«¡Ya era hora!»

Mercedes Alaya, ayer en la entrada de la Audiencia. /Efe
Mercedes Alaya, ayer en la entrada de la Audiencia. / Efe

Chaves se sienta el primero ante el tribunal en un gesto simbólico y comparte con Griñán comentarios, mientras Magdalena Álvarez toma notas

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Casualidad o no, la jueza Mercedes Alaya apareció en el ‘photocall’ en el que se transformó el soportal de acceso a la Audiencia de Sevilla justo poco después de entrar en la misma los 22 procesados por el ‘caso ERE’ que ella comenzó a instruir en enero de 2011. «Lo estaba deseando. ¡Ya era hora!», exclamó al salir de la primera sesión del juicio Francisco Javier Guerrero, el exdirector general que apodó la partida de los ERE (expedidentes de regulación de empleo) como un «fondo de reptiles» en su declaración a la policía hace justo siete años.

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Sin esta declaración de Guerrero y sin el hilo del que comenzó a tirar la jueza Alaya, la foto demoledora ayer de la cúpula de gobiernos socialistas de dos décadas de la Junta sentados ante un tribunal por delitos de prevaricación y malversación es posible que no hubiera sucedido. Así al menos lo piensan en privado muchos socialistas que aún siguen sin creerse que por un procedimiento administrativo se pueda enviar a la cárcel a quince cargos y funcionarios de la Junta, entre ellos un presidente, José Antonio Griñán.

La seriedad en los rostros, sobre todo en los de Carmen Martínez Aguayo y Magdalena Álvarez, llamaron la atención en la primera sesión del juicio. Magdalena Álvarez llegó y se fue en el coche de Gaspar Zarrías, conduciendo este, pero como todos hicieron el paseíllo andando ante los periodistas hasta la puerta de la Audiencia. Poco después, a las 9.37 horas, apareció Manuel Chaves con semblante tranquilo y saludando a los periodistas parapetados tras una valla. Las medidas de seguridad eran férreas en la fría mañana de ayer en los juzgados sevillanos. En cualquier caso, nadie de la calle intentó acercarse. Griñán llegó poco después y también saludó a los periodistas. Dijo que estaba tranquilo, pero que no iba a hablar.

En un gesto simbólico, Chaves fue el primero en entrar en la sala de vistas y sentarse en el mal llamado banquillo de los acusados, porque lo que hay son sillas. Luego le siguió Griñán y se sentó a su lado. Los dos expresidentes, amigos durante muchos años, rompieron tras la sucesión en la Presidencia en 2009. El caso de los ERE les separó y les ha vuelto a unir. Esa era la impresión que dieron, pues se les vio compartir impresiones varias veces durante las cinco horas de la sesión. Mientras, Magdalena Álvarez tomaba notas cuando se oía el relato de la acusación fiscal.

Gaspar Zarrías, José Antonio Viera, Magdalena Álvarez, Carmen Martínez Aguayo y Francisco Vallejo ocuparon la primera fila junto a los expresidentes. Solo Antonio Fernández prefirió la segunda. No había sitio asignado. Cada uno fue eligiendo. Justo detrás de Chaves se sentó Guerrero. Su elección fue casual o no, como la aparición de Alaya, que es magistrada ahora en la tercera planta de la Audiencia (el juicio es en la cuarta).

Pocos o ninguno hablaron con el exdirector general que firmó las ayudas sociolaborales en tela de juicio, pero quizás sí compartan su exclamación de «ya era hora» sobre la lentitud del proceso que instruyó Alaya. Decida lo que decida el tribunal, para algunos ya han cumplido una condena por el largo tiempo de exposición pública como imputados. El caso ha demolido sus carreras políticas, profesionales o ha amargado sus jubilaciones. Y eso también se vio en semblantes derrotados como los de Agustín Barberá y Jacinto Cañete.

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