«No soy una máquina, necesito descansar y beber agua»

Magistrado y el letrado (derecha) que lee en el tribunal del juicio con Guerrero de espaldas. /EFE
Magistrado y el letrado (derecha) que lee en el tribunal del juicio con Guerrero de espaldas. / EFE

El letrado del tribunal del juicio del 'caso ERE' estalla contra la estrategia de los fiscales de hacer leer todas las declaraciones de Guerrero tras negarse este a contestar

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

El letrado del tribunal del juicio del 'caso ERE', Rafael Castro de la Nuez, rompió ayer la monotonía de la octava sesión y segunda de la comparecencia del exdirector general de Trabajo Javier Guerrero, el primero de los 22 cargos de la Junta en prestar declaración. En realidad, la negativa del exdirector general a responder a las preguntas de acusaciones y defensas de los demás acusados es lo que ha provocado la exasperación del antes llamado secretario judicial. La fiscalía pidió que se leyeran las declaraciones que desde 2011 a 2015 ha hecho Guerrero a la Policía, Guardia Civil y juezas de instrucción. En total, cinco. Solo ha dado tiempo a cuatro y media en dos días. Castro estalló ayer contra esta estrategia de los fiscales después de leer durante más de una hora: «Tengo derecho a parar, digo yo, no soy una máquina, necesito beber agua», manifestó dejando atónitos a los miembros del tribunal.

La interrupción se produjo cuando Castro leía el escrito de la declaración de Guerrero ante la instructora Mercedes Alaya de marzo de 2012, que las partes conocen. Fueron tres días de interrogatorio. Guerrero también se negó entonces a contestar a los fiscales Manuel Fernández y Juan Enrique Egocheaga, pero estos hicieron constar sus preguntas y ayer reclamaron que se leyeran. «Yo no tengo por qué estar leyendo esto, no son declaraciones, no doy fe de nada, son preguntas hechas por el fiscal», manifestó airado.

El gesto hizo sonreír a alguno de los acusados y dejó perplejo al presidente del tribunal, Juan Antonio Calle Peña, que, paciente, preguntó a los fiscales si querían que prosiguiera la lectura de las preguntas, a lo que los representantes del Ministerio Público asintieron sin apenas pronunciar palabra. Poco después, el letrado mostró de nuevo su disgusto y desacuerdo: «Estoy medio afónico, tengo derecho a parar», estalló para pedir al presidente del tribunal que alguien le sustituyera. «No soy una máquina, necesito beber agua».

Guerrero podría hoy ratificar su última declaración en sede judicial

Calle Peña ordenó un receso y llamó a una auxiliar, que, tras el inicio, continuó con la lectura de la declaración de 2012 en la que ante Alaya Guerrero hizo gala de sus ocurrencias como la de negar que tomara cocaína. «No sé donde se compra cocaína, solo me gusta el Malboro y los gin tonic 'Beefeater' como postre. Un cocainómano no tendría la capacidad mental que tengo».

El exdirector general de Trabajo acusado de prevaricación y malversación, delitos por los que se enfrenta a ocho años de cárcel, también dijo que no se ratificaba en esta declaración como con las anteriores ante la Policía y Guardia Civil. La primera instructora se interesó por las personas que, según él, le habían presionado o atacado tras estallar el caso, a lo que Guerrero citó a Chaves porque «dice que no me conoce de nada», a Mar Moreno, exconsejera de Presidencia, que «me pone a caer de un burro cada vez que puede», y a José Antonio Viera, que «va diciendo por ahí que soy un indeseable».

A continuación, se procedió al visionado de la que hizo ante la jueza María Núñez Bolaños en octubre de 2015. Fuentes del caso afirman que Guerrero sí podría corroborar esta declaración, ya que la hizo a petición propia dos años después de la última vez que compareció ante Alaya y después de la imputación de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, pero esto se sabrá cuando finalice hoy. Guerrero defendió en aquella ocasión la legalidad de las ayudas, introduciendo que el Gobierno central también las concedía con el mismo procedimiento discrecional. También responde sobre la reunión en 2005 en el despacho de la viceconsejera de Hacienda Martínez Aguayo en la que esta dio el visto bueno a seguir adelante con las ayudas porque los informes del interventor no alertaban de menoscabo de fondos.

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