«Tengo serias dudas de que la prisión permanente revisable sea la solución»

Maeztu pide a Gobierno y Junta «un esfuerzo financiero para garantizar los derechos del bienestar de las personas»Jesús Maeztu Defensor del Pueblo y del Menor en Andalucía

MARÍA DOLORES TORTOSA SEVILLA.

Para Jesús Maeztu Gregorio de Tejada (Medina Sidonia, 1943) no debió ser fácil sustituir al mediático José Chamizo al frente de la Oficina del Defensor del Pueblo y del Menor en Andalucía, pese a una trayectoria de tan parecido perfil. Los dos sacerdotes católicos de origen, con gran preparación intelectual y volcados en atender a los más débiles; En el caso de Maeztu, en barrios marginales de Cádiz. Colgó los hábitos, se casó, es padre de dos chicas. Ha sido profesor de Derecho del Trabajo de la Universidad de Sevilla, pero siguió dedicado a lo social con personas marginadas. En 2010 recibió la medalla de Andalucía por su labor como comisionado en el Polígono Sur de Sevilla. En 2013 fue elegido Defensor por unanimidad del Parlamento. Mantuvo el perfil social de su antecesor con nuevas aportaciones, como trasladar la oficina a las comarcas con presencia suya y poner en marcha un sistema de mediación entre los ciudadanos y las autoridades de gran éxito. Bajo su apariencia institucional y clásico en la indumentaria, sigue habiendo un hombre enérgico defendiendo causas contra los poderosos. Con esta vitola irá el próximo día 21 a Bruselas para defender el cierre de pozos de Gas Natural en Doñana. En junio cumple mandato y, con 74 años, no se ve con ánimo de repetir, pero ya se verá.

-¿Qué balance hace de estos casi cinco años? ¿Fue difícil sustituir a José Chamizo?

LAS CLAVES«Me comprometí a un mandato y tengo una edad como para querer investigar por otros lados» «Con la violencia se ha producido una bajada de escalón en la edad. No hay control de lo que ven» «Hay pueblos sin cajeros y personas mayores deben coger un autobús a otro pueblo para sacar dinero» «Estoy muy contento de poner a dialogar a colectivos con los alcaldes sobre sus problemas»

-Era difícil continuar una trayectoria de una Defensoría que había dado un paso adelante: Andalucía fue pionera en muchas cosas. Tenía una etiqueta y marca de compromiso social muy fuerte. Sí, era difícil ver cómo encajaba la continuación; Dos defensores que han trabajado con personas vulnerables, pero con caracteres diferentes, uno más mediático, otro con la impronta de lo jurídico. Debo decir que, con todos los matices diferentes, personales y de ritmo, en la continuidad no hubo ruptura. Continuaron los temas heredados, pero se ha aportado también cosas nuevas.

- Una de esas aportaciones es el servicio de mediación. ¿Es de lo que se siente más contento?

- Estoy muy contento con ese tema. Vimos que muchas quejas y reivindicaciones que nos llegan se podían trabajar mejor desde la implicación de los colectivos en la interlocución con los poderes públicos con la mediación del Defensor, de forma imparcial, para garantizar sus derechos y libertades. El resultado es mucho más ágil y flexible que una intermediación burocrática en la que nosotros lo hacemos todo y el quejoso se entera por papeles de cómo va lo suyo.

- Explique algún caso.

- Si hay una asociación de padres que se quejan de que en el colegio no hay calefacción, y la dirección del colegio dice que no tiene dinero, el Ayuntamiento que tampoco: se reúnen a las partes y se explica y negocia cómo pagan o dónde se puede buscar el dinero, por ejemplo en una diputación. Al final de la mañana sale una solución. Lo más importante es que los colectivos participan de forma directa con las autoridades públicas en la solución a sus problemas, se van conociendo. Algunos me dicen, es la primera vez que ha hablado cuatro horas con el alcalde...

Salida de Sevilla

- Otra aportación suya es la salida de la oficina del Defensor fuera de la sede en Sevilla a las comarcas andaluzas. ¿En qué consiste?

- Planeamos salidas a una cabecera de comarca, donde atendemos las reclamaciones y nos reunimos con los alcaldes. Salen problemas curiosísimos, por ejemplo el de la exclusión financiera. Hay pueblos (lo hemos visto en las Alpujarras, la Loma de Jaén y en la sierra Norte de Sevilla) que con la crisis de los bancos se han quedado sin sucursales y sin cajeros, la gente no puede sacar dinero, ni hacer ingresos, y muchos son mayores que no saben manejarse por internet. Tienen que coger un autobús o un taxi para sacar dinero. Con varias entidades financieras hemos negociado que una unidad móvil cada un cierto tiempo se pase. En los pueblos hay muchos problemas de aislamiento, sobre todo por que muchos son mayores.

-Defensor, ¿las administraciones en general le han respondido bien estos años? Siempre ha habido quejas de que algunas no.

- En líneas generales, sí. De 1.300 expedientes de reclamación (anuales) hay un 94% de aceptación. Esa cifra indica que hay una buena respuesta. Tanto las administraciones central y autonómica como los ayuntamientos atienden las quejas del Defensor, aunque hay situaciones entorpecedoras en casos puntuales y también hay dilación, como en las ayudas al alquiler, que se va a pagar 2017 ahora.

- ¿Siguen siendo lentas las administraciones?

- Siguen siendo lentas. Lo del alquiler se va a solucionar con un procedimiento nuevo. Si simplificamos los procedimientos, la respuesta es más rápida. Pero también hay problemas financieros que repercuten, por ejemplo con las residencias de mayores, hay listas de espera porque no se construyen nuevas y hay quejas sin respuesta. También pasa con la dependencia. Las administraciones central y autonómica deben hacer un esfuerzo de financiación importante para cumplir con los derechos de las personas en el estado del bienestar.

- En un informe del Defensor reciente sobre la mujer, al hilo de este 8M tan especial, desvela que la mayoría de personas que tramitan quejas son mujeres. ¿A qué se debe?

- Porque son las que más vienen, como en la atención a menores, en casos de acoso (en algunos ya viene el padre también) o en el tema de las personas mayores.

- ¿Y qué opina de ello?

- Algo empieza a cambiar, pero soy de los que piensan que debe haber una discriminación positiva, porque sino, no se puede avanzar. El padre no puede salir del trabajo para algo de los hijos o hijas, pero la madre sí. Hay una filosofía de cuidadoras de las mujeres que todavía no se ha cambiado. Hay una reunión de colegios y vienen las madres. Eso está metido en el ADN de la sociedad, y hay que cambiarlo.

Violencia machista

-¿Qué piensa el Defensor de que no parece haber fin a la violencia machista contra las mujeres?

- La violencia de género me preocupa mucho. Creo que en la gestión pública todavía quedan cosas. Y me preocupa lo que está pasando en las primeras edades, de los novietes, ahí hay una incubación de lo que luego sería la falta de respeto, vejaciones, dominio de otra persona, algo que se encubre con los celos y el enamoramiento.

- Pronto su oficina hará público el informe sobre el menor referido a las actuaciones en 2017, ¿qué puede avanzar?

- Nosotros hemos querido poner el foco en que el menor también es víctima de violencia de género, no solo la mujer o la madre, eso va a cambiar ya y se le va considerar también víctima en la legislación. También hemos trabajado sobre los menores con insuficiencia alimentaria. Hemos exigido siempre a los colegios públicos, pero también a concertados garantías para esos niños en peligro de exclusión social. También hemos insistido en la reinserción en los centros de reforma. Tenemos una vigilancia continua de niños que nos escriben y nos dicen que no han sido cuidados bien por los monitores y han recibido desprecios, revanchas. Hay en el informe muchas actuaciones de oficio en este sentido. Hacemos mucho hincapié en investigaciones en los centros de reformas.

Acoso escolar

- ¿Y sobre el acoso escolar?

- Primero, desde la oficina del Defensor estamos luchando porque se identifique qué es acoso y qué no. Aquí hay problemas de otro tipo que se señalan como acoso y no lo es.

- ¿Cómo cuales?

- Por ejemplo problemas de conducta o de salud mental. Es muy difícil reconocer esos problemas, pero hay que insistir porque en la edad infantil son reconducibles, se pueden solucionar. Hay niños que tienen problemas de conducta y muchas veces los padres lo que creen es que sufren acoso y no lo era. El acoso es cuando hay un ánimo intencionado repetido de voluntad de dominar al otro. Lo primero que hay que hacer es identificar el acoso, que no es una peleílla de colegio.

- Y con casos recientes como el niño violado en Jaén por menores o los casos de chicas acosadas sexualmente por grupos en los que hay menores y que han puesto de relieve una violencia juvenil en lugares. ¿Qué reflexión hace como Defensor? ¿Qué está pasando?

- Con la violencia se ha producido una bajada de escalón en la edad. Creo que se participa en una violencia insertada en las imágenes de televisión, películas, ambientes, que son viscerales, de odio, de discusiones, en el espacio de la casa, hay una violencia estructural de la sociedad que se palpa y se impregna y el niño lo está viendo. Si un niño le gusta el fútbol y se pasa viendo media hora a los ultras de París, ese niño se le va quedando esa reacción de miedo. O la niña a la que le dice la madre que no vaya sola a ningún sitio.

Prisión permanente

- ¿Y cómo se ha llegado a esa degradación social en la época de mejores garantías de los derechos humanos?

- Porque la sociedad se ha abierto más, hay más medios que te potencian, pero no hay un proceso educativo paralelo. Los niños con 15 años tienen una evolución ideológica muy fuerte, pero el control de eso y las medidas de realizarlo las tienen hipotecadas. Tienen más medios, acceso a la información, pero no reciben una educación en la propia escuela de cómo se gestiona esa violencia, de cómo se gestiona que tienes un móvil y no te relacionas, no hablas con nadie, no hay espacio de reflexión, no hay una asignatura de valores en la que se le enseña al menor la diferencia en medios de comunicación entre una opinión, una información, la ficción de las películas o la publicidad. No hay una preparación para una sociedad que te deja acceder a todos los sitios, pero no hay control de eso. Hoy los pederastas pueden llegar a cualquier sitio y lo puede ver un chico de 15 años.

- ¿Qué piensa de la propuesta para que no se suprima la prisión permanente revisable como defienden algunos padres de niñas y jóvenes asesinadas?

- En lo personal respeto a estas personas, pero cuando el tema pasa a lo jurídico, yo tengo serias dudas sobre ello. Creo que son los penalistas y los expertos los que tienen que traducir en el texto las situaciones para evitar estos casos, pero no desde la opinión pública. Los casos son los que son, hay un respeto y una solidaridad con ellos. Y aunque la revisable incluye que se mire si hay reinserción, yo creo que lo que hay que aumentar son los recursos para la rehabilitación. Si hubiera más recursos de rehabilitación, podría ser mejor que estar 40 años y evaluar después si está insertado. Si tenemos más recursos para reinserción y logramos que la persona cambie, es mejor que dejar como en una especie de aparcamiento a una persona ahí y ver si luego está rehabilitada o no y si no, se le deja otra vez. Creo que el Código Penal recoge suficientes penas para los delitos, que quizás no apague el dolor, porque no lo va a apagar, pero hay un mandato constitucional para que las penas sean para cambiar a esas personas. Yo pondría el acento en que el Código Penal tiene suficientes penas, ya no hay los atajos de antes para condonar la cárcel; en que los expertos no tienen claro que eso (la prisión permanente revisable) sea una solución. Y sobre todo tenemos que dejar abierto el mandato constitucional de reinserción de la persona.

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