La mujer y madre de las víctimas de Almonte carga contra el acusado

F.J.M., el acusado de la muerte de la niña de 8 años y de su padre en Almonte, ayer a su llegada hoy a la audiencia provincial de Huelva.
F.J.M., el acusado de la muerte de la niña de 8 años y de su padre en Almonte, ayer a su llegada hoy a la audiencia provincial de Huelva. / efe

Afirma que era «controlador» pero que sus celos «desaparecieron» tras el doble crimen

EUROPA PRESS HUELVA.

Marianela Olmedo, mujer y madre de los fallecidos en el doble crimen de Almonte (Huelva) y que mantenía una relación sentimental con el único acusado por los hechos, F.J.M., dijo ayer en el juicio que esta persona «era muy celosa y controladora» y que «los celos desaparecieron» tras los hechos.

Durante su declaración como testigo en el juicio con jurado en la Audiencia Provincial, visiblemente emocionada y con el acusado tapado con una mampara, dijo que desde que murieron su vida «ha sido un auténtico calvario. No tengo vida».

En cuanto a la relación sentimental que mantenía con el acusado, declaró que le «controlaba en todo» y que no podía reír ni hablar: «Me decía cómo tenía que vestirme». Dijo que el acusado tenía «celos» de su marido y de otros compañeros, con los que no le gustaba que hablara.

Sobre las toallas halladas en la vivienda donde aparecieron los cadáveres y en las que se ha encontrado ADN del acusado, la principal prueba en su contra, Marianela Olmedo las reconoció y ubicó en cada uno de los baños de la vivienda. Indicó que las dejó «limpias y colocadas» justo antes de mudarse, entre el 4 y 5 de abril. «Siempre las lavaba juntas, según el color, en la lavadora con agua caliente, a 40 grados, y usaba detergente, lejía y otros productos». A preguntas de la defensa, reconocióque el 6 de abril, el día que realizó la mudanza, mantuvieron relaciones sexuales y que pudo haber contacto con el semen, aunque, se fue a la casa donde convivía con su marido y se duchó, pero que se secó con su albornoz. «Nunca toqué esas toallas», destacó.

Marianela destacó que su exmarido era «el amor de su vida» y «una bellísima persona tranquila, buena, que no provocaba problemas». «Era un maravillo padre, marido, hijo» y sobre su hija, sin poder contener las lágrimas, destacó que era su «muñeca», su «vida».

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