo contrario que con Juan Marín (C’s). El fiasco de Podemos en Cataluña, pero sobre todo la colaboración con el partido de moda le ha permitido a Susana Díaz recuperar la vitola de perspicacia política desacreditada con las primarias.

Pocos aventuraron en mayo de 2017, cuando perdió frente a Pedro Sánchez contra todo pronóstico, que lograría recuperarse con tan buena salud política como la que en estos primeros días del año parece gozar. Las peticiones para entrevistas televisivas y conferencias en la capital del Reino vuelven a caer sobre la mesa de sus colaboradores en San Telmo como antes de su estrella caída. Solo que Díaz no está por la labor de prodigarse demasiado. Siempre le gustó reaparecer poco a poco y dosificar cada nuevo movimiento. Ahora también.

Esta cautela hace decir a no pocos que sigue con el guión de saltar a la política nacional. Su entorno, ella misma, ignoran estas «habladurías» y achacan el ruido a sus adversarios, especialmente el PP, como estrategia para «cortarle el paso» hacia su gran objetivo: Volver a ganar las elecciones andaluzas en 2019.

Para ello, el PSOE andaluz, que ella dirige sin apenas crítica, acomete el año con menos nerviosismo del lógico. Al parecer maneja encuestas con resultados no demasiado malos. El voto socialista se mantendría, lo que no es para tirar cohetes si no fuera porque PP y Podemos, sus principales rivales, se resienten del mismo modo que C’s sube como la espuma. Todo puede ser efecto de las catalanas, pero en San Vicente se prefiere creer que el líder del PP, Juanma Moreno, no está convenciendo como alternativa para gobernar en Andalucía «ni a los suyos».

Con Pedro Sánchez

Los dos grandes nubarrones del año para Susana Díaz siguen estando, no obstante, en las filas de su propio partido. Por un lado está su relación con Pedro Sánchez, que seguirá siendo foco de atención con cristal negativo. Díaz, dicen en su entorno, habla ya con Pedro Sánchez. Lo hizo sobre Cataluña y también sobre la financiación autonómica. Ahora queda por ver cómo evoluciona una relación enquistada por la rivalidad resuelta a favor del político madrileño. Este tiene intención de hacer una gira por todas las comunidades este año y el morbo principal estará en cómo se le recibe en Andalucía.

La otra cuestión del PSOE es el juicio del ‘caso ERE’, por el que se sientan en el banquillo de los acusados sus predecesores Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Díaz impulsó hace un año una campaña para resarcir la imagen de los expresidentes, pero este primer trimestre el juicio, en el que deberán prestar declaración por el procedimiento presuntamente ilegal para conceder las ayudas sociolaborales, volverá a ponerle en el brete de tener que responder por el proceso que más daño ha hecho al PSOE. Un tiempo difícil que Díaz confía en remontar con una sentencia absolutoria para los altos cargos enjuiciados.

Por lo demás, Díaz, que en los últimos meses solo ha cambiado algo su fondo de armario y estilismo, seguirá con la agenda que siempre tuvo: Mucho coche para ir de pueblo en pueblo, para visitar centros de salud, hospitales, colegios, empresas punteras de los sectores más boyantes de la economía andaluza, como la aeronáutica y la agroindustria o el turismo. Su primer viaje este mes de enero será el día 15 a Fitur, la feria de España de Turismo.

El Gobierno, que cambió en junio, lo da por rodado. No se esperan cambios en un año de cierre de legislatura, en el que habrá que ir concluyendo proyectos. Sí quiere que este sea un año de gran impulso parlamentario para sacar adelante todas las iniciativas legislativas aprobadas o por aprobar, entre ellas varias leyes de políticas sociales.

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