Antonio Maíllo trabaja un liderazgo para que IU sea más visible y capitalice la confluencia

Maíllo plantando un olivo este pasado viernes en la provincia de Córdoba. /EFE
Maíllo plantando un olivo este pasado viernes en la provincia de Córdoba. / EFE

Potencia su proyección nacional y europea, llena su agenda de contactos «con todo lo que se mueve» en la izquierda y marca el verano como tope para concretar la alianza con Podemos

Maria Dolores Tortosa
MARIA DOLORES TORTOSA

Para Antonio Maíllo este no es solo el último año de la legislatura en la que Izquierda Unida halló la ilusión de un nuevo amor político en su franja ideológica: Podemos. Para el coordinador de IU Andalucía este 2018 es «el año»: El de la consumación de esa relación cara a las elecciones andaluzas y municipales de 2019 y se marca de plazo el verano para concretar un proyecto por el que decidió no abandonar la política tras superar un cáncer.

Una alianza ampliada a asociaciones y agentes sociales de izquierdas con el objetivo de construir una alternativa «posible» al PSOE para desbancarle o persuadirle de hacer otra política. En definitiva, que la alternativa a Susana Díaz no sea el «trípode» de la derecha del PP de Juanma Moreno con Ciudadanos o la continuidad del partido naranja con el PSOE. Este es el mensaje que lanzó ayer a varias decenas de militantes en la cumbre de las 350 asambleas locales convocadas en Sevilla, un encuentro que sirve de pistoletazo de salida a la ofensiva que este profesor de Latín nacido en Lucena hace 50 años se propone llevar a cabo en los próximos meses para convencer a «todo el que se mueva a la izquierda del PSOE» sobre la llamada -aún sin nombre- candidatura de confluencia.

El encuentro tuvo el fin de movilizar a las bases de IU, pero también de convencerles que el viaje de la confluencia no restará visibilidad a la marca con semilla en el Partido Comunista. Maíllo parte con la tranquilidad de haber consolidado su liderazgo en Izquierda Unida Andalucía con el porcentaje de apoyo más alto de su historia, pese a lo cual puso oído al aldabonazo del sector crítico, que en la asamblea de octubre lideró José Luis Pérez Tapias, del peligro de caer en la invisibilidad en la confluencia con Podemos. Él mismo reconoció en aquella asamblea de octubre que no quiere repetir el modelo de Unidos Podemos, en el que IU y su peso histórico han quedado relegados por el protagonismo de los nuevos dirigentes morados.

IU sitúa en Semana Santa un acuerdo sobre las municipales

Su equipo de dirección, al mando de Javier Camacho, secretario de Organización, lleva semanas trasladando a las bases que hay que trabajar en serio por lo que en IU llaman unidad popular, aunque se rechace que este sea el nombre con el que quieran concurrir a las elecciones. También se rechaza en IU el de Marea Andaluza que han registrado afines a Teresa Rodríguez. Los mensajes de Camacho en cada reunión con las coordinadoras provinciales son muy contundentes en que, de haber un acuerdo con Podemos, «será de igual, donde nadie será más importante que nadie». ¿El nombre?, ya lo decidirán entre todos.

Rivalidad soterrada

Este mensaje tiene encaje en una estrategia visible desde hace meses en IU respecto a las relaciones con Podemos en Andalucía: Hay una rivalidad entre ambas formaciones apenas perceptible. La relación de Maíllo con Teresa Rodríguez sigue siendo el pegamento del proyecto. Sin esa sintonía mutua hace tiempo que la confluencia se hubiera ido al traste. Es lo que permite que los grupos parlamentarios trabajen en paralelo en numerosos temas, aunque a veces discrepen en el voto.

Hay otra realidad que escuece a la vieja IU. Podemos ha atrapado la atención mediática de asuntos que Izquierda Unida lleva defendiendo toda la vida en Andalucía. Como ejemplos sirvan el 4D con la reivindicación de hacer justicia a la muerte de Manuel José García Caparrós y la defensa de Doñana frente a los pozos de gas en su entorno. Podemos, es decir Teresa Rodríguez, cogió la bandera de ambos asuntos hace un año con tanta repercusión que hasta el PSOE ha acabado alargando la mano al mástil para no quedar descolgado. IU se ha apresurado a poner en valor que son diputados de su formación los que llevan años pleiteando por ambos temas en el Congreso y Bruselas.

Y en esa ofensiva sutil, el papel de Antonio Maíllo es clave. Su nuevo equipo, con Camacho, Pedro Ortega y Ernesto Alba, secretario general del PCA, en el núcleo de estrategia y decisión, trabaja para que el liderazgo de Maíllo vaya más allá de IU y se le vea como el impulsor y protagonista máximo del proyecto de la confluencia. Un papel que puede tener fácil dada la situación compleja de Teresa Rodríguez en Podemos. La diputada gaditana es fuerte en Andalucía, pero mantiene un pulso con la dirección nacional que no se sabe cómo acabará. Se conoce, además, que Maíllo mantiene una buena relación con Pablo Iglesias, con el que se suele mensajear.

Se trata de una estrategia de dar visibilidad a IU, pero sobre todo a su líder en Andalucía. Se vio con el 4D, cuando logró reunir a las hermanas de García Caparrós y la diputada por Málaga, Eva García Sempere, para informar de los papeles de la comisión que investigó la muerte del malagueño en la manifestación por la autonomía de Andalucía en 1977. Había un representante de Podemos, pero sin protagonismo. Y se ha visto este viernes cuando Maíllo participó, junto a ecologistas de la plataforma 'Salvemos Doñana', en la entrega de 197.000 firmas recogidas para frenar los pozos de gas.

Viaje a Madrid

También estaba Teresa Rodríguez, pero hace unos meses ella parecía la impulsora de la reivindicación y Maíllo un invitado más. Ahora no después de que el coordinador de IU ha logrado la complicidad del Defensor del Pueblo andaluz, Jesús Maeztu, para defender juntos en Bruselas que el Gobierno destierre el proyecto de los pozos de gas en Doñana. Este asunto centrará su discurso político este semestre.

El trabajo de proyección de Maíllo incluye el foco nacional. El coordinador andaluz tendrá presencia en Madrid, en entrevistas televisivas y encuentros con periodistas, como el pasado año hizo Podemos con Teresa Rodríguez. En esta proyección le favorece que sea reconocido como el gran censor de las políticas de Susana Díaz. Aún coincidiendo con Teresa Rodríguez en el fondo, la forma es distinta, con un relato más coherente, hasta el punto que si alguna intervención se prepara a conciencia la presidenta es la respuesta que ha de darle al portavoz de IU en las sesiones de control.

En estas Maíllo ha apostado por un tema recurrente en la derecha para erosionar al PSOE en Andalucía: el paro. Y lo hace para bajar la moral de Susana Díaz cuando se cuelga medallas de la creación de empleo en esta comunidad al recordarle la precariedad de los nuevos empleos y cómo se está consolidando y aceptando una nueva clase social, la de trabajadores pobres.

Pero ese liderazgo más allá de IU en el que trabaja pasa por llevar a buen puerto la confluencia. El primer escollo para salvar el proyecto está en las candidaturas municipales. Maíllo sitúa en Semana Santa el plazo para un acuerdo. IU parte con cierta ventaja, con 80 alcaldías, 27 cogobiernos, 1.024 concejales y una estructura sólida en todo el territorio, sobre todo en el interior. Podemos tiene la dificultad de poner orden primero en las candidaturas que concurrieron con el oxígeno de Podemos pero de forma independiente, algunas ya incluso están fuera de sus círculos e influencia. Para las autonómicas, Podemos cuenta con mayor capital, 15 diputados frente a 5 de Izquierda Unida. Maíllo busca compensar una con otra para que el acuerdo de la nueva alianza sea entre «iguales».

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