Diario Sur

Un sistema maduro, destinado a mejorar

El punto de partida es evaluar si el sistema de universidades andaluz ha respondido a la tarea encomendada, cómo se ha financiado y después, mirar al futuro, a qué modelo se quiere ir y cómo pagarlo.

Para Arellano el andaluz es ya un sistema maduro, en el que la última universidad creada, la Pablo de Olavide, tiene 20 años, que ha seguido una implantación territorial, para acercar los centros académicos al territorio, y que ha tomado una dimensión considerable: más de 200.000 estudiantes, hasta 250.000, entre grados y masters. «La lógica provincial ha funcionado de manera correcta, con niveles de calidad bastante aceptables», considera, y es un sistema «accesible, donde prima la igualdad de oportunidades, la libertad de cátedra, con una calidad homologable con las del mundo, a pesar de que se partía de un notable atraso, que ha respondido de manera adecuada al reto de que la investigación conectara con el sector productivo».

En esta línea, el consejero se plantea como actuación de futuro «continuar la senda, mejorar la excelencia y, de acuerdo con lo que plantea el Espacio Europeo de Educación Superior, ser un sistema de formación orientada hacia las personas», es decir, lograr algo más que formar para presentarse a unas oposiciones o desempeñar un empleo: desarrollar «capacidades transversales», ser capaz de trabajar en equipo, tener idiomas, experiencia internacional, y lograr unas «universidades cada vez más investigadoras, más conectadas con un sector productivo que a su vez es cada vez mas maduro y capaz de definir qué quiere». En cuanto a titulaciones, el modelo actual cuenta con unos 400 grados y 500 másteres, una cifra en línea con otras universidades «razonable» para el consejero, que están ahora en un proceso de evaluación, o «reacreditación».