UNA FOTO PARA LA HISTORIA

Chaves y Griñán, sentados en el juicio. :: julio muñoz. efe/
Chaves y Griñán, sentados en el juicio. :: julio muñoz. efe
Andalucía en el diecisiete

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

EL tan esperado juicio del 'caso ERE' dejó esta semana una foto para la historia con los presidentes de la Junta Chaves y Griñán sentados en el banquillo de los acusados. La foto encierra más, ya que los dos fueron ministros con Felipe González, mientras que Griñán y Magdalena Álvarez, también entre los 22 acusados, fueron ministros con José Luis Rodríguez Zapatero.

A esta altura del 'caso ERE' ya todos saben, como este periódico ha insistido siempre, que se les juzga por un procedimiento administrativo, por una cuestión muy técnica, y que ninguno comparece ante el tribunal por robar dinero público.

Las acusaciones van a argumentar, no obstante, que la corrupción política no es solo que un político se enriquezca con dinero público o que desvíe este a su partido, como los casos conocidos de la 'Gürtel', Bárcenas y Pujol. Tratarán de demostrar que también lo es utilizar fondos públicos para generar clientelismo electoral. El PP incluso va más lejos que la Fiscalía anticorrupción y atribuye a los 22 acusados un delito de asociación ilícita, como a los narcos.

Mucho se ha dicho que en este juicio se juzga una década de la gestión socialista, pero puede que también una forma de hacer oposición en este país. El PSOE se juega en el juicio su historia en Andalucía, pero también el PP se juega su credibilidad como alternativa política. Desde el comienzo el PP hizo trascender los ERE como un escándalo sin parangón y «el mayor caso de corrupción de España». No solo utilizó el ventilador sobre los ERE para erosionar al PSOE y ganar las elecciones andaluzas, lo cual entra dentro del juego político. También lo utilizó para contrarrestar los escándalos propios, desde los de la 'Gürtel' a los papeles de Bárcenas y los sobresueldos. Por eso sobredimensionó el caso andaluz. Desde un principio (2011), aún sin estar ni siquiera señalados por Alaya (2013), Javier Arenas y Juan Ignacio Zoido apuntaron a Chaves (entonces vicepresidente de Zapatero) y Griñán (presidente de la Junta y del PSOE). Juanma Moreno, como diputado nacional, arremetió duramente contra Chaves en el Congreso. El vapuleo fue tremendo.

Rajoy llegó a afirmar que el fraude superaba los mil millones de euros, pero lo cierto es que ni entonces ni ahora se sabe a cuánto asciende. Este no es el juicio para averiguarlo, aunque la acusación sacará los intrusos, las sobrecomisiones y las ayudas irregulares a la Sierra Norte de Sevilla para argumentar que el fondo de 855 millones (741 según la Fiscalía) fue para dar ayudas a afines al PSOE, aunque los Ruiz Mateos y otras familias empresariales andaluzas que se beneficiaron no se les tenía por ello.

El PP ha conseguido la foto deseada, pero ahora sus abogados, que han trabajado duro, no podrán acudir a los titulares y soflamas de ruedas de prensa y debates parlamentarios, sino al dato, al hecho duro y puro. Son solo dos y frente a ellos hay una veintena de abogados de los mejores despachos penalistas de España muy preparados.

Las defensas vienen dispuestas a apabullar con jurisprudencia para demoler las acusaciones llenas de «errores garrafales», según dicen. Pero además han conseguido llegar a la opinión pública, ya convencida de que Chaves y Griñán han sido políticos honestos, que no se han enriquecido con la política y que ahora sufren un calvario por este juicio tan técnico. De culpables y apestados hace solo tres años han pasado a ser víctimas. Igual el PP reflexiona con esto: Ten cuidado con lo que deseas, porque al final lo conseguirás.

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