España, inundada de 'pescaítos'

La escultura de la 'Ballena', en Almería capital, se ha convertido en un altar improvisado en recuerdo a Gabriel./F. Gavilán
La escultura de la 'Ballena', en Almería capital, se ha convertido en un altar improvisado en recuerdo a Gabriel. / F. Gavilán

Miles de personas muestran su tristeza por Gabriel, el niño «que ha sido adoptado por todo un país»

FRAN GAVILÁN ALMERÍA.

El silencio fue tan sólo interrumpido por el fuerte viento, el mismo que sopló durante la mayoría de los largos y grises días en los que miles de personas se afanaron por encontrar con vida al pequeño Gabriel. La noche del pasado viernes decenas de vecinos de la comarca almeriense de Níjar acudieron de manera anónima al mismo camino donde el pequeño de ocho años fue secuestrado por Ana Julia Quezada, asesina confesa de un crimen que ha causado una conmoción social pocas veces vista.

En total silencio y ya entrada la noche, los vecinos iluminaron la pequeña y solitaria pedanía de Las Hortichuelas Bajas con un rastro de velas que finalmente adoptó la forma de un pez, de esos que tanto le gustaban al pequeño Gabriel, un serio aspirante a biólogo marino que veía por la ventana de su abuela el infinito azul que sólo se puede apreciar en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.

Esta concentración de respeto y cariño hacia el pequeño, que llegó a sorprender a la familia de Gabriel por su espontaneidad, se produjo un día después de que la «bruja mala del cuento» ingresara en prisión.

Se ponía así punto y final a un caso que se ha alargado durante 14 largos días de angustia y desesperación para Patricia Ramírez y Ángel Cruz, quienes se han convertido en objeto de admiración por todo un país, cuyos ciudadanos han sentido la muerte violenta de su hijo como propia. «Gabriel ya forma parte de cada uno de los españoles, es un miembro más de nuestra familia».

Así lo indica entre lágrimas Carmen, una turista llegada desde Barcelona a Almería mientras se afana en colocar un ramo de margaritas en la escultura de La Ballena, un viejo mosaico ubicado en la desembocadura de la rambla Federico García Lorca, la avenida principal de la capital almeriense, que el Ayuntamiento estudia como posible enclave para rendir homenaje a Gabriel.

Esta localización, a escasos metros del mar y cercana al monumento a las víctimas del campo de concentración de Mauthausen, se ha convertido en los últimos días en lugar de culto para miles de personas que han acudido a depositar flores, velas, dibujos y juguetes de peces ante la gran afición que el pequeño sentía por el mar.

«Yo soy de Galicia y me he querido desplazar aquí para rendir homenaje a Gabriel, estoy destrozada», indica Francisca, quien añade que siguió «desde el minuto uno» la desaparición del menor. «Todavía no me explico cómo ha podido ocurrir esto, pienso mucho en la madre del niño y le mando todo mi cariño», señala desolada su hermana Puri junto a un ramo de flores blancas donde se puede leer: «Nunca te olvidaremos. Guardia Civil». Se trata del último gesto de cariño y recuerdo hacia Gabriel que tuvieron los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil antes de partir a Madrid, lugar donde se encuentra la sede de esta unidad que se ha encargado de coordinar la investigación que ha esclarecido este crimen brutal.

Junto a este recuerdo se puede ver cómo un niño con una edad parecida a la de Gabriel ayuda meticulosamente a su padre a desenvolver el dibujo que le ha pintado: un pez payaso, como 'Nemo', cuyo nombre sirvió para bautizar la investigación. Progenitor y vástago se quedan en silencio y con la mirada centrada en la cantidad de recuerdos que inundan el viejo mosaico, donde las velas se resisten a perder su fuego pese a la constante amenaza del viento.

Olivia las observa y comienza a llorar en silencio. Esta joven almeriense repite por tercera vez en el monumento al pequeño que quería ser biólogo marino. «Me da serenidad estar aquí, me acerca un poco más a Gabriel y a su madre», se sincera mientras una veintena de personas rodea la escultura en forma de pez donde cualquier objeto recuerda al menor de ocho años y a la ya extinta esperanza de encontrarlo con vida.

«Un ejemplo»

«Para mí, Patricia, su madre, es un ejemplo y no debemos llenarnos de odio, sino tener esperanza». Así lo reconoce Alejandra, una mujer de mediana edad que se ha desplazado desde la localidad almeriense de El Ejido para conocer el monumento. Esta vecina señala que ha estado pendiente de todas las noticias sobre la desaparición y que mantiene en una de las ventanas el 'pescaíto' que dibujo su hija. «Es una de las maneras que tengo de rendirle mi respeto», añade.

De hecho, el 'pescaíto' se ha convertido en un símbolo de Gabriel y de «respeto y admiración a las palabras de esperanza de Patricia frente al horror», apunta Virginia, una joven de Madrid que ha aprovechado su estancia en Almería para visitar el altar improvisado. Ella apunta que ha encontrado en su ciudad «cientos» de 'pescaítos' en las ventanas que recubren los edificios. «Toda España está conmocionada y estamos unidos a Gabriel y su familia», explica Marina, una de sus amigas.

El 'pescaíto' también ha salido fuera de las fronteras. Un científico marino de origen español, que se encuentra trabajando en Koh Tao (Tailandia), colocó hace unos días un cartel junto con un pez de Nemo donde se podía leer «Gabriel». Un homenaje para un niño que quería ser biólogo marino y que lo será en el lugar donde esté.

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