40 años del 4D

Las dimensiones del 4D

Sevilla. La que luego sería capital política de Andalucía registró una multitudinaria manifestación./Efe
Sevilla. La que luego sería capital política de Andalucía registró una multitudinaria manifestación. / Efe
40 aniversario

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

La conmemoración de las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 por la autonomía de Andalucía cuenta este año con algo más que una cifra redonda: 40 años. Coincide con la principal mutación política en España desde la transición como consecuencia del órdago secesionista de Cataluña y la aplicación por primera vez del artículo 155 de la Constitución a una comunidad autónoma; con el protagonismo de partidos nuevos como Podemos y Ciudadanos, cada uno en las antípodas del otro respecto al modelo autonómico y disputando el espacio electoral de PSOE y PP, los que con la UCD han gobernado España en democracia; y una crisis económica y financiera que ha hecho replantearse qué competencias deben tener las autonomías, cómo deben financiarse y en qué proporción las administraciones centrales y periféricas deben apechugar con el déficit público. Un panorama, en resumen, que ha puesto boca arriba todo lo que se cosió en la década 1975-1985. En medio de esta vorágine, los cinco partidos con representación en el Parlamento andaluz (PSOE, PP, Podemos, C's e Izquierda Unida) se han volcado en reivindicar el 4D como nunca antes se había hecho. Solo IU y el desaparecido Partido Andalucista siguieron celebrando en solitario el 4D como el Día de Andalucía. Ahora el 4D vuelve a recobrar vida desde la izquierda a la derecha. Todos quieren resucitar aquella gesta simbólica.

Barcelona. Los andaluces catalanes también se sumaron a la convocatoria y recorrieron las calles de Barcelona.
Barcelona. Los andaluces catalanes también se sumaron a la convocatoria y recorrieron las calles de Barcelona. / Sur

¿Qué pasó el 4D? Las crónicas cuentan cómo casi dos millones de andaluces se manifestaron en las ocho capitales andaluzas, y en algunas ciudades medias como Ronda y Antequera, para pedir la autonomía de Andalucía y acabar con años de pobreza, caciquismo, emigración y abandono por parte de los gobiernos de Madrid. Bajo el lema 'Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía' miles de personas, mayores, jóvenes y niños, inundaron las calles de banderas blanca y verde con una explosión de alegría y entusiasmo nunca conocida. Solo la muerte en Málaga por un disparo de Manuel José García Caparrós -todo apunta a que salió del arma de un policía- empañó la jornada festiva de un día brumoso y con lluvia en algunos puntos de Andalucía. Ahora sorprendería saber que aquella multitud se echó a la calle por la llamada de partidos políticos desde la izquierda al centro derecha. Nunca después tuvieron tanto poder de convocatoria y mucho menos en los años de la última crisis cuando el descrédito de la clase política se ha convertido en uno de los mayores problemas señalados por los ciudadanos en las encuestas. Hasta que el pulso de los secesionistas catalanes ha vuelto a llenar las calles de reivindicaciones políticas.

Barcelona. Los andaluces catalanes también se sumaron a la convocatoria y recorrieron las calles de Barcelona.
Barcelona. Los andaluces catalanes también se sumaron a la convocatoria y recorrieron las calles de Barcelona. / Sur

Hoy como ayer, Andalucía no es una isla. Hay que recordar el contexto: El 15 de junio de aquel 1977 se celebraron las primeras elecciones generales de la democracia. En Andalucía, el PSOE obtiene 27 diputados; UCD, 26; el PCE, 5; y Unidad Socialista-PSP, 1. Diputados y senadores electos, con una mayoría de la izquierda, crean el 12 de octubre la Asamblea de Parlamentarios con un objetivo común: La redacción de un proyecto de Estatuto y que se reconociera “con carácter provisional” la Autonomía de la región andaluza hasta redactada y aprobada la Constitución. Las proclamas no hablaban entonces de autonomía más plena o menos que la de Cataluña o País Vasco, pero era claro que Andalucía las miraba con atención.

El domingo 11 de septiembre de 1977 un millón de personas se concentraron en Barcelona al grito de: '¡Autonomía!'. El lema de la protesta, 'Libertat, Amnistia, Estatut d'Autonomía', coincidió con el que luego reivindicaron los andaluces en su 4 de diciembre. El 29 de septiembre regresaba del exilio Josep Tarradellas y, merced a un pacto con Adolfo Suárez, Cataluña recuperó su autogobierno, limitado hasta la aprobación de la Constitución en 1978. Otro millón de personas se concentraron el 23 de octubre de 1977 en Barcelona para celebrar la vuelta del president de la Generalitat en el exilio.

Estas no fueron las únicas movilizaciones autonomistas. Valencia también tuvo su diada el 9 de octubre de ese año con una manifestación en Valencia de más de medio millón de personas convocada por todas las fuerzas políticas, la más multitudinaria que aún hoy se recuerda en la capital levantina, según ‘Las Provincias’. En este ambiente, y mientras Adolfo Suárez negociaba con los diputados vascos electos la autonomía vasca, la primera en aprobarse luego, los partidos andaluces también convocaron las manifestaciones del 4 de diciembre. Coincidía con la Xornada pro autonomía de Galicia, el mismo primer domingo de 1977: En Vigo fue «el día que Galicia exigió con una sola voz una autonomía de primer nivel», relata la portada de 'La voz de Galicia'. Los jugadores del Celta portaron una bandera gallega gigante. En Sevilla, varios niñas y niños elevaban la bandera cedida por la familia de Blas Infante, cosida por su mujer, Angustias. Lo recordaba en el 35 aniversario Isidoro Moreno, luego secretario general del Partido de los Trabajadores de Andalucía (PTA), uno de los que estuvieron en la manifestación, junto a Alfonso Guerra, Plácido Fernández Viagas, Rafael Escudero, Rojas Marcos, Soledad Becerril, Manuel Clavero... En todas las capitales los diputados electos abrían la manifestación tras la pancarta.

La bandera blanca y verde

Las multitudinarias manifestaciones en las capitales (sobre todo en Sevilla y Málaga) con miles de banderas asombraron a un país extrañado de que en Andalucía hubiera tal ardor autonomista. Se desconocía los referentes, quizás porque el Estatuto de Autonomía andaluz nunca llegó aprobarse por las Cortes Generales en la República al estallar la guerra civil. Quizás también porque el gran alentador del andalucismo, autor de la bandera, aprobada en Ronda en 1918, nunca logró pese a sus varios intentos salir elegido diputado. Una de las veces, en 1933, el padre de la patria andaluza fue candidato por Málaga, el mismo año que compuso el himno andaluz, inspirado en un canto religioso de segadores. Pero esa bandera blanca y verde ya había ondeado en muchos ayuntamientos andaluces en 1933. Hoy el Museo de la Autonomía se encuentra en la última casa en la que Blas Infante vivió antes de ser fusilado en 1936: en Coria del Río, de la que salió la bandera para la manifestación del 4D de Sevilla.

Andalucía no quiso quedarse rezagada en el nuevo tiempo tras la muerte de Franco en 1975. Los analistas coinciden en que aquellas movilizaciones fueron el germen para que Andalucía obtuviera en 1980 una autonomía en parangón con las de las nacionalidades históricas con estatuto antes de la guerra. La convocatoria no se hizo con ese discurso. Vino luego. Lo que sacó a la calle a miles de personas fue el convencimiento de que con una autonomía, Andalucía saldría del subdesarrollo y la pobreza, como decía el manifiesto leído en todas las capitales. Como en Barcelona, Vigo y Valencia, en Andalucía se exigía «la más rápida institucionalización de unos órganos de representación y gobierno autónomos», solo que aquí se pedía para solucionar «la emigración de los hombres y los recursos de Andalucía; un elevado índice de paro, una difícil situación en el campo, que hace que unas tierras tan ricas como las nuestras no puedan garantizar el sustento de los que en ella viven; una escasa y mal planificada industrialización; y unas condiciones de vida que son muy inferiores a las de otras zonas del país».

Esa exhibición de gentío del 4D sirvió para la gran batalla que vino después y que culminó el 28 de febrero de 1980 con el referéndum que dio a Andalucía su autonomía plena. Hubo un segundo eslabón de unidad de todos las fuerzas políticas (once) otro 4 de diciembre en 1978 en el Pacto de Antequera. La Junta Preautonómica, bajo la presidencia de Plácido Fernández Viagas, pero con consejeros de varios partidos, se había constituido en abril de ese año en la Diputación de Cádiz. Ya con Rafael Escuredo de presidente, acuerda por unanimidad en junio de 1979 en Granada iniciar el proceso autonómico por la vía del artículo 151 de la Constitución y obtener así el mismo grado de competencias que Cataluña y País Vasco.

Huelga de hambre

Pero aún habrían de venir disputas y sinsabores con los que los partidos se dividieron, cuando el Gobierno de la UCD da marcha atrás y apuesta por el artículo 143, lo que implicaba esperar cinco años para una autonomía plena. La dimisión del ministro Manuel Clavero, la huelga de hambre de Rafael Escuredo, la ruptura con el PSA de Rojas Marcos, que negoció con Suárez, la división interna de la UCD... Al final hubo un referéndum para el 151, solo que con unas condiciones leoninas: En cada provincia debía votar a favor la mitad más uno. Almería falló por poco. Las presiones y el recuerdo de aquellas movilizaciones de 1977 hicieron ceder al Gobierno de Suárez.

El 28F se convirtió en un triunfo jurídico de Andalucía en la formación del estado de las autonomías y abrió la puerta al café para todos. El PSOE sacó rédito de tal forma con aquel pulso al Gobierno de Madrid que, tras ganar las primeras autonómicas en 1982, hoy sigue gobernando en la Junta de Andalucía. Nunca dejó de celebrarlo. El 4D cayó en el olvido. Ahora, tras aparecer Podemos entonando ‘Los currelantes’ del 4D de Carlos Cano, como entonces el PSA, los socialistas abrazan su simbolismo. Y de nuevo ahora con Cataluña como espoleta.

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