Diario Sur

La financiación de las universidades andaluzas primará la excelencia

El consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano, con el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez.
El consejero de Economía y Conocimiento, Antonio Ramírez de Arellano, con el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez. / Efe
  • El consejero Ramírez de Arellano plantea un nuevo modelo que sustituirá los contratos-programa y reducirá la burocracia

La Consejería de Economía y Conocimiento planea un nuevo modelo de financiación de las universidades andaluzas, basado en la excelencia. El titular del departamento, Antonio Ramírez de Arellano, explica que una vez resuelto el gran atasco de los impagos de la Junta de Andalucía a las instituciones académicas se impone «implementar un nuevo sistema, que aprenda del que queremos cambiar y que garantice y mejore la certidumbre de las universidades».

Arellano explica que el nuevo esquema parte del «análisis de las características, bondades, debilidades y fortalezas, del modelo anterior. El consejero aborda esta tarea tras un ejercicio, el último, «dedicado a resolver los problemas urgentes, que tenían que ver con la vida cotidiana de las universidades sobre todo el hecho, no deseable, de que la deuda que mantenía la Junta no fuera finalmente financiada por los proveedores, por los retrasos en pagos».

Los déficits ya están corregidos, las universidades están «al día en el pago de proveedores, con fechas ciertas y compromisos ciertos de pago». Arellano atribuye los problemas de tesorería a la crisis y los recortes del Gobierno de España y asegura que «las nuevas obligaciones se cumplen de manera inmediata, de acuerdo con la ley vigente. Hemos reducido deuda a cantidades razonables». De un histórico de 300 millones, ahora está en torno a 220.

«Es deuda cerrada, de anualidades anteriores», explica el consejero. «La idea es que forme parte de las consideraciones del nuevo modelo», ya que «si se pagara ahora esos 220 millones las reglas actuales de control del gasto y estabilidad presupuestaria les impedirían gastarlo, porque sería un remanente que la ley prohíbe usar».

La intención de la consejería es «acompasarlo con nuevas necesidades de gasto» y con la evaluación continua del modelo.

Ramírez de Arellano hace notar que «son cantidades muy relevantes» y da la cifra de 15.000 millones de euros que se han transferido al conjunto de las universidades de diez años, que alcanza los 18.000 millones otros conceptos, en especial las matrículas recaudadas.

Cambio para el futuro

Además, el consejero, y ex rector de la Universidad de Sevilla, se propone un cambio esencial para el futuro y que se vincula con la reducción de la burocracia y la simplificación de los trámites. «Mucho de ese dinero ha ido por vía subvenciones y eso tiene dos problemas, la lentitud de la tramitación de las propias subvenciones y la justificación, que requiere unos plazos muchas veces no adecuados. Dedicamos una enorme cantidad de tiempo a justificar la legalidad en vez de la eficacia de los gastos. Debemos intentar, en funciones esenciales, que tengan más certidumbre, que haya una combinación adecuada de transferencias, acordadas con ellas en los usos, y subvenciones y que sean competitivos».

En el nuevo modelo vinculado a la excelencia, el consejero explica sus puntos de partida: «Nos planteamos que el nuevo modelo disponga suficientes recursos y las universidades puedan abrir todos los días para sus misiones fundamentales, docencia, investigación y transferencia de conocimiento. Y que exista en lugar de un contrato-programa muy complejo, que limitaba la certidumbre, que suponía que hasta mediado de cada año no se sabía los recursos con que se iba a contar, porque había que evaluar todos los indicadores del contrato programa. Pues en lugar de eso -continúa- queremos contar con un conjunto de planes de apoyo y excelencia acordados con las universidades que permitan apostar por cuestiones estratégicas. Por ejemplo, internacionalización, implicando movilidad, conocimiento de idiomas, erasmus, etc.; programas de atracción de talento, de mejoras de las infraestructuras, de la mejora de visibilidad de la producción científica, etc.».

Estos programas serán «evaluados con indicadores sencillos, para ir implementando poco a poco de acuerdo con las universidades e intentando minimizar la burocracia».

De este modo, una parte de su financiación tendrá carácter competitivo, relacionado en una parte fundamental con el PAIDI (Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación) que está integrado por fondos competitivos, en su mayor parte europeos.

El esquema de financiación de las universidades andaluzas del futuro inmediato, resume el consejero, «estará compuesto por esa financiación generalista, que permite abrir, y de manera singular incluiremos apoyo para el investigador; dinero para la investigación, desarrollo e innovación competitiva y una tercera parte de infraestructuras, que será mediante un análisis singularizado de cada universidad y pactando estrategias a largo plazo». No tiene sentido, reflexiona, convocar subvenciones competitivas para infraestructuras, porque «no hacen más falta a unos que a otros». Se tratará en cambio de elaborar un plan para llevar a cabo las necesarias en cada campus.