Juanma Moreno inicia el sprint final

Juanma Moreno, durante un reciente acto en Córdoba.
Juanma Moreno, durante un reciente acto en Córdoba. / Efe

El presidente del PP-A acelera en la segunda parte de la legislatura y ve más cerca el objetivo de arrebatar al PSOE la Presidencia de la Junta

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

Juanma Moreno, presidente del PP andaluz, se lanza al sprint final de su carrera por la presidencia de la Junta. Esta segunda parte de la legislatura, recién iniciada, ha encendido el reloj de la cuenta atrás para llegar a cumplir el que ha sido sueño de su partido desde sus orígenes: desbancar al PSOE del Gobierno autonómico, algo que no ha conseguido hasta ahora. Puede que nunca se le vaya a dar una coyuntura tan favorable como esta, ante la debilidad de su contrincante y la fragmentación política. Es la gran oportunidad para él, y para el PP. La partida, que muchos en su entorno analizan con el lenguaje del tenis, puede ganarse por los errores del contrario. Dobles faltas. Match ball.

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Junto con el hasta ahora constante descenso en votos del PSOE, que podría agravarse por la situación interna tras la batalla de las primarias, Moreno cuenta con afianzar los resultados de las últimas elecciones generales, cuando el PP consiguió ganar en Andalucía a la formación socialista. Encuestas internas dan alas a la esperanza de que este escenario se repita en autonómicas, si bien hasta ahora el voto en unas y otras siempre ha sido diferente.

Han pasado poco más de tres años de la llegada al cargo, por sorpresa y por una decisión directa de Mariano Rajoy, del político malagueño. Tras encontrarse un partido que no había superado el trauma de ganar pero no gobernar en 2012, agravado por la sucesión a palos de Arenas por Juan Ignacio Zoido y la falta de punch de la etapa del entonces alcalde de Sevilla, hoy ministro del Interior, Moreno emprendió una travesía dura, no exenta de críticas internas y de sus ámbitos de apoyo, en especial del ‘núcleo duro’ sevillí, y se dio un tiempo para construir su proyecto.

Moreno, con los presidentes provinciales y la secretaria general. / EFE

El domingo pasado, en la foto con los ocho renovados presidentes provinciales reunidos en Córdoba, Moreno daba fin a la etapa de renovación interna. Aunque ha sido más convulsa de lo previsto, y permanecen algunos irreductibles, como Gabriel Amat, ya está zanjada. El veterano y cuestionado líder almeriense permanece porque tiene apoyo en la provincia y por no abrir un problema en un lugar que funciona y donde el PP gana elección tras elección. Las investigaciones judiciales de que es objeto no parecen inquietar al partido.

Su proyecto de cambiar liderazgos y hacerse, de camino, con la fidelidad de provincias que no le apoyaron a su llegada ha tropezado con significativos obstáculos, en especial en Sevilla y Jaén, donde la bronca aún está abierta y judicializada, y en Córdoba, irreductible. Pero la disidencia no parece que vaya a hacer temblar el misterio, aunque pueda ser llamativa en un partido tan monolítico. Tribus, haylas, pero dentro de un orden. El presidente andaluz no lo ha llevado bien personalmente, pero ya está tranquilo, cuentan desde dentro.

Verticalidad

Al final en el PP siempre se impone la verticalidad y su equipo destaca que el buen rollo predomina. Por ejemplo, todos los parlamentarios se marcharon con su presidente a tomar unas cervezas tras el pasado debate de política general, para celebrar la buena intervención que tuvo Juanma Moreno en su pulso con Susana Díaz. El líder, dicen, pagó la primera ronda.

Zanjado pues el tema congresual, ahora el PP andaluz engrasa la maquinaria electoral en un doble sentido, para preparar las autonómicas y para las municipales.

Respecto a estas últimas, se ha iniciado ya el proceso para elegir los cabezas de lista, de acuerdo con unas complejas reglas internas que tienen en cuenta el tamaño de la población, con el ‘timming’ de tener las candidaturas cerradas antes de noviembre.

En cuanto a las autonómicas, que es la principal batalla de Moreno, la organización prevé colocarse ya en estado de revista, por lo que pueda pasar. El horizonte no está totalmente definido y sólo Susana Díaz lo puede trazar. En teoría, los dos años hasta el fin de la legislatura pueden ser un poco más, porque la presidenta tiene potestad para demorar unos meses la convocatoria a partir de marzo de 2019, cuando se cumple el mandato, pero también puede ser menos. De hecho, el escenario más plausible con que se trabaja en el PP es el de año y medio por delante, puesto que si la cita con las urnas fuera en marzo, el Parlamento se disolvería en enero.

El reto de Juanma Moreno es ganar aunque sea por un voto a Susana Díaz para conseguir el apoyo de Ciudadanos. Ya no necesita, como Arenas en 2012, la mayoría absoluta. Puede ser, dicen también en algunos medios de su partido, que sea también su última oportunidad para conservar la silla.

El líder del PP-A se plantea la carrera con un perfil modesto, humilde, sin alardes de triunfalismo. Aunque en el último debate llegó a proclamar que «yo seré el próximo presidente de la Junta», dicen que lo hizo llevado del entusiasmo de una intervención que consideraba que le estaba saliendo redonda.

No es ese, pues, su estilo, no quiere vender la piel del oso antes de cazarlo. Ha debido aprender del golpe moral de 2012, de aquella pancarta que decía ‘Arenas presidente’ y que se quedó enrollada en el balcón de la sede regional de la calle sevillana de San Fernando.

Moreno quiere transmitir, pues, un perfil tranquilo pero serio y contundente. Su plan es ocupar el centro político, ese ansiado territorio donde dicen situarse la mayoría de los votantes y a donde el PP siempre está viajando. Un centro moderno, sereno, rejuvenecido para pescar votos, porque a la derecha ya sabe que no tiene competidor.

En línea con lo que viene siendo su última trayectoria, Moreno piensa enfocar este último tramo de legislatura sobre los temas de empleo, sanidad y educación, las que han sido hasta ahora sus banderas y donde advierte los mayores déficits de gestión de la Junta, además de la batalla del impuesto de sucesiones, que disputa a Ciudadanos. Si tiene otras, no las desvela de momento. Continuará su ‘micropolítica’, los contactos directos con los colectivos organizados, quejosos con la Junta, y seguirá fomentando su incursión en el mundo rural, caladero de votos socialistas, donde ha creado un ‘ágora’ que, dicen, le está dando juego. El PP amplía en los pueblos de menos de veinte mil habitantes su presencia y pelea por ser primera fuerza, dicen.

Pero también Moreno mira a su entorno y cree que en el actual tablero de juego puede encontrar opciones. La primera, la debilidad de Susana Díaz tras su derrota en las primarias, que se está encargando con contumacia de recalcar, pero también los errores que cometa. Como en el tenis, pues, a veces los partidos se ganan por los fallos del rival.

El análisis del PP andaluz gira sobre la difícil posición de la presidenta, que debe compaginar su obligado ‘giro a la izquierda’ para dar un perfil más potente, que sintonice con su electorado y que le quite la etiqueta de ‘ala derecha’ del PSOE, con la alianza obligada con Ciudadanos, a la que debe la estabilidad de su gobierno.

Esta última no le va a resultar tan fácil a la presidenta, porque a medida que se acerque la cita con las urnas, los de Juan Marín precisarán distanciarse y endurecer el tono con Díaz y el PSOE.

El ‘cortejo’ de Moreno a Marín hasta ahora no da resultados. Los movimientos en este sentido han sido irregulares, de acoso y aproximación, palo y zanahoria, y el líder andaluz de C’s no muestra con el presidente del PP-A la sintonía personal que evidencia con el Gobierno andaluz.

En cualquier caso, Moreno cree que C’s puede robar votos al PSOE, más que al propio PP, gracias a su decisión de no haber entrado en el Gobierno, pues ha conseguido que se le perciba como un agente independiente.

Es más, el PP opina que este voto a C’s puede ser una pasarela, un ‘voto de transición’ hacia sus propias siglas.

Al PSOE andaluz se le abre además la incertidumbre de qué va a hacer Pedro Sánchez, cómo va a desarrollar su tarea política y si va a restañar las heridas internas. Hasta se hace una cábala que dejó escrita, porque todo lo que hasta ahora ha parecido marciano en la política mundial ha terminado por confirmarse: Teresa Rodríguez, la dirigente andaluza de Podemos, ha proclamado que «con usted ni muerta», refiriéndose a Susana Díaz, no al PSOE, anotan desde el PP andaluz. Es decir, que llegado el caso de necesitar la presidenta los votos de Podemos para mantener el Gobierno ¿podría poner como condición que hubiera otro candidato?, ¿lo aceptaría Pedro Sánchez? En cualquier caso, la imposible relación, hasta ahora, de Susana Díaz con Podemos es otro de los elementos del tablero de juego que tiene en cuenta el PP andaluz.

El PP andaluz engrasa la maquinaria electoral para preparar las autonómicas y las municipales

Con todo, las esperanzas de vencer al PSOE se basan en lo que califican de déficit de gestión de la presidenta, en las protestas que se han visto en sanidad y educación, sobre todo, y en el desgaste sufrido por una política que, dicen, ya no tiene credibilidad. Este en el mensaje insistente: que Susana Díaz puede ser hábil en el regate corto o en el discurso pero que se le ha «venido abajo» la gestión.

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