Almonte: claves del «doble crimen salvaje» que acaba sin un culpable

Marianela Olmedo (i), mujer y madre de las víctimas del doble crimen de Almonte./EFE
Marianela Olmedo (i), mujer y madre de las víctimas del doble crimen de Almonte. / EFE

El TSJA confirma la sentencia absolutoria para el único acusado, F.J.M., por la muerte de una niña y su padre

REDACCIÓN

La noticia se ha conocido este 1 de febrero: el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirma la sentencia absolutoria por el doble crimen de Almonte. Se confirma la sentencia de la Audiencia Provincial de Huelva que absolvía a F.J.M. de dos delitos de asesinato por el doble crimen de Almonte en abril de 2013, en el que murieron una niña de 8 años y su padre. Así se recoge en una sentencia de la Sala Civil y Penal del TSJA, que desestima los recursos presentados por el ministerio fiscal y la acusación particular, en los que solicitaban la nulidad de las actuaciones y la celebración de un nuevo juicio por falta de motivación del veredicto.

Declaraciones durante el juicio

El Jurado popular consideró no culpable al único acusado del asesinato de un hombre -compañero de trabajo y marido de su novia- y su hija de 8 años ocurrida el 27 de abril de 2013, en una vivienda de Almonte, en el que -según la investigación- al menos una persona asestó múltiples cuchilladas a ambos, lo que provocó ambas muertes. La Audiencia Provincial de Huelva dictaría sentencia absolutoria.

En aquel juicio de septiembre de 2017, el equipo de Homicidios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ofreció una espeluznante y detallada descripción del ataque a las víctimas del doble crimen: «se produjo en apenas 10 minutos entre las 21:52 y las 22:02 horas» del 27 de abril de 2013. Durante su declaración en el juicio, precisaba el jefe del equipo de la UCO que a este extremo se llegó a través de los registros técnicos de las llamadas realizadas por los vecinos de las viviendas colindantes en las que alertaban, como declararon en sede policial, de «una pelea y gritos» en la casa de los fallecidos. Aquél sábado, día de los hechos, era un día especial en Almonte: era la jornada de la Sabatina, con los bares del centro llenos y miles de fieles acercándose a la iglesia de la Asunción para ver a la Virgen. Fue la noche elegida por el asesino para matar a Miguel Ángel Domínguez y a su hija María.

El representante de la UCO contó en el juicio los 14 meses de investigación desde los inicios hasta que se produjo la detención del acusado F.J.M. (hoy absuelto) e hizo referencia a varias líneas de investigación abiertas que se centraron en otras personas como posibles responsables de los hechos, pero que finalmente fueron descartadas.

No fue hasta septiembre de 2013, cuando deciden reabrir una línea de investigación sobre el entorno profesional del fallecido Miguel Ángel Domínguez, cuando se les informa de que una persona había visto al acusado fuera del supermercado, en el que eran compañeros, fuera de su horario laboral.

«Pudimos constatar que no se equivocaba», dijo, fijando el tramo de hora en el que fue visto entre las 21:01, instante en el que hay una imagen de la cámara de vigilancia del supermercado en la que se ve al acusado saliendo de la línea de caja y las 21:15 horas; después ningún compañero recuerda haberlo visto salir del supermercado junto con ellos. El auto de la Audiencia Provincial de Huelva determinó que la noche del 27 de abril, F.J.M. accedió al piso que habitaban la hija y el todavía marido de su novia, Marianela Olmedo. Ésta, que ejerció la acusación particular desde su detención, se había separado de Miguel Ángel y no convivía desde días antes del crimen

Sobre cómola Guardia Civil llegó a encontrar los restos de ADN del acusado en unas toallas encontradas en la vivienda en la que sucedieron los hechos, ha precisado que «los especialistas consideraban que ante lo sangriento del crimen tenía que haber algún tipo de resto biológico en la escena del crimen», si bien en un primer momento no se hallaron. Por ello, se solicitó una segunda inspección ocular de la vivienda en la que «se recogieron una serie de elementos que, en principio, se habían dejado en ella como esas toallas -aparentemente limpias- si bien tras analizarlas tampoco se encontraron restos».

El auto de la Audiencia Provincial de Huelva, el procesado sorprendió a su víctima al salir de la ducha y le asestó puñaladas por todo el cuerpo con un cuchillo. El ataque comenzó en un pasillo y siguió en la habitación de matrimonio. 47 heridas. Su hija, María, de 8 años, estaba en la habitación de matrimonio cuando el atacante apuñalaba a su padre. La niña consiguió escapar, pero lejos de huir hacia la calle entró en la cocina y cogió un cuchillo. Corrió hacia su habitación y se refugió allí. El asesino no estaba dispuesto a dejarla con vida. Asestó a la niña -según el relato de la Audiencia- múltiples cuchilladas en el cuerpo, causándole 104 heridas.

La Guardia Civil mandaría muestras de ADN de personas del entorno de las víctimas para que pudieran ser cotejadas con las obtenidas en las toallas «dando positivo» la del único acusado; «era un ADN repetitivo, no algo casual, presente en varias estancias de la casa». Señalaba la UCO que «no les resultó raro» que siendo el «escenario salvaje», según él mismo ha referido, no se encontraran más restos biológicos del acusado ya que entiende que eso denota que la persona que lo hizo «iba bien protegida y preparada». Sobre el móvil señalaban que «a simple vista se veía que era un móvil pasional por la cantidad de puñaladas innecesarias y el ensañamiento totalmente gratuito, para matar a dos personas no hace falta esa sangría».

El fiscal del caso, en su escrito de acusación, añadiría un detalle más de relevancia: el móvil para perpetrar los crímenes estuvo en «los celos». F.J.M., según su pareja, era un hombre controlador y celoso, con inquina hacia Miguel Ángel Domínguez compañero de trabajo y marido de su novia.

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